EL CONCILIO DE CALCEDONIA

Hacia el Concilio de Calcedonia

Nicea y Calcedonia son sin duda los Concilios decisivos para la Cristología; los de mayor importancia. El de Nicea explicó la fe apostólica en la divinidad de Cristo definiendo la consustancialidad del Verbo con el Padre.

El Concilio de Calcedonia, completó lo iniciado en el de Éfeso, y supone prácticamente la culminación de la teología sobre el Verbo Encarnado.

Efeso definió que en Cristo hay una sola Persona, el Verbo, que es también Persona para la naturaleza humana. Y que la unión de las naturalezas, sin mezclarse, tiene lugar en la Persona. Pero a algunos de los seguidores de San Cirilo no les gustaba hablar de dos naturalezas después de la unión, porque les parecía que era acercarse al nestorianismo.

En ese clima surge el error de monje Eutiques: afirma que si bien Cristo es Persona de dos naturalezas (ex duobus naturis), por la unión que hay entre ambas ya no subsiste in duobus naturis, sino en una sola naturaleza. La humana habría quedado absorbida en la divina. A este error se le denominará luego “monofisismo” (una sola naturaleza).

En 448 la doctrina de Eutiques es condenada por el Sínodo de Constantinopla y el Patriarca de esa Iglesia se lo comunica por carta al Papa San León Magno. Éste, para ayudarle a clarificar la doctrina, le envía, también por carta, un documento de su Magisterio, pensado para que se leyese en el Concilio que para esto se iba a convocar. Ese documento se ha denominado desde entonces el “Tomo a Flaviano” ó “Tomo Leonino” (os recuerdo lo dicho acerca de la Escuela teológica de Roma, cuando hablamos de las Escuelas de Cristología, Logos-sarx, y Logos-anthropos)

El Tomo Leonino es una magnífica síntesis Magisterial, clara y profunda, de la doctrina sobre la Unión Hipostática. Su importancia está en que constituirá la luz y guía del Concilio de Calcedonia. Aunque su contenido lo expondremos luego al recoger las palabras de Calcedonia, digamos ahora que San León después de afirmar la fe de Nicea y la de Efeso, afirma la total integridad y perfección de las dos naturalezas, unidas en el único sujeto: la divinidad no ha anulado nada de la humanidad; las dos naturalezas permanecen “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”.

San León va más allá de la condena al monofisismo. Clarifica la formulación doctrinal de toda la fe apostólica sobre Jesucristo. Cuanto se diga sobre la importancia que tuvo el Tomo Leonino siempre será poco.

EL CONCILIO DE CALCEDONIA

Tuvo lugar en el 451 y fue el más numeroso de la antigüedad: casi 400 Obispos casi todos de Oriente. El Papa San León Magno fue representado por tres Legados. El Concilio duró poco tiempo, el mes. El momento álgido fue la lectura del Tomo Leonino. Cuando los padres Conciliares lo oyeron, clamaron a una voz. “Pedro ha hablado por la boca de León”. He aquí el texto central aprobado:

”Siguiendo a los a los Santos Padres, enseñamos todos concordemente que ha de confesarse uno sólo y mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre, de alma racional y cuerpo, consustancial al Padre según la divinidad y consustancial a nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excluido el pecado (Heb 4, 15); antes de los siglos engendrado por el Padre según la divinidad, y según la humanidad por la Virgen Madre de Dios, en los últimos tiempos.

Creemos en un solo y mismo Cristo Señor Hijo Unigénito, en dos naturalezas

sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación,no habiendo sido nunca suprimida la diferencia de las naturalezas por motivo de la unión, al contrario, salvada la propiedad de ambas naturalezas, que concurren en una sola Persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino un mismo y solo Hijo Unigénito Dios Verbo Señor Jesucristo… como el mismo Jesucristo nos enseñó, y como nos trasmitió el Símbolo de los Padres”.

(Hemos escrito en letra color verde las palabras esenciales, las decisivas, que a continuación vamos a glosar)

 

Destaca en primer lugar la fórmula “una Persona en dos naturalezas”, y no “dos naturalezas en una Persona”.Calcedonia pensó mucho esta expresión. Cuando se dice “dos naturalezas unidas en la Persona” no se dice un error, pero sí se hace una formulación imperfecta. Es más perfecta “una Persona en dos naturalezas” este es el lenguaje acertado.

Destaca también el empleo de los 4 adverbios: cualifican a las naturalezas, en concreto a la naturaleza humana:sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación.

La unidad del sujeto está en la Persona, la duplicidad de sus perfecciones, está en las dos naturalezas.

Y las propiedades de las naturalezas se contemplan después de la unión en la persona, no antes.

Calcedonia además, por el uso que hace de los términos fisis, ousía, hipóstasis y prósopon unifica la terminología teológica que antes no era del todo coincidente en las distintas Escuelas.

¡¡¡ Qué importante ha sido el Concilio de Calcedonia para la fe y para la Cristología !!!  Cuando algunos teólogos han propuesto hacer Cristologías no calcedonianas, dicen, hay que sonreir; pero además, se puede también sospechar de su ortodoxia

San León Magno (Papa)

 

 

 

 

 

 

 


 

definitivamente calcedonia es el origen del cristianismo, nada que ver con la realidad, muy lejos de las escrituras hebreas, muy lejos de la perspectiva hebrea. Para entender correctamente las escrituras hebreas solo se puede hacer con mente hebrea no con mente greco romana. Mi recomendación: no se dejen engañar por los hijos de Grecia.

 ”Calcedonia no es el origen del cristianismo”. Decir esto es un gran error y un ataque a la historicidad de Jesucristo, a las fuentes que lo testimonian, y sobre todo a la fe de la Iglesia apostólica. Lo que hace Calcedonia es sólo formular en términos teológicos la misma fe recibida de Cristo  por los Apóstoles. No inventa nada, no añade nada a lo recibido de Cristo: un sólo sujeto, a la vez Dios Verdadero y hombre verdadero.Puntualizo tu comentario, con el que sólo muy parcialmente estoy de acuerdo; y casi en total desacuerdo.

 Las Escrituras Hebreas (lo que los católicos llamamos Viejo Testamento) lo único que afirman de Jesucristo es su condición mesiánica. Pero absolutamente nada de su divinidad. (El anuncio profético que ahora nos damos cuenta que sugiere esta divinidad es Daniel 7, 9: allí se presenta al Mesías como procedente de “las nubes del cielo” y que es colocado a la diestra del Anciano  (Yahweh). 

La noción de Dios que le fue revelada a Israel (Yahweh) no incluía la revelación de la Trinidad en Dios; Yahweh era el Dios Uno y Único. Con este conocimiento de Dios no se podía entender que Jesucristo era una Persona de la Trinidad. Por eso a Cristo le hizo falta revelar primero el Misterio de la Trinidad de Personas en Un Solo Dios, ante de afirmar de sí mismo que era “EL HIJO TRINITARIO ENVIADO AL MUNDO POR EL PADRE”.

 Lo que dices de la mente greco romana, entiendo que te refieres al pensamiento, a la cultura, a la filosofía. Como debes saber, esa fue una acusación del Protestantismo Liberal en el siglo XX. Hubo de ser estudiado despacio este tema, y se ha podido demostrar que la revelación cristiana (recibida ciertamente en el mundo hebreo y con el trasfondo de las Escrituras hebreas) al ser formulada teológicamente con ayuda de la filosofía griega, NO SE HELENIZÓ (no se deformó, por tanto); sino que, al contrario,  los términos de esa filosofía LOS  MODIFICÓ, alargó su significado, o los creó de nuevo. Fue la filosofía griega la que se cristianizó; no la revelación cristiana la que se helenizó.

 Los cristianos nos sentimos hebreos en nuestra fe, en la revelación que recibimos en Jesucristo. Sin el Viejo Testamento no sólo no podríamos entender la Revelación en Cristo; sino que el Viejo Testamento es nuestra prehistoria: Abraham es mi padre en la fe; y los mismo son míos Moisés, los profetas todos, los Reyes de Israel, etc. etc. Sabemos que la plenitud del Antiguo Testamento es la Iglesia de Cristo. 

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