El lenguaje del amor

¿En qué se distingue un fugaz flechazo de un amor eterno? Antiguas investigaciones apuntaban a que las parejas de mayor éxito eran aquellas en las que sus miembros compartían intereses, valores y rasgos de personalidad. Un trabajo publicado en Psychological Science propone que la más simple de las palabras que usan los tortolitos para hablarse también marca la diferencia, ya sea para determinar su grado de atracción como para conocer la probabilidad de que permanezcan juntos. James Pennebaker y sus colaboradores de la Universidad de Texas, en Austin, grabaron conversaciones de 40 hombres y 40 mujeres mientras tomaban parte en una sesión de citas románticas rápidas en la que cada participante hablaba con 12 desconocidos del otro sexo, dedicándole cuatro minutos a cada uno. A continuación, los sujetos valoraron los encuentros basándose en cuánto les parecía tener en común, y si deseaban volver a ver a la otra persona. Por su parte, Pennebaker analizó las conversaciones de los participantes según su forma de usar pronombres, artículos y otras partículas gramaticales («él», «esto», «y», «como», «ser»…). Esas palabras funcionales se utilizan en casi todos los contextos, y se procesan de forma rápida e inconsciente [véase «Eres lo que hablas», por Jan Dönges; Mente y cerebro, n.o 43].
Pennebaker observó que las parejas que empleaban palabras funcionales similares con una frecuencia parecida tenían mayor probabilidad de querer volver a verse, con independencia de lo que creyeran, a nivel consciente, que tenían en común. En un estudio de seguimiento, el investigador comparó el lenguaje empleado por 86 parejas estables. Para ello se sirvió de muestras de mensajes escritos breves. Descubrió que cuanto más concordaban sus palabras funcionales, más probable era que siguieran juntos al cabo de tres meses, con independencia de lo felices que aseguraran ser en su relación en el momento del estudio. No obstante, la gran pregunta es si las personas se sienten más alineadas con quienes hablan como ellas, o si adaptan su forma de expresarse a la de los individuos que les gustan. Pennebaker admite que ambos casos son posibles, aunque cree que la fuerza motriz reside en la segunda causa: el lenguaje pronostica el éxito de la relación porque refleja lo bien que cada uno escucha al otro. ¿Cuál es, pues, el consejo de Pennebaker para vivir feliz y para siempre con la persona amada? «Préstele más atención», receta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *