El gozo de pertenecer

El tema de nuestra reflexión es un gozo particular: el de pertenecer a Dios y pertenecernos unos a otros en la experiencia comunitaria de la consagración a Dios.
Podemos partir de un intento de definición: el gozo de pertenecer es la sensación positiva y gratificadora que advierte el ser humano en el momento en que se reconoce en una relación interpersonal o en un ideal vivido con otras personas, y se siente, a su vez, acogido-reconocido en una o en otra situación.
Trataremos de comprender, pues, cómo se vive este gozo, descubriendo sus elementos constitutivos (identidad, pertenencia, sentido de pertenencia), mediante un análisis espiritual y psicopedagógico a la vez.

1. De la pertenencia al sentido de pertenencia en la vida consagrada
“Amadísimos hijos, ahora entráis a formar parte de esta familia religiosa, y a partir de ahora lo tendremos todo en común”1.
Así dice el Rito de la Profesión Religiosa. Una fórmula que, en su esencialidad y sencillez, presenta claramente no sólo el efecto jurídico de la profesión perpetua de los votos a nivel de pertenencia (“entráis a formar parte de esta familia religiosa”), sino que indica también su sentido profundo, como un punto de partida y también de llegada (“a partir de ahora lo tendremos todo en común”). Efectivamente, el formar parte de un instituto se convierte en algo pleno y efectivo solamente cuando se da una comunión de vida real, que abarca todos los ámbitos de la existencia; si no, en esa presunta pertenencia hay algo que no es del todo verdadero y auténtico, e incluso algo sutilmente falso y, evidentemente, sin gozo.
¿Cómo alcanzar un auténtico sentido de pertenencia? Es importante comprenderlo, porque el sentido de pertenencia es el fundamento –a su vez– del gozo de pertenecer.

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