“El humorista del silencio”

¿Por qué hay aire acondicionado en el microcine de la ex confitería Münich,? Es inevitable preguntárselo después de haber atravesado la ciudad con 35 grados, bajo tierra, en el subte infernal sin ventilación ni –por qué no imaginarlo– aire acondicionado. Pero acá en el microcine sí hay aire y quizás es una injusticia. O no, quizás es una antinomia falaz, algo así como “Alpargartas sí; libros (acondicionados), no. Hasta que uno decide que el hedonismo es mejor que el soliloquio berreta y que ese aire es una bendición, la frutilla de ese postre delicioso que, sospechamos, es Guillermo Mordillo. Porque sus historietas hacían reír cuando uno era chico, antes de saber que era uno de los mejores humoristas gráficos del país. Sin diálogos creaba y ¡crea! escenas cargada de detalles y personajes, como una película muda. Se exhiben varias reproducciones gigantes en el piso de arriba y hay que ir a verlas.

Juan Acosta, que hace las veces de entrevistador, lo define como “el humorista del silencio”. Es una buena frase, aunque Mordillo es mucho más. El propio artista lo explica: “Yo no puedo superar la expresividad de esos dibujos. Hablan mejor que yo”. Habla bajito Mordillo: mejor, hay que enfocar los sentidos. Cuenta que su color preferido es el gris porque, como él, intenta adaptarse a los demás colores. Acosta celebra la metáfora, pero un grupo de señores y señoras, con pocos años menos que Mordillo, dicen –indignados– que “momentito, que acá no se escucha nada”. Las quejas se multiplican: quieren escuchar. El problema es evidente, pero igual lo explican: no hay micrófonos. En realidad, ambos llevan un micrófono corbatero “porque ésta es una entrevista para televisión”. Así que todos los que hasta allí llegaron son meros extras de Ciudad Abierta.

En cualquier caso, no hay micrófonos que sirvan, pero ¡Aleluya! sí hay aire. Hasta que uno de los organizadores sugiere, para calmar a las señoras iracundas, que apaguen el ruidoso aire. Y lo hacen. Acosta distiende con un chiste: “es normal que no lo escuchen, si es el humorista del silencio”.
Y Mordillo dice que se fue de la Argentina en el 55 con la mentalidad del hincha de Ferro (a jugar). Que su mejor dibujo está por venir y que a los 80 descubrió los marcadores que antes le regalaba a sus nietos. Que todo se trata de ganas. Que vino al mundo con un lápiz en la mano y que por eso el parto fue complicado. Que la factoría Disney lo ametralló de dibujos y de arte. Que a él le gustaba jugar a la pelota con Juan Carlos Copes, que está acá, igual que Garaycochea y Sendra. Y se emociona. Hace calor, qué importa.

 

Un piquete cultural

“No somos chorros, no somos criminales. Nosotros somos Premio´Municipales”. Así sin “ese” y sin una rima lograda cantaban el martes un centenar de artistas plásticos, escritores de teatro, poetas y novelistas frente al ministerio de Cultura porteño. También había músicos, pero ninguno ayudaba a armonizar la melodía. Al fin de cuentas no era lo importante, lo relevante era la protesta. Por eso, llevaban una pancarta que dejaba en claro cuál era su principal reclamo: “Premiados sin Premio Municipal. Otro año más”. Exigían que el gobierno porteño oficializara sin más dilaciones las designaciones de los primeros, segundos y terceros premios de los bienios 2004/2005 y 2006/2007 de las categorías de Música, Literatura y Teatro de los premios institucionales más importantes que entrega la Ciudad, que ya debían Aníbal Ibarra y Jorge Telerman. Se comunicaron en agosto de 2011, pero nunca llegó el decreto. Son premios con 93 años de historia. Jorge Luis Borges, Roberto Arlt y Alfonsina Storni bañaron de prestigio el galardón.

Leonor Manso, Carlos Chernov, Liliana Heker, Gustavo Ferreyra,  y Vicente Battista, ganadores de otros años, también se manifestaron: reclamaban que el subsidio que les correponde por haber sido Primeros Premios se actualizara como indica la ley. El lunes, un funcionario de segunda línea que quería convencerlos de suspender la marcha les preguntó sin ninguna sutileza si les parecía justo que cobraran más que los veteranos de Malvinas. Como no se les ocurrió mejor respuesta, los premiados marcharon y enfilaron para la entrada de Rivadavia del Ministerio. Entonces, un grupo de señores artistas, cortó la calle. Señores y señoras, que en su mayoría pasaban cómodos los 50, los 60 y alguno los 70, hicieron un piquete. Y otra vez volvieron a entonar el canto. Empleados de la dependencia, se asomaban para ver de dónde venían los cantos y los aplausos, el piquete cultural y glamoroso, que por cierto tuvo éxito: todas sus demandas se resolvieron.

 

El fotógrafo de los ricos

El fotógrafo estrella de Magnum, el británico Martin Parr, vino a la Argentina para continuar con una de sus debilidades: sacarles fotos a los ricos para su serie Luxury. Entonces, además de dar una charla en Proa donde dejó en claro que prefiere “fotografiar supermercados que guerras y hambrunas”, fue a retratar la definición del Abierto de Polo. Los que estaban presentes vieron cómo desenfundaba su cámara y disparaba sin inmutarse y sin pedir permiso 1,2,3, 15 fotos a algunos de los espectadores. No llevaba chaleco de fotógrafo, pero cuando lo descubrían y posaban se iba sin apretar el gatillo. El año que viene, dicen, habrá un libro y una muestra. Será en Barrio Parque o en Puerto Madero. ¿Dónde más?

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