El Holocausto de la Alemania nazi

El mayor crimen de la historia conocida
El antisemitismo nazi
Datos y obras sobre el Holocausto

El mayor crimen de la historia conocida

El Holocausto o «solución final», es decir, la fría, deliberada y despiadada determinación de los dirigentes de la Alemania nazi de exterminar a la raza judía ha sido la más dantesca implantación del horror que la mente humana ha podido concebir y una de las páginas más sombrías de la historia de la humanidad.

Las comunidades judías de la diáspora han oscilado, a lo largo del tiempo, entre la tendencia a la asimilación con las lenguas y culturas de su entorno y el deseo de mantenerse fieles a los usos y las creencias de los antepasados. Gracias a esta voluntad, han logrado preservar su identidad y singularidad.

Pero justamente esta singularidad, esta fidelidad a prácticas y cultos distintos de los de las poblaciones circundantes, les hacía aparecer a los ojos de los restantes ciudadanos como un grupo extraño, cerrado, incomprensible. De aquí se derivaban fácilmente sentimientos de rechazo y hostilidad, acentuados, en el cristianismo, por la acusación de «pueblo deicida», porque sus antepasados condenaron a muerte a Jesús, el Hijo de Dios.

Esta animadversión, acentuada en Europa a partir de la época de las Cruzadas, se tradujo en leyes y disposiciones discriminatorias contra los judíos. Se les obligó a vivir en barrios separados (ghettos) y a llevar sobre los vestidos señales que les identificaban como hebreos. Al prohibírseles los oficios laborales normales, se vieron forzados a concentrarse en actividades prestamistas, añadiendo así nuevo combustible a la hoguera de la envidia y del resentimiento de los cristianos. Un inevitable mecanismo psicológico desplazaba sobre las comunidades judías la responsabilidad de las catástrofes naturales, las epidemias y las crisis económicas, y las convertía en fácil blanco de la ira y la frustración populares. Durante la Edad Media fueron frecuentes en toda Europa los estallidos de violencia y las matanzas de judíos. Con el advenimiento de los Estados modernos se avivó el sentimiento antisemita, porque constituían un cuerpo extraño dentro de las sociedades en busca de homogeneidad nacional. Fueron expulsados de Inglaterra en 1290, de Francia en 1394, de España en 1492 y de Portugal en 1496. En el siglo XIX, esta hostilidad difusa subió un nuevo y peligrosísimo escalón al teñirse de xenofobia y racismo.

El antisemitismo nazi

Los sentimientos antisemitas tuvieron un excelente caldo de cultivo en la Alemania derrotada en la primera guerra mundial y encontraron en el partido nacionalsocialista liderado por Hitler uno de sus más duros núcleos de cristalización.

Para el racismo patológico de la Alemania nazi el judaísmo era un bacilo incrustado en el tejido de la raza aria, que debía ser eliminado a toda costa. Esta voluntad de aniquilación fue una de las causas principales del ataque alemán contra Rusia. Se estima que en los seis meses transcurridos desde el estallido de la guerra, en junio de 1941, hasta finales de aquel mismo año, fueron pasados por las armas 500 000 judíos rusos.

El 31 de julio de 1941, el dirigente nazi Hermann Goering mencionó por primera vez a Reinhard Heydrich las palabras fatídicas: Gesamtlösung (solución global) y Endlösung (solución final) para resolver el problema judío. La «solución» consistía en «la eliminación biológica planificada de la raza judía en los territorios del Este».

Las cifras derivadas de esta demencial decisión son aterradoras. De los casi nueve millones de judíos que vivían en los territorios europeos ocupados por las tropas nazis en 1941, en los primeros meses de 1945 habían sido asesinados casi seis millones. Su distribución por naciones ofrece las siguientes cifras:

Polacos 2 600 000

Rusos 750 000

Rumanos 750 000

Húngaros 402 000

Checoslovacos 277 000

Alemanes 180 000

Holandeses 106 000

Lituanos 104 000

Franceses 83 000

Letones 70 000

Griegos 65 000

Austríacos 65 000

Yugoslavos 60 000

Búlgaros 40 000

Belgas 28 000

Italianos 9 500

En el caso francés consta el dato de que al menos 6 000 de los asesinados eran niños menores de seis años.

Curiosamente, los lugares más seguros para los judíos del continente europeo fueron España y Portugal.

Pero más espeluznante incluso que el número de las víctimas fue el método elegido para su eliminación. Tras varios ensayos con prisioneros de guerra, se optó por la eliminación en cámaras de gas mediante zyklon-B. A los condenados se les conducía a estas cámaras -situadas bajo prados de césped esmeradamente cuidados-, asegurándoles que se trataba de instalaciones de baño. Una vez dentro, y herméticamente cerrado el recinto, los vigilantes arrojaban los cristales de zyklon por las chimeneas. Las escenas siguientes eran el horror en su estado más espeluznante. Los desdichados se precipitaban contra la enorme puerta de hierro, gritaban y se aplastaban unos a otros. Al cabo de 25 minutos, bombas aspirantes eliminaban los gases. Luego, grupos especiales limpiaban con mangueras las heces y la sangre y, mediante garfios, separaban el amasijo de cadáveres para iniciar la repulsiva tarea de «recuperación de elementos útiles»: se arrancaban las piezas de oro de las dentaduras y se ponían aparte los cabellos para colchones y la grasa para fabricar jabón. A continuación, los cadáveres eran trasladados a hornos crematorios y los restos calcinados eran reducidos a cenizas, que se arrojaban a la corriente de los ríos. Ocurría a veces que, por las necesidades de ahorro de la maquinaria militar germana, las cantidades de zyklon eran insuficientes para matar a todo el grupo, y los supervivientes eran incinerados vivos.

De Auschwitz dijo Rudolf Hess que era «la mayor instalación de aniquilamiento humano jamás inventada».

¿Tuvo el pueblo alemán conocimiento de esta siniestra actividad de sus dirigentes? Y si lo tuvo, ¿tenía la posibilidad de evitarla, de modo que su pasividad le convertía en cómplice o responsable de este sobrecogedor genocidio? Probablemente, la respuesta a estas preguntas es negativa. Consta que en una reunión con los Gauleiters (gobernadores militares) de los territorios ocupados, el 29 de mayo de 1944, Himmler les advirtió: «Ahora ustedes lo saben todo [sobre el genocidio judío], pero es mejor que se lleven a la tumba este secreto».

Datos y obras sobre el Holocausto

Antisemitismo: Desde tiempos inmemoriales, doctrina hostil a los judíos. La Alemania nazi fue la que llevó más lejos el antisemitismo, pero en todos los países de Europa se produjeron brotes de violencia por esta causa. Son hitos históricos en este sentido la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos en el siglo XV, el «caso Dreyfus» en Francia en el XIX, y el fascismo internacional de la primera mitad del siglo XX.

Auschwitz: (en polaco, Oswiecim). Campo de exterminio nazi, tal vez el más tristemente famoso de la historia del Holocausto. Situado cerca de Cracovia, se han conservado parte de sus instalaciones (cámaras de gas, hornos crematorios, etc.) para que sirvan de ejemplo de los horrores que la humanidad debe evitar.

Baeck, Leo: Rabino, filósofo y teólogo, en 1905 publicó su obra fundamental, Esencia del judaísmo. Años más tarde, fue líder de los judíos alemanes durante la persecución nazi. Sobrevivió a las penalidades del campo de concentración de Theresiendstadt, donde escribió varias obras, como Este pueblo: Israel, el significado de la existencia judía, que recupera la tradición teológico-filosófica de Hermann Cohen, de quien fue discípulo.

Belzec: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. En él, como en casi todos los campos de exterminio, fueron eliminados tanto judíos como eslavos, gitanos, homosexuales, comunistas y enfermos mentales.

Bergen-Belsen: Campo de exterminio nazi situado en el norte de Alemania.

Buchenwald: Campo de concentración nazi situado cerca de Leipzig.

Dachau: Campo de concentración nazi situado en el sur de Alemania.

Diáspora: Dispersión del pueblo judío por todo el mundo, a lo largo de los siglos. Su última manifestación, provocada de modo abrupto y trágico por el Holocausto en Alemania y Europa Oriental, llevó a muchos al Estado de Israel, creado en 1948.

Frank, Anna: Judía holandesa que murió durante la ocupación nazi, a los 16 años y tras haber escrito un conmovedor diario que expresa, desde el inocente punto de vista de una adolescente, la barbarie nazi. El Diario de Anna Frank han tenido millones de lectores.

Ghetto de Varsovia: En 1943, Hitler envió a sus tropas para ocupar la capital polaca, esperando no encontrar resistencia. Sin embargo, con métodos improvisados y apenas armados, los hombres y mujeres del ghetto judío de Varsovia resistieron heroicamente a los ejércitos alemanes durante un mes, lo cual se convirtió en un símbolo de lucha para la futura Israel.

Judaísmo del Holocausto y la Redención: Según Jacob Neusner, tendencia unificadora de los judíos del siglo XX. Por encima de ideologías o variantes doctrinales, están unidos por la experiencia (en carne propia o en la de familiares) del Holocausto nazi y por la Redención, que sería la creación del Estado de Israel.

Kaddish: Oración hebrea en homenaje a los muertos.

Kristalnacht: En alemán, «noche de los cristales», momento en que se llevó a cabo (noviembre de 1938) la quema de sinagogas, tiendas y casas de judíos alemanes.

Levi, Primo: Escritor judeo-italiano interesado en los campos nazis y autor de la conocida novela La tregua.

Madjanek: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. La mayoría de sus víctimas reposan en el cementerio judío de Lublin, junto al cual se erigió la Izba Pamieci (en polaco, Cámara de la memoria), un complejo arquitectónico diseñado por Stanislaw Machnik que recuerda a las víctimas del Holocausto.

Mauthausen: Campo de concentración nazi situado entre Austria y la República Checa.

Psicoanálisis: Escuela de psicología y psiquiatría fundada por Sigmund Freud. Muchos de sus continuadores han sido hebreos y algunos de ellos, como Eugene Heimler, Viktor Frankl o Bruno Bettelheim, fueron supervivientes de los campos nazis, lo cual les hizo desarrollar sus estudios teniendo en cuenta su experiencia en situaciones límite. El psicoanálisis ha sido también una vía de escape para muchos pacientes que conocieron el horror.

Schindler, Oskar: Nombrado por Israel «persona justa» en la década de 1950, Schindler fue un empresario alemán que trasladó sus fábricas a Cracovia y consiguió salvar a cientos de trabajadores judíos de los campos de exterminio. Su figura se hizo célebre a raíz de una excelente película del director de origen judío Steven Spielberg.

Singer, Isaac Bashevis: Escritor polaco que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1978 escribiendo en yiddish, cuando esta lengua estaba prácticamente muerta. Emigrado a Estados Unidos en 1935, conoció en los años siguientes a muchos judíos que huían del Holocausto. Muchas de sus obras hablan del tema con gran lucidez. Su novela póstuma, Sombras sobre el Hudson, es básica para comprender las distintas posturas (sionismo, ortodoxia, comunismo, ultracapitalismo, agnosticismo y ateísmo) que los judíos han adoptado tras el Holocausto: uno de los personajes de la novela, Anna Makaver, afirma:

«-¡Oh, no soporto que me hablen de Dios! Después de lo ocurrido en Europa, me indigna que se pronuncie esa palabra, porque si Dios realmente existe y permitió todo aquello, es aún peor que si no existiera.»

Las obras de Singer son importantes para entender la cultura judaica, tanto la anterior al Holocausto (sus cuentos y leyendas de inspiración jasídica) como la posterior.

Treblinka: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Bielorrusia. En él la resistencia moral judía fue tan enconada que se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha por la dignidad del pueblo hebreo.

Sobibor: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania.

Wiesel, Elie: Escritor que popularizó el concepto de Holocausto (que significaba «sacrificio u ofrenda con fuego») referido a la muerte de seis millones de judíos durante la persecución nazi. Él mismo fue superviviente de un campo de exterminio.

Yad Va-Shem: Instituto de estudios del Holocausto, fundado en 1957 en Jerusalén, con el objeto de recopilar todo lo concerniente a tan trágico hecho de la historia del pueblo judío.

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