EL DOLOR SALVÍFICO — EL ENFERMO JUNTO A SAN JOSÉ

San José es modelo para todos los hombres: para los solteros, por su castidad; para los casados, como padre de la Sagrada Familia; para los religiosos y apóstoles, por su entrega a Jesús y María; para los sacerdotes por su respeto al tratar a Cristo; para los trabajadores, pues fue siempre un trabajador. Además es el patrono de la buena muerte, ya que murió en los brazos de Jesús y María. 
De él dice Sta. Teresa: “No me acuerdo de haberle pedido cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este santo, los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; mas este glorioso santo tengo experimentado que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hará cuanto le pida”.

“Aunque no hubiera otra razón para alabar a San José, decía San Claudio de la Colombière, habría que hacerlo, me parece, por el solo deseo de agradar a María. No se puede dudar que ella tiene gran parte en los honores que se rinden a San José y que con ello se encuentra honrada. Además de reconocerle por su verdadero esposo, y de haber tenido para él todos los sentimientos que una mujer honesta tiene para aquel con quien Dios la ha ligado tan estrechamente, el uso que él hizo de su autoridad sobre ella, el respeto que tuvo con su pureza virginal le inspiró una gratuidad igual al amor que ella tenía por esta virtud y, consiguientemente, un gran celo por la gloria de San José”.

Y San Bernardino de Siena: “Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de ella una especial gratitud y reverencia”.

LOS DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

1. Casto esposo de María Santísima, glorioso San José: Por el dolor que tuviste ante la duda de tener que abandonar a tu querida esposa, y por el gozo que te causó la revelación, por el ángel, del misterio de la Encarnación; te suplico me alcances dolor de mis juicios temerarios e indebidas críticas al prójimo, y el gozo de ejercer la caridad viendo en él a Cristo. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

2. Feliz patriarca, padre adoptivo del Verbo humanado, glorioso San José: Por el dolor que te conmovió viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y por el gozo que te inundó al verle cantado por los ángeles y adorado por los pastores; te suplico me alcances dolor de mis codicias y egoísmos, y el gozo de servirle con pobreza y humildad. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

3. Obediente ejecutor de las leyes divinas, glorioso San José: Por el dolor que te produjo en la circuncisión ver derramar la primera sangre al Mesías, y por el gozo que sentiste al oír su nombre de Jesús, Salvador; te suplico me alcances dolor de mis vicios y sensualidades, y el gozo de purificar mi espíritu practicando la mortificación. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

4. Fiel santo, partícipe en los misterios de nuestra redención, glorioso San José: Por el dolor que te traspasó al escuchar en la profecía de Simeón lo que había de sufrir Jesús y María, y por el gozo que te llenó al saber que sería para la salvación de innumerables almas; te suplico me alcances dolor de haber crucificado a Cristo con mis culpas, y el gozo de llevarle los hombres mediante mi ejemplo y mi palabra. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

5. Vigilante custodio del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José: Por el dolor que te angustió al saber que Herodes quería matar al Niño, y por el gozo que te confortó al huir con Jesús y María a Egipto; te suplico me alcances dolor de mis pecados de escándalo, y el gozo de apartarme de las ocasiones de ofender a Dios. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

6. Angel de la tierra, que tuviste a tus órdenes al Rey del cielo, glorioso San José: Por el dolor que te infundió el temor de Arquelao, y por el gozo con que te tranquilizó el ángel, de volver a Nazaret; te suplico me alcances dolor por mis cobardías de respetos humanos, y el gozo de confesar a Cristo en toda mi vida pública y privada. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

7. Modelo de toda santidad, glorioso San José: Por el dolor que padeciste al perder, sin culpa, durante tres días al Niño, y por el gozo que experimentaste al encontrarlo en el templo entre los doctores; te suplico me alcances dolor cada vez que por mi culpa pierda a Cristo, y el gozo de vivir siempre en gracia y morir felizmente, bajo tu patrocinio en los brazos de Jesús y María, para cantar eternamente sus misericordias. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

Ruega por nosotros San José.

Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos: Oh Dios, que con inefable providencia dignaste elegir a San José para esposo de tu Madre Santísima: te rogamos nos concedas que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle por intercesor en el cielo: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

 

SÚPLICAS A SAN JOSÉ

De los males que nos amenazan, libra nuestras familias.
De las discordias y disputas, libra nuestras familias.
De las enfermedades y aflicciones, libra nuestras familias.
De la tristeza y desesperanza, libra nuestras familias.
Del espíritu mundano, libra nuestras familias.
De la ausencia y el abandono de los padres, libra nuestras familias.
De la ruina del matrimonio, libra nuestras familias.
De las costumbres escandalosas, libra nuestras familias.
De la indiferencia religiosa, libra nuestras familias.
De la liviandad y el deshonor, libra nuestras familias.
De las amistades peligrosas, libra nuestras familias.
De la falta de amor, libra nuestras familias.
De las incomprensiones y falta de diálogo, libra nuestras familias.
De la desunión y separaciones, libra nuestras familias.
De los pecados contra la vida, libra nuestras familias.
De la falta de fe, libra nuestras familias.
De las dificultades materiales, libra nuestras familias.
De la falta de pan y de casa, libra nuestras familias.
De las enfermedades y desgracias, libra nuestras familias.
De la muerte eterna, libra nuestras familias.

Ruega por nosotros, oh San José.

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oremos:

Dios de bondad y misericordia, por intercesión de San José, salva nuestras familias, haz que vivan unidas y firmesen el amor. Así como las uniste en vida por la sangre, tu bondad las reúna por la caridad en el Reino eterno. Amén.

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