El futuro del chocolate

Para los antiguos mayas representaba el alimento de los dioses. Los cubanos lo usaban como afrodisíaco en el siglo xix. En el siglo xx, la experta culinaria Fannie Farmer lo recomendaba por su efecto estimulante en caso de mala digestión. El cacao, el ingrediente fundamental del chocolate, ha sido muy apreciado a lo largo de la historia, tradición que se ha mantenido hasta nuestros días. Solo el día de San Valentín los estadounidenses gastan unos 700 millones de dólares en chocolate. En Cataluña, se prevé que durante esta Semana Santa se consumirán unos 100.000 kilos de chocolate en forma de monas de Pascua. En todo el mundo, se desembolsan más de 90.000 millones de dólares al año para adquirir esta delicia. Y con el apetito en alza debido al crecimiento de la población y al mayor número de personas en los países en desarrollo, la demanda podría agotar el suministro en un futuro próximo.
Además de satisfacer a los golosos, la producción de chocolate tiene importantes repercusiones: entre cinco y seis millones de cultivadores del árbol del cacao en el trópico dependen de la venta de las semillas para alimentarse a sí mismos y a sus familias. Los trabajadores extraen las semillas (habas) de las mazorcas con forma de pelota de rugby, las hacen fermentar y las secan para hacer licor de cacao, manteca y cacao en polvo. El sustento de otros 40 o 50 millones se basa en la larga cadena de producción que recorre el cacao desde los cultivos hasta las estanterías de dulces. En Costa de Marfil, que produce el 60 por ciento del cacao del mundo, el cultivo constituye un 15 por ciento del PIB y da empleo al 15 por ciento de los hogares.

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