El gen destructor

Una nueva variedad de mosquitos transgénicos porta un gen que deja incapacitada su propia descendencia. Podría aniquilar las poblaciones locales de mosquitos e impedir la propagación de enfermedades. Algunos de ellos ya se han liberado al ambiente.

JAMES GATHANY/CDC-PHIL

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Afueras de Tapachula, estado de Chiapas, a 17 kilómetros de Guatemala. Para llegar a las jaulas, seguimos la autopista principal que sale del pueblo y conducimos a lo largo de las plantaciones de soja, coco, plátanos y mangos de color verde oscuro que crecen en el rico suelo volcánico. Tras pasar el diminuto pueblo de Río Florido, la carretera degenera hasta convertirse en un sendero ondulado y polvoriento. Llegamos por fin a un puesto de control de seguridad, ocupado por un guardia. Una señal colocada sobre un alambrado de púas que rodea el complejo muestra un mosquito flanqueado por un hombre y una mujer. En ella se lee: «Estos mosquitos genéticamente modificados requieren un manejo especial. Nosotros jugamos limpio».
En el interior, unos anacardos rodean un grupo de jaulas fabricadas con tela de malla colocadas sobre una plataforma. Las jaulas contienen miles de mosquitos Aedes aegypti (la especie local, más pequeña y silenciosa que el mosquito común que se extiende por Europa y otras regiones). Ofrecen una imagen algo etérea: los rayos de sol se filtran a través de las mallas y crean una luz amarilla resplandeciente. Sin embargo, en el interior de las jaulas los mosquitos transgénicos libran un combate a muerte contra los locales, un «genocidio por apareamiento» intencionado que podría erradicar el dengue, una de las enfermedades más problemáticas y agresivas del mundo.

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