El Diablo y la Corte Infernal

Durante más de dos mil años, en Occidente, se ha presentado y personificado a la quintaesencia del mal en «el Diablo», el enemigo por excelencia de la divinidad y de la humanidad. Todo lo negativo se achacaba a esa figura, ya no digamos aquello que presentaba difícil explicación.

En el inconsciente colectivo de Occidente, ha perdurado ese temor atávico. Aún hoy en día, hablar del Diablo genera un malestar difícilmente definible, al margen de una superstición de profundo arraigo y con elementos «jungianos».

De donde surge la figura del Diablo cristiano

Es preciso diferenciar entre la figura cristiana del Diablo y la de Satanás. No se trata de una figura judía tenga que ver con el judaísmo, en relación al papel y funciones adjudicadas. El ángel rebelde, como archienemigo de la divinidad, es figura cristiana no judía.

Es una apropiación sincrética, ese personaje puede haber sido tomado o bien del mazdeismo o zoroastrismo, o bien del gnosticismo. De donde se podían enfrentar un principio del bien y otro del mal, presentando este último como cosa totalmente externa o ajena a la deidad benéfica.

El problema de esta presentación, para el cristianismo, es que la dualidad no le conviene, así, coloca al «Maligno», un escalón por debajo de la deidad en poder. Lo cual deja sin explicar la cuestión de la permisión del mal por una divinidad buena, de esa cuestión nació la Teodicea.

Si Ahura Mazda tiene su Ahriman el Dios trino de los cristianos tiene enfrente su Lucifer, Satanás o, simplemente, “el Diablo”.

Esa dualidad también puede haber sido un vestigio de otras luchas, las que sostuvo el cristianismo con otro enconado enemigo: el gnosticismo. Que, también, presenta una dualidad entre el demiurgo -un “engañador”, característica propia del “Diablo”- y la divinidad “real” -el “auténtico” Dios, no su sombra o imitador-.

Dentro del judaísmo no encontramos tales entidades diabólicas, no lo es la serpiente que aparece en el Bereshit, no lo es Baal -que, en puridad, en los textos del Tanaj es el mayor oponente del D_os de Israel, aunque eso, la Arqueología, lo matiza y… mucho-, y no lo es Satanás, que no es otra cosa que una especie de fiscal al servicio de la divinidad. Papel que queda singularmente claro en el libro de Iyov -Iyov, especialmente capítulos 1 y 2-.

Los grimorios

Todo llamamiento a potestades infernales, se realiza previa invocación a la deidad y a sus superiores poderes y autoridad.

Quedando sujeto el demonio o diablo convocado al mago, a través de la autoridad superior de la divinidad o de su representante -no pocos grimorios se remiten a Sumos Pontífices Romanos-, de suerte que, en puridad, el mago es una clase “especial” de exorcista -como mínimo actúa cubierto por los mismos poderes protectores que un exorcista, que, a la vez, son los que le otorgan potestad sobre el invocado o evocado-.

Los grimorios utilizan la táctica del Marqués de Sade en “Justine” o “Los infortunios de la Virtud” –y en unas cuantas obras más-, que consiste en intentar aparentar formalmente que no se dice lo que se está diciendo, sino su contrario. Así, los grimorios, cuando hacen referencia a entidades infernales o bien es para convocarlas, teóricamente, bajo el dominio del Dios cristiano –en general, aunque muchas veces mezclándolo con diversas maneras de referirse a D_os-, o bien para mencionarlas, dar sus atributos y habilidades y decir, a continuación, que son maléficos y que no se les debe ni invocar ni evocar, por ejemplo, así sucede con las entidades que, supuestamente, el rey Salomón menciona a su hijo Roboam (según la Clavicula Salomonis):

Clavicula Salomonis

«Aun cuando no hayas de servirte jamás de las potencias infernales, quiero que conozcas los nombres de los principales espíritus del Averno, así como sus oficios, para que puedas con más acierto rechazarlos cuando te conviniere.

El Rey de los Infiernos se llama Lucifer, y le siguen en su categoría Belzebuth y Astaroth, llamados Príncipes de las Tinieblas.

Vienen después los Demonios Superiores subordinados a los tres que anteceden. Sus nombres son los siete siguientes: Lucífugo, Satanakia, Agaliaretph, Fleurety, Sargatanas, Nebirusy Masbakés.

He aquí los poderes y talentos que Lucifer ha concedido a cada uno de ellos.

Lucifogo, primer ministro infernal, tiene el poder sobre todas las riquezas y tesoros del mundo.

Satanakia, gran general, tiene el poder de someter a las mujeres a los deseos del hombre.

Agaliaretph, capitán general, sus poderes se extienden hasta descubrir los más impenetrables secretos y los misterios de la Magia Negra.

Fleurety, teniente general, tiene el poder de hacer cualquier clase de obra que se desee durante la noche, y hacer nevar, granizar, llover y formar horrible tempestad allí donde quiera.

Sargatanas, brigadier, enseña el secreto de hacerse invisible, y de transportar a las personas de un lugar a otro, por lejano que sea.

Nebirus, mariscal e inspector general, tiene el poder de dar mal a quien le acomode, y enseña el arte de adivinar el porvenir.

Masabakes, cantinera y concubina de los ejércitos infernales. Es el demonio de la perfidia, del amor mentiroso, de la vanidad, de la estafa y del robo.

Los siete demonios que acabo de nombrarte son los que gobiernan y dirigen todo el poder infernal, y tienen a sus órdenes infinitos ejércitos de espíritus inferiores, divididos y subdivididos en numerosas falanges, que son tratados como los más viles esclavos.»

(Clavicula Salomonis, «Cuarta Puerta», edición de 1721)

Cambios temporales y cambios infernales

En el caso del ejemplo anterior, influye la fecha de edición de esa versión de la Clavicula, comienzos del siglo XVIII, en los cargos asociados a las potestades infernales. En grimorios más antiguos –o versiones más antiguas de la propia Clavicula-, los entes mencionados ostentan puestos de nobleza: duques, condes, barones, etc. Mientras los aquí expuestos son esencialmente militares (mariscal, brigadier, teniente general, capitán general, etc.).

Con la excepción de Lucifogo, que es primer ministro y encargado de tesorería, además también es una especie de “notario mayor del reino”, pues es él quién figura, como representante de la parte infernal, en todo pacto entre humanos y el Averno.

Siendo esos pactos formalmente semejantes a ceremonias de vasallaje en textos propiamente medievales y, en otros más modernos –de la misma época del aquí citado, por ejemplo- se asemejan más a un contrato. Digamos que de las formas jurídicas feudales se pasa al Derecho Civil, y es que los tiempos cambian, al parecer, en cualquiera de los mundos.

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