El destino de la familia real es inseparable del destino de todo el pueblo ruso

Metropolitano Hilarión:

El destino de la familia real es inseparable del destino de todo el pueblo ruso

Moscú – Federación de Rusia, 17 de julio 2011, Conmemoración de la Santa Masacre de la Familia Real. Por tal motivo, Su Eminencia Reverendísima Hilarión, Metropolita de Volokalamsk y presidente del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, presidió la celebración de la a Divina Liturgia en la iglesia del Ícono de la Madre de Dios «de todos los afligidos».

Entre los concelebrantes, cabe destacar la presencia del Reverendo Padre Dionisio Kazantsev rector de la Parroquia San Juan Evangelista (Campina das Missões – Estado do Rio Grande do Sul -Brasil), perteneciente a la Diócesis de Argentina y toda Sudamérica de la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú

Durante su sermón, el Metropolita Hilarión, Manifestó:

«¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, en la víspera de milagroso San Sergio, abad de Radonezh y de toda Rusia, la Iglesia recuerda a San Andrés Rublev, el pintor de iconos y discípulo de San Sergio y la Pasión de la Santa Familia Real: el zar Nicolás Alexandrovich, la emperatriz Alexandra Feodorovna, el príncipe Alexis, Gran duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, que en este día sufrieron su martirio en manos de los ateos.

Cuando pensamos en el destino del último zar ruso y su familia, vemos que desde el comienzo de este hombre y las personas que estaban vinculadas a su destino, por decirlo así, la intención de ser sacrificados como corderos en holocausto. Heredero del trono imperial del poder estaba en manos de la herencia, que lo recibió no como ahora – por elección o por mérito, sino simplemente porque era el hijo primogénito del emperador, el rey ungido, que recibió una bendición de Dios.

El tiempo en el que Su Majestad el Emperador Nicolás Alexandrovich tomó las riendas del Imperio Ruso, fue muy grave: el espíritu revolucionario sacudió a la nación, sacudida por los intelectuales, todos querían un «verdadero» y «mejor» futuro, todos tenían sus recetas, la forma de lograr ese futuro mejor, y la única restricción en esta situación se mantuvo el trono real y, cuando este se tambaleaba el trono real, acontecieron inesperados grandes desastres por parte de todos aquellos que tenían sus propias recetas y consejos para construir, en Rusia, un futuro mejor. En esos años, la tormenta de la violencia y las privaciones abarca todo el país y no perdonará a nadie. A partir de la aristocracia, la familia real, los demás miembros de la casa real, los bolcheviques se dirigieron a los nobles, el clero, y luego poner en práctica la canibalización, para infligir un golpe terrible a los campesinos. En pocas palabras, era la violencia en todo el pueblo y no de los que más o menos no le haría daño a este gobierno sin Dios.

Así que cuando pensamos en el destino de la familia real, no podemos separarla del destino de toda la nación. Después de todo, la familia real había sufrido como miles de otras familias. De hecho, la represión de personas inocentes, independientemente de su edad, sexo, condición social. Murieron, en manos de los ateos, niños y adultos, hombres y mujeres, creyentes, ricos y pobres y no creyentes.

Hoy recordamos a todos los mártires de la nueva Rusia aunque no todos sus nombres figuren en una nómina, porque muchos de ellos son desconocidos. Que sabemos acerca de la muerte de la familia real, ya que estas personas estaban en la mente de todos, pero ¿cuántos de la misma familia, tales como niños y niñas que fueron asesinados, arrojados a la mina, y tal vez nadie los conoce nombres? Pero sus nombres, como sabemos, los grabó el Señor en el cielo.

Hasta ahora, los científicos están discutiendo sobre cuál era la función del último emperador en el destino del imperio ruso: si él era el rey, sea o no un error. La Iglesia no discute sobre eso, no hace la corte a los políticos, los estadistas. La Iglesia mira cómo vivía la gente, cómo construía su relación con Dios y con su muerte. Vemos que el destino del último emperador ruso lo envió a la masacre, se trajo a su vida como sacrificio por los pecados, los pecados y pecados de los hombres de nuestro país.

Hoy se tiene a toda esa familia, sus fieles servidores y todos los que caminaban por el mismo camino del martirio, rogando por nuestra tierra pecadora, por nuestro pueblo pecador para que el Señor tenga piedad de nosotros, perdone nuestros pecados y que nuestra gente pueda ver, por fin, un futuro brillante codiciado, deseado y que no había visto en las últimas décadas de la dominación del régimen ateo.

Hoy, nuestra Santa Iglesia, resucita de entre el laicismo y el ateísmo pasado de moda y casi en la clandestinidad. Y creemos que son las oraciones de la gente que, humilde y mansamente, aceptaron su participación y sufrimiento que seguir a Cristo hasta el Calvario, cada uno por su cuenta, a morir con la fe en Cristo e ir a otra vida donde están hoy orando para nosotros. Creemos que, sus oraciones para nuestra iglesia, renace hoy en la oración que fortalecerá a nuestra amada patria, en sus oraciones cada uno de nosotros renace para la escritura, poder tomar el camino al cielo y seguir por este camino para nuestros hijos y nietos.

A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, los felicito por esta conmemoración, y deseo que, a través de la intercesión de los Santos Mártires Reales, las oraciones de los santos mártires y confesores rusos, pasado el tiempo, que nos lleven a encontrarnos con nuestro Señor Jesucristo. Amén»

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