EL CONSEJO DE ANCIANOS

La sociedad del consumo en la que vivimos, fomenta la competencia entre los individuos, acentuando antagonismos o generándolos, como una metodología del marketing. Los objetos de consumo están dirigidos a “nichos” (espacios) o “targets” (blancos) que cuanto más separados estén unos de los otros con el método de remarcar sus diferencias, más previsibles serán para ser manejados políticamente y para orientar el negocio que los tiene como víctimas.
Estos antagonismos se deslizan en la vida cotidiana y se hacen carne en nosotros, que terminamos diciendo cosas como: “los viejos son unos retrógrados, unas momias” o “los jóvenes son unos alocados que ponen en riesgo a la sociedad y a si mismos”. Este mantenernos separados en rebaños aparentemente “naturales” atenta contra la formación de un pensamiento propio más elaborado, producto de la confrontación y reflexión con otros que arrastran distintas historias y experiencias.
La dinámica de los seres vivos, desde la célula en adelante, supone dos fuerzas opuestas y complementarias: la homeostasis, que mantiene estable el ambiente interior del cuerpo, como la temperatura y el equilibrio químico, para que las células puedan desarrollarse; y la morfogénesis, el cambio, la generación de nuevas formas a partir de la inclusión del oxígeno mediante la respiración y de nutrientes mediante la alimentación. Entre esta tendencia a mantener el equilibrio existente y la necesidad de renovarnos a cada instante, transcurre la vida humana y también la vida de las instituciones y sociedades humanas. Esquemáticamente, en el pensamiento fragmentado en que somos educados por los medios de comunicación y los prejuicios, los viejos representan la resistencia al cambio y los jóvenes lo promueven. Nos olvidamos que siempre son las personas, los sujetos los que están ocultos en los “nichos” y “targets” y en los compartimientos estancos de ese pensamiento dualista.
Hay jóvenes retrógrados y viejos innovadores y hay buenos y malos intencionados en distintas clases sociales, etnias y culturas. Siempre es la infinita diversidad y heterogeneidad de los seres humanos la que se manifiesta y merece ser escuchada, aunque no sea un negocio fácil.
El principio organizador de un sistema, la forma en que fluye la comunicación y los efectos que ésta produce, determinarán sus capacidades de adaptación y su inteligencia. Si en lugar de ser llevados por la inercia del aislamiento logramos comunicarnos entre los diferentes, como jóvenes y viejos, por ejemplo, las posibilidades de supervivencia serán mayores. También será más difícil ser engañados como sociedad, ya que en los viejos está la memoria del pueblo y en los jóvenes las nuevas herramientas que, como toda herramienta, pueden ser usadas orientadas por diferentes ideologías con resultados diferentes. Y la memoria es un componente esencial de la ideología. Los jóvenes que se oponen a los viejos por el solo hecho de ser más lentos o más conservadores, se condenan ellos mismos a la cultura de las personas “descartables”, ya que su inevitable destino es envejecer. Los viejos que critican a los jóvenes por su rebeldía o inadaptabilidad, se condenan al estancamiento y a una muerte sin futuro, ya que entre nuestro presente y la muerte habita el futuro.
En culturas precapitalistas, “primitivas”, de los Pueblos Originarios, los ancianos eran considerados fuente de sabiduría, consejeros ante las vicisitudes sociales o de supervivencia. También contaban las historias del pueblo a los niños, creando conciencia y porvenir. Recuerdo que en los años ochenta Darcy Ribeiro, un querido antropólogo brasileño ya fallecido, quien llegó a ser vicegobernador del Estado de Río de Janeiro, proponía la creación de un Consejo de Ancianos en Latinoamérica para que asesorara a los presidentes en aras del bien común de la región. Que mantuviera viva la memoria pre y post colonial de los pueblos para un crecimiento conjunto respetuoso de las diferencias y también de la historia en común. Quizás no estemos tan lejos de tomar las enseñanzas de los Antiguos y crear ese Consejo de Ancianos donde se sienten a la misma mesa Ancianos de los Pueblos Originarios, Ancianos de la Política, Ancianos de la Cultura, Ancianos de las Ciencias, Ancianos de las Artes, para alentar con su voz los cambios y advertir acerca de las repeticiones de la historia.
¿O tenemos que esperar que envejezcan Evo Morales y Lula para que se reúnan la sabiduría ancestral y el desarrollo social del capitalismo en ese Consejo?Darcy fue un visionario•

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *