El Compañero Leal

Mezquita

Del

Centro Cultural Islámico

«Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd»

Buenos Aires – Argentina

Viernes 07de Yumada al-Awal 1433 / 30 de marzo de 2012

Traducción de la Jutba

pronunciada por el

Sheij Muhammad Alruwaili

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El Compañero Leal

Alabado sea Dios, Señor del universo. Le glorificamos, le pedimos perdón por nuestros pecados y, a Él, nos encomendamos. Nos refugiamos en Dios del mal que existe en nuestras propias almas y de las consecuencias que puedan acarrear nuestras malas acciones. A quien Dios guíe nadie lo podrá desviar y transitará, sin duda, por el camino de la luz y la misericordia y, para quien Dios decrete el desvío, nadie podrá guiarlo y transitará, sin duda, por un camino de tinieblas, de permanentes dudas y tribulaciones. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Quien no tiene copartícipe alguno y que Muhammad es Su siervo y Mensajero.

Se narra que había un hombre que tenía muchos afectos y que tres de ellos eran muy preciados por él; por eso dedicaba gran parte de su tiempo para servirles y complacerles.

Un día, Dios, quiso que se mudara a un lugar muy apartado de todos ellos. Fue entonces que se sentó a pensar en sus tres grandes compañeros a quienes dedicó numerosas y valiosas horas de su tiempo y encontró que, sólo uno de los tres, jamás lo abandonó en su soledad y adversidad. En ese momento, deseó haber dedicado más tiempo y esfuerzo en aquel que ahora se encontraba a su lado apoyándolo.

¡Hermanos! Si nos preguntamos quién era ese hombre, la respuesta es todos y cada uno de nosotros, y si nos preguntamos quiénes eran sus tres afectos, el Profeta Muhammad nos lo develó en el siguiente Hadiz:

Anas Ibn Mâlik relató que el Mensajero de Dios dijo: “Cuando un hombre muere, su familia, sus bienes y sus obras lo acompañan en su funeral pero, tanto su familia como sus bienes, regresan y sólo sus obras permanecen con él hasta el Día del Juicio Final.”

Toda persona, en esta vida, necesita una familia con la cual convivir y dinero para subsistir pero, tanto su familia como sus bienes, lo abandonarán algún día. Es por ello que sensato es aquel que sabe aprovechar esto para aproximarse más a Dios y aprovisionarse para la otra vida. Así es como emplea su dinero en obras de bien que pesen en su balanza y le sirvan en el Día del Juicio y elige una compañera que le ayude a fortalecer su fe. En cambio, aquel cuyos bienes y familia lo distraen y alejan de Dios, es un desdichado. Dios dice: “[¡Oh, Muhammad!] Los beduinos que no participaron del viaje a La Meca y del pacto de Hudaibia dirán: Nos mantuvieron ocupados nuestros bienes y nuestras familias, pídele a Dios que nos perdone por no haber participado de la expedición.” (Sagrado Corán 48:11) “¡Oh, creyentes! Que sus bienes y sus hijos no los distraigan del recuerdo de Dios. Sepan que, quienes ésta sea su situación, serán los perdedores.” (Sagrado Corán 63:9)

Sahl Ibn Sa‘d relató que el ángel Gabriel se presentó ante el Mensajero de Dios y le dijo: “¡Muhammad! Vive mientras tengas vida y no olvides que un día morirás, ama a quien quieras y ten presente que un día lo abandonarás; obra como te plazca y sabe que un día serás juzgado.” Y luego agregó: “¡Muhammad! Levantarse a orar por las noches conforma la grandeza del musulmán y prescindir de pedir a la gente enaltece su dignidad.”

Cuando la persona muere y deja esta vida no se puede beneficiar de sus bienes ni tampoco de su familia, a menos que éstos rueguen a Dios por él y Le pidan que perdone sus pecados. Dios dice: “Ese día, de nada servirá la riqueza ni los hijos y sólo estará a salvo quien tenga el corazón exento de idolatría.” (Sagrado Corán 26:88-89) “Se han presentado ante Mí solos y como estaban al nacer y tuvieron que dejar atrás los bienes materiales que les concedimos.” (Sagrado Corán 6:94)

Abu Hurairah relató que en Profeta dijo: “Cuando un hombre muere no podrá hacer más obras y sólo se beneficiará de las donaciones que haya hecho para un fin benéfico y que perduren en el tiempo, del conocimiento que haya dejado y de los hijos piadosos que haya educado y que pidan a Dios por él”.

La familia de la persona fallecida sólo puede beneficiar, a su difunto, a través de las súplicas a Dios para que perdone sus pecados y tenga misericordia de él. A veces, personas ajenas a la familia hacen más obras en nombre del difunto que sus propios familiares. Algunos sabios dijeron: Muchas veces los familiares de la persona fallecida se disputan su herencia mientras algunos amigos y hermanos en la fe ruegan a Dios y Le piden por él. Dios dice: “¡Oh, creyentes! Ciertamente sus esposas e hijos pueden tornarse en sus enemigos que, al igual que éstos, los apartan de la obediencia a Dios. Líbrense de seguir sus deseos.” (Sagrado Corán 64:14)

Los bienes que una persona haya podido acumular durante su vida regresan tras su entierro y no lo acompañan en su tumba. Abu Hurairah relató que el Profeta dijo: “Las personas siempre exclaman: ¡Mi dinero! ¡Mi dinero! Pero el dinero que emplearon para comprar alimentos, fue consumido y despareció, el que emplearon para comprar vestimentas se gastó con el uso y que el que emplearon para hacer caridades se fue. Todo lo que después de esto les sobre, lo abandonarán algún día y quedará para quienes los hereden”.

La persona sólo es recompensada por sus bienes cuando los gasta en aquello que lo beneficia y en obras de caridad. Algunos sabios sostienen que el dinero que emplea para comer y vestirse no es ni a favor ni en contra suyo, a menos que los emplee con una intención pura y clara de complacer a Dios con ello por lo que, en ese caso, sí es recompensado. Existen sabios que dicen que la persona es juzgada por todos los bienes que gasta, incluso para alimentarse o vestirse.

Algunos reyes le preguntaron a Abu Hazim: ¿Por qué detestamos la muerte? Y él les respondió: Porque le dan mucho valor a la vida mundana. Han puesto el dinero como lo más importante para ustedes y odian separarse de él. Por ello si lo emplearan para la otra vida amarían rencontrarte con sus frutos el Día del Juicio. Dios dice: “No alcanzaran la piedad verdaderamente hasta que no den, en caridad, de lo que amán. Todo lo que dieran, Dios bien lo sabe.” (Sagrado Corán 3:92)

Respecto a las obras, éstas acompañan a la persona en su tumba, permanecen con él hasta su resurrección y pesan en la balanza de sus obras el Día del Juicio. Dios dice: “Quien obre rectamente, lo hará en beneficio propio, y quien obre el mal, lo hará en contra de sí mismo. Tu Señor no es injusto con Sus siervos.” (Sagrado Corán 41:46) “Quienes no hayan creído sufrirán las consecuencias de su incredulidad y quienes hayan obrado rectamente habrán preparado su propio terreno en el Paraíso.” (Sagrado Corán 30:44)

La persona en su tumba no tiene nada con que cobijarse y sólo encuentra alivio en sus obras. Es por ello que el musulmán inteligente es aquel que se prepara para lo que le espera después de su muerte y realiza buenas obras con las que podrá abrigarse en su tumba y que serán un gran alivio para él en ese etapa.

Algunos sabios dijeron: Trabaja para esta vida de acuerdo al tiempo que permanecerás en ella y obra para lo otra de acuerdo al tiempo que vivirás en ella.

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece. Y pido a Dios que perdone nuestros pecados, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

Segunda Jutba

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

¡Siervos de Dios! Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad y quien se aparte de ella será castigado el Día del Juicio.

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanos, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra. Dios dice: “Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.” (Sagrado Corán 16:90)

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias que se las incrementará.

Sepan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle pues, y pidan bendiciones por el Profeta Muhammad, realizando Ruegos y Súplicas a Dios.

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