El aquarium de Barcelona- redacción

El acuario de Barcelona, ubicado en la zona Maremagnum del Port Vell, de capital privado, intenta ante todo captar visitantes. Las defunciones ignoradas de peces, su forma de remplazarlos y las interacciones con humanos que ofrece, ponen en entredicho su acople con la ley de conservación de fauna silvestre.

“… Estáis a punto de sumergiros en las profundidades marinas y de descubrir un mundo tan desconocido como fascinante. Un mundo mágico y misterioso que os queremos acercar mostrándoos a sus habitantes y sus aspectos más curiosos. Un espectáculo vivo y cambiante, con unos diez mil organismos, de aproximadamente cuatrocientas cincuenta especies diferentes (…). No perdáis la oportunidad de tocar, mirar, escuchar y descubrir la naturaleza en Explora, un espacio interactivo concebido para dar a conocer el mundo submarino básicamente a los niños y niñas”.

Con lo anterior se presenta al público el Aquàrium de Barcelona, que justifica su existencia con la idea de la investigación científica y la divulgación. Dos aspectos por los que precisamente no se destaca esta empresa privada. Si bien, es cierto que aparecen algunos peces con su nombre científico en la miniguía que ofrecen a la entrada y en la guía recuerdo que se debe comprar aparte, lo cierto es que en la inmensa mayoría de los casos los animales no se presentan catalogados con sus correspondientes nombres en latín. Tampoco suelen dar una explicación de su entorno biológico, aunque sí que refieren algún aspecto de su vida en libertad. Personas que han trabajado en esta empresa reconocen que “no existe ningún afán divulgador, no se investiga”. Así, el objetivo primordial parece ser la mera exhibición de animales alejados de su entorno marino natural. Peces que el visitante percibe como “bien cuidados”, en una preciosa fachada, pero que han tenido que sufrir la captura y el traslado hasta estas atractivas instalaciones.

ADDA tuvo acceso en el año 2000 a ciertos documentos e información internas y una resolución de la Dirección General de Pesca y Asuntos Marítimos de la Generalitat de Cataluña, por la cual “visto que estos acuarios de exposición al público tienen un interés educativo, de estudio, investigación y difusión de los temas de salvaguarda de nuestros valores naturales marinos, vista la Orden de 4 de abril de 1995, por la por la cual se regula la extracción de organismos marinos vivos con finalidades científicas, educativas, culturales y acuariológicas en las aguas del litoral catalán, y dado que los organismos a recolectar son abundantes y representativos, con el compromiso de no capturar especies poco abundantes o de dificil adaptación a la cautividad, sin aprobación concreta y específica de esta Dirección General, ni de comercializarlas o reexportarlas, se autoriza la extracción de organismos animales vivos del litoral catalán”. Sin embargo, el mismo informe que incluye la autorización, aclara que “las capturas no siempre son de especies abundantes, sino de todo aquello que encuentran y son capaces de transportar hasta las instalaciones del Port Vell de Barcelona”. De forma similar a los zoológicos, no todos los ejemplares llegan con vida, o perecen al cabo de pocos días, pero estas incómodas bajas no constan en ninguna parte, ni nunca constarán. Animales de especies raras y poco abundantes mueren sin ningún sentido educativo, de estudio, de investigación ni de difusión, ya que con frecuencia no se sabe cómo adaptarlos a la cautividad, y ni tan sólo están identificadas de cara al público cuando se exhiben temporalmente antes de morir por causas diversas. Tampoco se cumple el compromiso de no comercializar ni reexportar los ejemplares obtenidos, ya que se intercambian especies con acuarios europeos y asiáticos, o se incentiva a pescadores de la zona, mediante pago en especie o dinero en metálico, para que realicen capturas en nombre del Aquàrium.

Parece ser, según fuentes internas del Aquàrium, que “se dan intercambios con otros acuarios aproximadamente una vez cada dos meses. A los tiburones los trasladan en unos cofres parecidos a los ataúdes, con agua que circula, para que puedan respirar. Incluso los traen desde el extranjero. Muchos de los animales sujetos a intercambios mueren en el trayecto”. El informante continúa explicando que “las personas que salen a capturar los animales no están autorizadas para hacerlo, y las condiciones no son precisamente las más adecuadas, ya que con frecuencia se recurre a triturar erizos para atraer a los peces, y suelen capturarse cantidades abusivas de individuos”. En consecuencia, resulta dudoso que la extracción de estos organismos por parte del personal del Aquàrium de Barcelona tenga por objetivo el difundir y promover entre los visitantes su preservación y conservación.

Para el Dr. Lluís Tort, catedrático en Fisiología, Biología e Inmunología Celular de la Universidad Autónoma de Barcelona, “aunque en general los acuarios están bastante bien preparados, el gran problema es la captura. En un estudio llevado a cabo por la Universidad de Brasil, se llegó a la conclusión de que la mortalidad durante la captura era de un 50%”.

Frente al cristal del Aquàrium rara vez se detiene a pensar en si los animales que se ven sufren la cautividad. Tal y como explica un experto, “los peces no son expresivos. No demuestran dolor o sufrimiento con su mirada o su forma de comportarse, pero lo que sí está claro es que pueden sufrir estrés. Los animales tienen respuestas distintas en dos tipos de situaciones diferentes: las breves o puntuales y las crónicas. En el primer caso, el animal se recupera rápidamente. En un momento de tensión, lo habitual es responder con la huida o la defensa. Pero cuando el hombre los mantiene cautivos pueden suceder dos cosas: que tengan la suficiente energía como para adaptarse y utilicen la facultad del aprendizaje, ya que los peces poseen memoria, o bien que se produzca una pérdida energética que los debilite y mueran”. Esta circunstancia suele darse con frecuencia, según demuestran las copias del registro de movimiento de peces que presenta el informe de un antiguo trabajador del Aquàrium. En un día cualquiera, por ejemplo el 7 de abril de 1997, murieron 28 ejemplares de diferentes especies.

Durante la visita realizada por inspectores de ADDA a las instalaciones se descubrieron conductas estereotipadas y repetitivas en los peces. A pesar de que está prohibido utilizar el flash para sacar fotos, varias personas contravinieron esta norma gracias probablemente a la falta de control, ya que ningún empleado hacía la ronda para velar por el cumplimiento de unas sencillas instrucciones que ahorran estrés a los peces. Consultado a este respecto, el Dr. Tort contesta que “aunque la vista no es su sentido más desarrollado, la luz intensa del flash los perturba”.

También se preguntó por las distintas actividades que ofrece este centro, entre ellas el espacio interactivo “Explora”, “concebido para dar a conocer el mundo submarino básicamente a los niños y niñas”, y en el que se permite tocar a los animales. Diversos estudios llevados a cabo en Reino Unido y Escocia demuestran el enorme perjuicio que esto les ocasiona: heridas, laceraciones, estrés crónico, además de las enfermedades que pueden transmitir las bacterias por el contacto con las manos sucias. Las actividades “Inmersión con tiburones” y “Dormir con tiburones” somete a estos animales a una constante invasión de su entorno, que se debe sumar a la captura y el traslado desde grandes distancias.

Estereotipos

Uno de los indicadores más importantes de problemas de salud a largo plazo son los comportamientos repetitivos y sin función, muy distintos de los que se observan en estas especies en su hábitat natural. En Escocia, según los datos correspondientes a la investigación llevada a cabo en este país, un 78% de los acuarios públicos estudiados mantiene animales con este tipo de problemas. En, al menos, un 22% de estos centros pueden observarse movimientos en espiral, una de las formas más severas de comportamientos estereotipados. En el 67% se descubren comportamientos de querer romper la superficie del agua, el más grave de estos trastornos, que se identifica especialmente en rayas y tiburones. En el Reino Unido, estos problemas se dan en un 90% de los acuarios estudiados. Más de un tercio (39%) de estos establecimientos mostraban más de 10 casos y un 16% más de 20 casos. Aunque en España no se ha llevado a cabo ninguna investigación semejante, y por tanto no se dispone de datos precisos, el panorama es semejante al descrito.

Conservación de las capturas

Según las investigaciones citadas anteriormente, cada año se capturan entre 15 y 30 millones de peces tropicales en 45 países de alrededor del mundo, además de cientos de miles de invertebrados. Las consecuencias son devastadoras para los arrecifes de coral, que se hallan en un grave peligro: el 27% de ellos corre un alto riesgo, el 31% un riesgo medio y el 42% un riesgo bajo. Los arrecifes son el biotopo más rico en especies del mundo. En Escocia, el 91% de las especies que se encuentran en los acuarios se extraen de su hábitat natural; en otros lugares del Reino Unido, esta cifra asciende al 95%. Para facilitar estas capturas se utilizan todavía productos químicos como la cianida, lo que comporta un elevado índice de mortalidad.

Un estudio reciente llevado a cabo en Indonesia demostró que entre un 49 y un 80% de los individuos capturados murieron durante su traslado hasta el exportador. El 70% de los peces murieron en un año a causa de estrés o enfermedad, y el 10% antes incluso de llegar a su destino.

La ley obliga a participar en programas de conservación

En España, la ley de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos define estos centros como “establecimientos, públicos o privados que, con independencia de los días en que estén abiertos al público, tengan carácter permanente y mantengan animales vivos de especies silvestres para su exposición”, lo que incluye a los acuarios. Éstos deben ser “una fuente de conocimientos científicos que esté a disposición de universidades, de instituciones dedicadas a la investigación y de organizaciones comprometidas con la conservación de la naturaleza, a fin de que estas entidades puedan contribuir no sólo a la exposición ‘ex situ’ de las especies silvestres, sino también a su conservación ‘in situ’ a medida que sus hábitats se van reduciendo y su distribución geográfica se va haciendo más fragmentada”. Así pues, les corresponde obligatoriamente “proporcionar a cada una de las especies un enriquecimiento ambiental de sus instalaciones y recintos, con el objeto de diversificar las pautas de comportamiento que utilizan los animales para interaccionar con su entorno, mejorar su bienestar y, con ello, su capacidad de supervivencia y reproducción”, lo que no se corresponde con la realidad constatada.

Los acuarios deben elaborar, desarrollar y cumplir con una serie de programas de conservación “ex situ” de especies de fauna silvestre que, al realizarse fuera de su hábitat natural, debe estar orientado a contribuir a la conservación de la biodiversidad. Resulta difícil justificar el cautiverio de animales en nombre de su conservación si se mantiene a especies en peligro sin formar parte de programas específicos. En el Reino Unido, de todas las especies que se encuentran en los 31 acuarios públicos investigados, tan sólo uno, el pingüino de Humboldt, forma parte de un Programa Europeo de Especies Protegidas.

Según la página web del Aquàrium de Barcelona, se han incorporado a sus instalaciones caballitos de mar barrigudos (Hippocampus abdominalis) y dragones de mar de las algas (Phyllopterix taeniolatus) procedentes de Australia, ambas especies protegidas y en peligro, sin que aparezca información acerca de a qué programa pertenecen.

Liberar por un exceso de ejemplares

Según las investigaciones realizadas en el Reino Unido, al menos un 45% de los acuarios

estudiados liberan animales por razones que no se corresponden con su conservación; por ejemplo, un exceso de ejemplares de una especie determinada. Esta práctica es contraria al bienestar del entorno y del individuo implicado, ya que el animal suele perder su facultad de valerse por sí mismo en libertad y perece poco después de su liberación, siendo presa fácil e inmediata de otros depredadores

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