El Cosmo Caixa de Barcelona: suspenso cientifico y educativo- redacción

nstituciones culturales como el Cosmo Caixa deberían ofrecer un mayor rigor científico. Inspectores de ADDA relatan las deficiencias encontradas.

Parece que toda gran ciudad deba tener su propio acuario. De lo contrario no se la considerará centro neurálgico ni prestigiosa capital digna de desarrollo científico. De hecho, se calcula que en el año 1999 había unos 70 zoos marinos en toda Europa, aunque probablemente en la actualidad esta cifra es considerablemente más elevada. La competitividad entre estas empresas públicas o privadas, y su ambición por ser las únicas en exhibir un determinado animal –algo muy similar a los zoológicos–, provocan la captura de tiburones y otras especies de las profundidades marinas, que, al no reproducirse bien en cautividad, son capturadas de su hábitat salvaje. Cada vez un mayor número de personas se muestra contrario a mantener animales cautivos para nuestro entretenimiento y diversión, aunque, lamentablemente, no se piensa en los peces. Y si lo hace, lo considera como un mal menor.

Muchos de los problemas de salud que padecen los peces y mamíferos marinos en cautividad son resultado de unas técnicas de cuidado deficientes y equivocadas. A menudo el sustrato utilizado en las peceras, para dar un mayor impacto visual al visitante, es inadecuado. Por ejemplo, es frecuente el uso de conchas trituradas, cuyas formas afiladas son antinaturales y les provocan heridas en las parte inferior del cuerpo, sobre todo en el caso de los peces planos, que en su medio natural se enterrarían en la arena. Se conocen casos en los que no se ofrece comida a las especies que se alimentan por la noche, provocando así su lenta muerte por inanición, y en ocasiones se aloja a especies presa junto con sus depredadores. La adecuación química del agua, los métodos de alimentación o la interacción con los visitantes son causa de laceraciones, heridas, enfermedades oculares, tumores anormales y muerte. La mayoría de estos problemas pasan desapercibidos para el visitante. También se observa que no siempre los carteles de los tanques se corresponden con los animales que se alojan en ellos. En la tienda del museo Cosmo Caixa (nuevo Museo de la Ciencia) de Barcelona, se venden peceras con corales y pequeños crustáceos. En una visita efectuada por miembros de ADDA (mayo 2005) se observó cómo un pez mordisqueaba una pila eléctrica que alguien había lanzado al tanque abierto.

Los caballitos de mar

Desde el mes de mayo del año 2004, el CITES regula el comercio de los caballitos de mar y los incluye en su Apéndice II. A partir de ese momento, algunos países –casi siempre son los mismos que se oponen a la moratoria de la caza de las ballenas–, como Indonesia, Japón, Noruega y Corea del Sur, se han retirado del Convenio para poder seguir comerciando con ellos. Por tanto, su explotación con fines comerciales continúa realizándose sin control. En 2001 desaparecieron 25 millones de caballitos de mar, la mayoría para medicina tradicional. Ahora se han tenido que tomar medidas. De ellos, un millón se convirtieron en mascotas. El 10% de estos animales no vive más de seis meses, y mueren en lenta agonía.

Varios centros, como el Aquàrium o el nuevo y flamante Cosmo Caixa del Museo de la Ciencia de Barcelona, propiedad, lógicamente, de La Caixa y su Obra Social, los mantienen en cautividad. ADDA ha podido constatar que en un periodo de 20 días ya ha desaparecido uno de los dos ejemplares. Al ser tan delicados, probablemente haya muerto. Si en un período de 20 días ha muerto uno de estos animales, ¿cuánto tardarán en reponerlos para poder exhibirlos de nuevo al público? Por supuesto, no se ofrece ninguna información sobre el peligro al que se enfrenta esta especie. En el Museo de la Ciencia de Barcelona no aparece su nombre ni en castellano ni en latín.

¡Toca, toca!

Tocar a los animales puede acarrear problemas de salud y bienestar tanto para ellos como para las personas. Ellos sufren daños severos, que se unen al estrés de ser manoseados continua y diariamente. Inspectores del ADDA han asistido a una de las sesiones que tienen lugar en el nuevo Museo de la Ciencia de Barcelona, constatando que los monitores no instan a los niños y acompañantes a lavarse las manos antes de tocarlos, aunque después de la sesión sí se les anima a ello. Les muestran las tortugas, pero no les explican que se encuentran en serio peligro de extinción. Un milpiés cayó al suelo y recibió el consecuente golpe. Otro ejemplar lo sustituyó. Este animal no pudo contener sus esfínteres debido al estrés y el miedo que el trajín de ir de una mano a otra le provocó. Unos ratones canguro, animales propios del desierto, se encontraban recluidos en un espacio de reducidas dimensiones. Apenas se movían, hasta que los responsables de la visita los sacaron de allí para entregárselos a los niños, para que los tocaran. Uno de ellos presentaba una magulladura en la cola, otro cayó al suelo. A la pregunta de: “¿y cómo le ha pasado?”, la respuesta fue: “es que nació así”. Ningún cartel informaba del nombre completo de los animales, y mucho menos el científico. Todos los visitantes a la vez se dispusieron a manosear una serpiente no venenosa (*), que trataba de escurrirse como podía. Los monitores reconocieron que a estos reptiles no les gusta que les toquen en la cabeza ni en la cola. Está claro que olvidaron el resto del cuerpo.

Un miembro del personal pretendía limpiar los cristales con un producto aplicado con espray, aunque más de la mitad de lo que salía del surtidor iba a parar a las peceras. Sólo tocando el agua ya se ocasiona un grave perjuicio a los seres que viven en ella, puesto que las sustancias que puedan contener cremas y otros productos resultan altamente irritantes y dañinas para los animales. Cada vez que alguien golpea el vidrio del recipiente en que viven les provoca una terrible angustia, puesto que el sonido aumenta cinco veces en el medio acuático. Es posible imaginar lo insoportable que debe de ser estar sometido a estas sesiones seis veces al día. Cabe añadir que los humanos también pueden contagiarse de enfermedades que padecen los animales.

Comportamientos estereotipados en acuarios

Al igual que en los zoológicos, los peces en los acuarios, por su situación antinatural, muestran los estereotipos de la cautividad.

Los comportamientos obsesivos y repetitivos sin ninguna finalidad concreta, tanto en animales terrestres como marinos, ponen en evidencia los problemas de bienestar resultado del cautiverio a que se ven sometidos. La visión del animal no aporta ningún beneficio educativo, sino todo lo contrario: se ofrece al espectador, especialmente a los niños, una idea completamente equivocada, pues difiere por completo de cómo se desarrollaría aquel ser en su medio natural.

Éstos son algunos de los estereotipos observados en peces:

Romper la superficie del agua . Se trata de una de las formas más severas de comportamiento estereotipado. Sacan la cabeza del agua repetidamente. Pudo observarse en ejemplares cautivos en el nuevo Caixa Forum de Barcelona.

Seguir siempre un mismo recorrido. Nadan continuamente de un lado a otro, siguiendo el mismo camino.

Movimientos circulares. Nadan continuamente trazando un trayecto circular.

Balancear y oscilar la cabeza. Se mantienen quietos y mueven continuamente la cabeza de un lado a otro o de arriba abajo.

Interactuar con fronteras trasparentes. Nadan continuamente al lado del cristal o paredes que devuelven el reflejo, intentando trepar por ellas, atravesarlas o responder a la imagen que les devuelve.

Nadar en espiral. Nadan con movimientos giratorios repetidos, tanto alrededor de un punto central como de un eje imaginario en un trayecto en espiral.

Exhibicionismo. Se tumban de lado y se frotan un costado sobre el suelo u otra superficie.

Otros comportamientos anormales

Las causas de estos comportamientos anormales, que no aparecen en condiciones de vida salvaje, pueden deberse tanto al estrés que les provoca el cautiverio como a las enfermedades. Estudios anatómicos, fisiológicos y de comportamiento demuestran que los peces pueden sufrir dolor y estrés. Algunos de los factores que pueden afectarlos son el manejo a que se ven sometidos, el transporte, la calidad del agua, los cambios en la estructura de su comunidad, el hacinamiento, la inadecuada selección de especies que comparten una misma exhibición, etc.

Algunos de estos comportamientos anormales son:

Agresividad. Individuos que muestran comportamientos hostiles y violentos hacia los demás, persiguiéndoles o mordiéndoles las aletas.

Falta de percepción del peligro. Reducción de la toma de precauciones ante la proximidad de otros depredadores.

Alimentación anormal. Tanto puede resultar de comer en exceso como de la pérdida del apetito

Búsqueda de refugio. Esconderse con frecuencia excesiva.

Permanecer en el fondo. Mantenerse en el fondo del tanque más tiempo de lo habitual.

Cambio de coloración. El cambio en el color del cuerpo no corresponde a los cambios propios de la madurez, cortejo o reproducción.

Nadar con la cola. Nadar en una posición oblicua con la cabeza hacia arriba.

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