El Card. Bergoglio a los catequistas: Trasparenten la alegría de la fe

Buenos Aires (AICA): El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, saludó a los catequistas en su día y les agradeció “el trabajo silencioso y fiel de cada semana, la capacidad de hacerse samaritanos que hospedan desde la fe, siendo rostros cercanos y corazones hermanos que permiten trasformar, de alguna manera, el anonimato de la gran ciudad”. También les dijo que “es bueno tomar conciencia de que hoy, más que nunca, el acto de creer tiene que trasparentar la alegría de la fe”, y los animó a vivir este ministerio “con pasión, con entusiasmo”
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, saludó a los catequistas en su día y les agradeció “el trabajo silencioso y fiel de cada semana, la capacidad de hacerse samaritanos que hospedan desde la fe, siendo rostros cercanos y corazones hermanos que permiten trasformar, de alguna manera, el anonimato de la gran ciudad”.El purpurado porteño exhortó, en el marco del Año de la Fe convocado por el papa Benedicto XVI, a que “se animen a transitar el tiempo presente con la fuerza transformadora de este acontecimiento”, y aseguró que “siempre nos hace bien volver nuestra mirada a la Virgen. Más a quienes, de una u otra manera, se nos confía la tarea de acompañar la vida de muchos hermanos, y así juntos, poder decirle sí a la invitación de creer”.

La catequesis se vería seriamente comprometida si la experiencia de la fe nos dejara encerrados y anclados en nuestro mundo intimista o en las estructuras y espacios que con los años hemos ido creando. Creer en el Señor es atravesar siempre la puerta de la fe que nos hace salir, ponernos en camino, desinstalarnos”, advirtió al recordar que “la primera iniciación cristiana que se dio en el tiempo y en la historia culminó en misión, que tuvo las características de visitación”.

“La experiencia de la fe nos ubica en experiencia del Espíritu signada por la capacidad de ponerse en camino. No hay nada más opuesto al Espíritu que instalarse, encerrarse. Cuando no se transita por la puerta de la fe, la puerta se cierra, la Iglesia se encierra, el corazón se repliega y el miedo y el mal espíritu ‘avinagran’ la Buena Noticia. Cuando el crisma de la fe se reseca y se pone rancio, el evangelizador ya no contagia sino que ha perdido su fragancia, constituyéndose muchas veces en causa de escándalo y de alejamiento para muchos”, agregó.

El primado argentino sostuvo que “es bueno tomar conciencia de que hoy, más que nunca, el acto de creer tiene que trasparentar la alegría de la fe”, y les pidió que “no dejen nunca que el mal espíritu estropee la obra a la cual han sido convocados. Mal espíritu que tiene manifestaciones bien concretas, fáciles de descubrir: el enojo, el mal trato, el encierro, el desprecio, el ninguneo, la rutina, la murmuración, el chismerío”.

“Soy consciente de las dificultades. Estamos en un momento muy particular de nuestra historia, incluso del país. El reciente Congreso Catequístico Nacional realizado en Morón fue muy realista en señalar las dificultades en la transmisión de la fe en estos tiempos de tantos cambios culturales. Quizás en más de una oportunidad el cansancio los venza, la incertidumbre los confunda e incluso lleguen a pensar que hoy no se puede proponer la fe, sino solamente contentarse con transmitir valores”, reconoció.

Por esto, recordó, “nuestro papa Benedicto XVI nos invita a atravesar juntos la puerta de la Fe. Para renovar nuestro creer y en el creer de la Iglesia seguir haciendo lo que ella sabe hacer, en medio de luces y sombras. Tarea que no tiene origen en una estrategia de conservación, sino que es raíz de un mandato del Señor que nos da identidad, pertenencia y sentido. La misión surge de una certeza de la fe. De esa certeza que, en forma de Kerygma, la Iglesia ha venido trasmitiendo a los hombres a lo largo de dos mil años”.

“Certeza de la fe que convive con mil preguntas del peregrino. Certeza de la fe que no es ideología, moralismo, seguridades existenciales, sino el encuentro vivo e intransferible con una persona, con una acontecimiento, con la presencia viva de Jesús de Nazaret”, aclaró.

El cardenal Bergoglio animó a los catequistas a vivir este ministerio “con pasión, con entusiasmo”, es decir, explicó, “es la experiencia de un Dios activo dentro de mí para ser guiado por su fuerza y sabiduría”, e insistió en que “el entusiasmo, el fervor al cual nos llama el Señor, bien sabemos que no puede ser el resultado de un movimiento de voluntad o un simple cambio de ánimo. Es gracia… renovación interior, transformación profunda que se fundamenta y apoya en una Presencia, que un día nos llamó a seguirlo y que hoy, una vez más, se hace camino con nosotros, para transformar nuestros miedos en ardor, nuestra tristeza en alegría, nuestros encierros en nuevas visitaciones”.

“Al darte gracias de corazón por todo tu camino de catequista, por tu tiempo y tu vida entregada, le pido al Señor que te dé una mente abierta para recrear el diálogo y el encuentro entre quienes Dios te confía y un corazón creyente para seguir gritando que El está vivo y nos ama como nadie. Hay una estampa de María Auxiliadora que dice: ‘Vos que creíste, ayudame!’ Que Ella nos ayude a seguir siendo fieles al llamado del Señor”, concluyó.+ 

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