El erotismo ha pasado a ser omnipresente

Tal vez a nadie debería sorprenderle que una novela sobre sexo violento tenga público. La sorpresa es la magnitud de ese público. Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey), de la escritora británica E.L. James, presenta una relación perversa entre Christian Grey, un empresario, y una estudiante universitaria ingenua, Anastasia Steele. La vida sexual de la pareja de ficción –que abunda en accesorios como cadenas y fustas– fascina a los lectores.

La recomendación boca a boca contribuyó a que Cincuenta sombras… y los demás libros de la trilogía tuvieren ventas de más de treinta millones de ejemplares en todo el mundo. En el pasado, ese tipo de novelas habría quedado sepultado en el sector de romance de una librería, pero en la actualidad el contenido erótico emerge en lugares inesperados, y escandaliza cuando lo hace.

El éxito de Cincuenta sombras… genera un debate más amplio sobre el feminismo. Si bien hay quienes critican la representación que hace James de la sexualidad femenina, otros observadores se encogen de hombros ante un personaje que accede a someterse a hombres. «Una mujer tiene derecho a fingir que la viola un pirata si eso es lo que quiere», declaró la escritora Anne Rice a Maureen Dowd, del New York Times. Christian, el magnate, le dice a Anastasia que puede enseñarle «qué placentero puede ser el dolor».

«Lo que me resultó fascinante es que tantas mujeres educadas, inteligentes y con gran diversidad de intereses digan que es lo mejor que han leído», dijo Meg Lazarus, una ex abogada, al New York Times. A medida que el contenido explícito prevalece, los aparatos digitales lo hacen cada vez más fácil de consumir. Las computadoras tablet y los teléfonos inteligentes permiten a los usuarios ver pornografía en cualquier parte, y a veces en presencia de terceros que se sienten incómodos.

Dawn Hawkins, la directora ejecutiva de una organización antipornográfica llamada Morality in Media, se encontró este año en una situación desafortunada en un avión. Estaba sentada cerca de un hombre que miraba mujeres desnudas con látigos en un iPad, informó el New York Times. Cuando ella lo enfrentó, otro pasajero se enojó, pero no con él sino con ella.

«No podía creer que a la gente no le importara que alguien estuviera viendo pornografía en público», declaró Hawkins al New York Times. «No podía creer que la sociedad hubiera llegado a eso».

En un mundo donde el material sexual no se esconde como en las épocas de auge de Playboy, a los padres les preocupa cada vez más la omnipresencia de la pornografía online. Patti Thomson, una madre de Massachusetts, se siente confundida ante las numerosas vías por las cuales los niños pueden toparse con imágenes adultas. Luego de regalar a sus hijos reproductores de música iPod Touch, informó el New York Times, Thomson se los quitó cuando se dio cuenta de que los chicos podían utilizarlos para acceder a Internet y, posiblemente, a pornografía. «Quiero protegerlos hasta que tengan edad para entenderlo», dijo al New York Times.

Otros alientan la apertura. Marty Klein, un terapeuta sexual y de familia de California, recomienda a los padres hablar con los hijos sobre sexo a temprana edad para evitar situaciones incómodas más adelante. «No vamos a volver a 1950», señaló al New York Times, «a un mundo sin celulares ni aplicaciones».

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