El Cristo feo de Neuquén

¿Qué es lo que se toma en cuenta cuando se entroniza un monumento en Neuquén? En 2004 un escultor (auspiciado por una empresa privada) ofreció a la ciudad “El Cristo de la Hermandad”, tallado en madera y realizado en plena Avenida Argentina. En su momento, nadie preguntó si esa obra reuniría la calidad estética como para merecerse un lugar de privilegio en la ciudad. A pesar del tiempo transcurrido, es un tema polémico y que abre debate y una pregunta, al menos: ¿Debe existir una comisión de expertos que apruebe cuáles son las obras artísticas destinadas a ser patrimonio de la ciudad?

Primero que nada, convengamos que la fealdad en el arte no es un defecto. Han existido obras de arte muy feas y famosas. Por ejemplo: “Las señoritas de Avignon”, de Pablo Picasso; “La violación”, de René Magritte, “El sueño”, de Salvador Dalí.

Uno de los logros de los artistas del siglo XX fue liberar el arte de los cánones estéticos tradicionales. Es decir: arte igual belleza. Con las nuevas corrientes artísticas los límites de la belleza se ampliaron; el abanico de posibilidades y combinaciones creció y posibilitó que se generara una verdadera explosión creadora.

Ahora bien, no sólo hubo diferentes tipos de bellezas que nacieron junto a las nuevas manifestaciones artísticas, sino que muchas obras, dominadas por la estética de lo feo y lo grotesco, se ganaron un espacio, provocando un remezón de ojos en los sorprendidos espectadores.

Existen obras deliberadamente feas. Esto quiere decir que eso fue lo que el artista buscó, ya que era lo que mejor expresaba lo que le preocupaba en ese momento (“Guernica”, de Picasso, por ejemplo). Lo deliberadamente feo se presta para desarrollar ciertos conceptos y estados de ánimo. Está demás aclarar que las obras mencionadas son feas no porque el artista no supiese dibujar, pintar o escupir. El pintor alemán Mathias Grünenwald realizó el Cristo de la cruz más desgarrador y patético en la historia del arte.

Pero no es el caso de “nuestro Cristo”. Es feo simplemente porque el artista no tiene talento ¿Entonces por qué está entronizado en un lugar de privilegio de la ciudad? Porque cuando no se tiene talento debe sobrar audacia, la que actúa como un impulso compensador. Y de esto, saben mucho los pseudo-artistas refugiados en la variada y por momentos confusa oferta del siglo XX; logrando figurar de un modo snob en la pasarela del ya superficial mundo cultural.

Luis Sissara se llama el escultor. Un transhumante que va de ciudad en ciudad ofreciendo su trabajo de tallador. En Neuquén también nuestras autoridades políticas y religiosas aceptaron gustosos de ser los “elegidos” para recibir un “regalo del cielo”. Aunque éste no tenga que ver con una obra de arte. Pero, ¿Por qué el Cristo de la Hermandad nada tendría que ver con una obra de arte? Porque es desproporcionado, porque el escultor poco sabe de anatomía y evidencia que no sabe dibujar.

¿Por qué cualquiera viene a Neuquén a levantar monumentos “gratis”?

El que sea devoto de la imagen de Cristo debe recurrir a verdaderos artistas. Sólo ellos podrán desentrañar el misterio doliente de un Dios hecho hombre que debe morir para salvarnos (El Vía Christi, de Junín de los Andes, es el mejor ejemplo).

Cristo muerto en la cruz es un tema muy serio como para confiárselo a improvisados y oportunistas que comercian con la fe. Las autoridades no consultan a sus artistas cuando se trata de monumentos de estas características.

El tiempo y el clima impiadoso de la Patagonia pronto terminará con esta “obra”. Ese será, quizá, el día cuando nuestro tallador regrese para la restauración del Cristo de la Hermandad y se provocará una nueva resurrección de entre los muertos.

 

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