El drama de la droga y el narcotráfico

 

 

SÍNTESIS DE LA PRESENTACIÓN DE LA             DECLARACIÓN
            DE LOS OBISPOS ARGENTINOS
            EN EL MARCO DE LA 106º ASAMBLEA PLENARIA

“El            drama de la droga y el narcotráfico”

En            conferencia de prensa en la localidad de Pilar, provincia de Buenos            Aires, fue presentada la declaración de los obispos argentinos “El drama de la droga y el narcotráfico”.

La presentación estuvo a cargo del presidente de la             Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de            Santa Fe monseñor José María            Arancedo y del presidente de la Comisión de Pastoral            Social y obispo de Gualeguaychú monseñor Jorge Eduardo Lozano.

“Este tema compete a todas las regiones pastorales del país. Lo            conversamos todos los obispos [a esta Asamblea asistieron 100            obispos de un total de 130, aproximadamente] con mucha            preocupación. Por eso pensamos que es importante asumirlo y            presentarlo en tono de reflexión y expresarlo a través de una            declaración”, abrió monseñor Arancedo            antes de iniciar la lectura del texto. “Lo vamos a leer con            monseñor Lozano,            presidente de la             Pastoral Social y que trabaja de modo particular            el tema de adicciones, droga, narcotráfico con diversas comisiones            de la             Conferencia Episcopal ”, resaltó Arancedo.

 
 

 
 

A CONTINUACIÓN            EL TEXTO COMPLETO DE LA DECLARACIÓN:

El drama de la droga y el narcotráfico

Angustias de la sociedad

            1 – La sociedad vive con dolor y preocupación el crecimiento del            narcotráfico en nuestro país. Son muchos los que nos acercan su            angustia ante este flagelo. Nos conmueve acompañar a las madres y            los padres que ya no saben qué hacer con sus hijos adictos, a            quienes ven cada vez más cerca de la muerte. Nos             quedamos sin palabras ante el dolor de quienes lloran la pérdida de            un hijo por sobredosis o hechos de violencia vinculados al            narcotráfico.
            2 – Sabemos que este problema es un emergente de la crisis            existencial del sentido de la vida en que está sumergida nuestra            sociedad. Se refleja en el deterioro de los vínculos sociales y en            la ausencia de valores trascendentes.
            3 – Cuando este mal se instala en los barrios destruye las            familias, siembra miedo y desconfianza entre los vecinos, aleja a            los chicos y a los jóvenes de la escuela y el trabajo. Tarde o            temprano algunos son captados como ayudantes del “negocio”. Hay            gente que vende droga para subsistir, sin advertir el grave daño            que se realiza al tejido social y a los pobres en particular.
            4 – Es alarmante la expansión de las llamadas drogas sintéticas,            que se distribuyen en diversos espacios festivos, y nos duelen las            conductas autodestructivas en adolescentes o jóvenes que consumen            diversas sustancias.
            5 – Lo que escuchamos decir con frecuencia es que a esta situación            de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de            algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de            fuerzas de seguridad, funcionarios de la justicia y políticos            colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la            confianza y desanima las expectativas de cambio. Pero también es            funcional y cómplice quien pudiendo hacer algo se desentiende, se lava            las manos y “mira para otro lado”.

Necesidad de medidas urgentes

            6 – La Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación            de difícil retorno. Si la dirigencia política y social no toma            medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar            estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio. Es cierto            que el desafío es enorme y el poder de corrupción y extorsión de            los grupos criminales es grande. Pero no es verdad que “nada se            puede hacer”.
7 – La complejidad de este tema es tal que solo será abordado            eficazmente por medio de amplios consensos sociales que deriven en            políticas públicas de corto, mediano y largo alcance. Pero            perseguir el delito es tarea exclusiva e irrenunciable del Estado.            Recogemos también la preocupación por la desprotección de nuestras            fronteras, y por la demora en dotar de adecuados sistemas de radar            a las zonas más vulnerables.
            Lamentamos que el organismo del Estado dedicado a coordinar las            políticas públicas en esta materia (SEDRONAR) lleve tantos meses            sin tener su responsable designado.

Pasión por el bien

            8 – Muchos centros educativos, clubes barriales y diversas ONG            colaboran en la educación, prevención y asistencia a las víctimas.            Reconocemos gratamente la ardua tarea que se desarrolla desde la            Iglesia implementando en las diócesis la pastoral de adicciones,            promoviendo la contención de familias, el acompañamiento y la            reinserción social de los adictos. Valoramos de corazón el            esfuerzo, la dedicación y la entrega de tanta gente generosa que            colabora en comunidades terapéuticas. No obstante, como obispos            somos conscientes de que no hemos sido suficientemente eficaces en            promover una pastoral que convoque y contenga a los adolescentes y            jóvenes. A su vez, seguimos alentando la creación de centros de            asistencia para quienes sufren la esclavitud de la adicción y les            cuesta salir.
            9 – Esta situación está dejando un tendal de heridos que reclaman            de parte de todos compromiso y cercanía. Jesús nos pide que nos            inclinemos ante quien sufre y que tratemos con ternura sus heridas.
            10 – San Pablo nos enseña a “tener horror por el mal y pasión por            el bien” (Rm 12, 9). Por eso no debemos quedarnos solamente en            señalar el mal. Alentamos en la esperanza a todos los que buscan            una respuesta sin bajar los brazos:
               A las madres que se organizan para ayudar a sus hijos.            
               A los padres que reclaman justicia ante la muerte            temprana.
               A los amigos que no se cansan de estar cerca y de            insistir sin desanimarse.
               A los comunicadores que hacen visible esta            problemática en la sociedad.
               A los docentes que cotidianamente orientan y contienen            a los jóvenes.
              A los sacerdotes, consagradas, consagrados y laicos que en            nuestras comunidades brindan espacios de dignidad humana.
               A los miembros de fuerzas de seguridad y funcionarios            de otras estructuras del Estado que aún a riesgo de su vida no se            desentienden de los que sufren.
               A todos los que resisten la extorsión de las mafias.

Que no nos roben la esperanza

            11 – Es perverso vivir del sufrimiento y de la destrucción del prójimo.            Por eso anhelamos una justicia más eficiente que erradique sin            demoras la             impunidad. Al mismo tiempo no dejamos de pedir la            conversión de los traficantes.
            12 – A cada uno de los que han caído en la droga, le decimos con el            Papa Francisco: “Puedes levantarte, puedes remontar; te costará,            pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres. Tú eres el            protagonista de la subida, esta es la condición indispensable.            Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie            puede subir por ti”.
13 – No dejemos que nos roben la esperanza, ni que se la arrebaten            a nuestros jóvenes. Cuidémonos los unos a los otros. Estemos            particularmente cerca de los más frágiles y pequeños. Trabajemos            por una cultura del encuentro y la solidaridad como base de una            revolución moral que sostenga una vida más digna.

            Que el Señor nos ilumine y la Virgen de Luján nos ayude a cuidar el            presente y el futuro de la Nación.

106° Asamblea Plenaria
            Pilar, 7 de noviembre de 2013

 
 

 
  “Esta            problemática no está localizada en una región, sino en todo el            país. La droga se ha instalado y el narcotráfico está presente”,             afirmó Arancedo al            concluir la lectura de la declaración.

            Ante la consulta sobre la postura del episcopado sobre la despenalización del consumo de            drogas, respondió Lozano:             “Hace unos meses, con la Comisión de Drogadependencia hicimos una            declaración que se titula ‘No            criminalicemos al adicto’. Nosotros entendemos que el            adicto no es un criminal. Merece ser tratado como una persona que            padece una adicción. Los países            que han avanzado en orden a la despenalización sin tener primero            una serie de elementos de contención social que implica atención            médica, psicológica, una serie de promociones de políticas públicas            vinculadas al empleo juvenil y al estudio, lo que han hecho fue            promover más el consumo y crecer en la tolerancia social.            Nosotros no hemos querido abordar la problemática de la            despenalización en este texto en parte porque ya lo habíamos            tratado hace unos meses, y porque quisimos centrarnos en la            expansión del narcotráfico y del delito. Pero esta es nuestra            postura. Los sacerdotes de las villas en una declaración que han            hecho sobre este tema decían que la cuestión de la despenalización            es de las últimas páginas de un libro para escribir y no de lo            primero. Quienes son adictos a determinada sustancia en ámbitos            urbanos de poder adquisitivo medio o alto han comenzado por            consumos recreativos. El consumo            llamado ‘recreativo’ no es como un deporte que uno puede practicar            el fin de semana. El consumo recreativo lleva, tarde o temprano, a            una dependencia química. Ese tema lo abordamos en la            declaración ‘La droga sinónimo de muerte’ ”.

“No deseamos terminar como México”, sostuvo Arancedo y continuó: “y            evidentemente no estamos fuera del mundo. Estamos en este mundo y            en América. Gente de Colombia, de México nos dicen ‘tengan cuidado,            no están como nosotros pero tengan cuidado’. Y ya no somos país de            paso sino de consumo”. En este desarrollo, sumó Lozano: “Corremos el riesgo de            ser una Argentina peor. No sé si como México o Colombia. Lo que            nosotros señalamos aquí es el riesgo de instalar un sistema de            organización social en el cual el narcotráfico tiene una incidencia            muy grande y a otros países que han entrado en situaciones            semejantes les ha costado muchos años y mucha sangre salir            adelante”.

“Nosotros decimos que estamos ante un delito” respondió Arancedo ante la pregunta de si            los obispos notan una ausencia del Estado frente a esta            problemática y agregó: “Y un delito no lo puede combatir un            privado. La sociedad organizada a través del Estado tiene una            responsabilidad primaria. Por lo tanto, no puede haber un            crecimiento de un delito con ausencia de autoridades. Un delito            debe ser asumido políticamente por la sociedad a través de sus            organismos: justicia, fuerzas de seguridad… Uno ve que falta            cuidado en las fronteras, esto nos cuentan los obispos de diócesis            de frontera”.
Sobre este tema, Lozano            agregó: “el control de las fronteras implica varios elementos. Está            el control específico del contrabando, el tráfico de personas,            mercaderías y sustancias ilegales como también los sistemas de            radar y de detección por medios tecnológicos de situaciones de            vuelos clandestinos en distintos lugares del país. Notamos que las            fronteras están más desprotegidas en estas dos situaciones, tanto            de personal especializado como de equipos técnicos que puedan            ayudar a resolver este tipo de problemas. Es probable que estas            situaciones que estamos describiendo tengan que ver con corrupción            de funcionarios”.
 
 

 

 

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