El año en que big data se hizo grande

En primer lugar, algunos datos: el Big Data fue tema este año del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, con un informe titulado «Big Data, Big Impact». En marzo, el gobierno de los Estados Unidos anunció programas de investigación de 200 millones de dólares en computación de Big Data.

El New York Times ha adoptado el término en títulos como «La era del Big Data» y «El Big Data en la universidad». Un indicio inequívoco de su advenimiento apareció en julio, cuando se convirtió en elemento de sátira en la tira cómica «Dilbert», de Scott Adams.

«Viene de todas partes. Lo sabe todo», dice un cuadro, y el siguiente concluye que «su nombre es Big Data».

La historia del Big Data es la constitución de un concepto. Aquí parecen estar en funcionamiento dos componentes vitales. El primero es que el propio término no es demasiado técnico, pese a lo cual es contagioso y vagamente evocador. El segundo es que detrás del término hay una serie de tecnologías en evolución que son muy prometedoras, así como algunas dificultades.

Big Data es un rótulo que significa aplicar las herramientas de la inteligencia artificial, como el aprendizaje de las máquinas, a gran cantidad de nuevos datos.

Las fuentes de esos nuevos datos comprenden el rastreo de la información de búsquedas en la Web, redes sociales, información de sensores y de seguimiento.

La combinación del torrente de datos y algoritmos de software inteligente abre la puerta a nuevas oportunidades de negocios. En teoría, el Big Data podría mejorar la toma de decisiones en campos que van de los negocios a la medicina y permitir que las decisiones se basen cada vez más en información y análisis en lugar de en la intuición y la experiencia.

«El término en sí es vago, pero está llegando a algo que es real», dice Jon Kleinberg, un especialista en informática de la Universidad Cornell en Ithaca, Nueva York. «Big Data es un rótulo para un proceso que tiene la posibilidad de transformarlo todo».

Según varios especialistas en informática y ejecutivos del sector, 2008 fue el año en que el término «Big Data» empezó a cobrar popularidad en los círculos tecnológicos. La revista Wired publicó un artículo que presentó de forma convincente las oportunidades e implicaciones del torrente moderno de datos. Ese nuevo estilo de computación, sostuvo Wired, fue el comienzo de la Era del Petabyte. Se trataba de un artículo excelente, pero la expresión «petabyte» era demasiado técnica para llegar a un ámbito masivo.

Por otra parte, es inevitable que los petabytes de datos cedan paso a bytes aun mayores: exabytes, zettabytes y yottabytes. Algunos señalaron que Big Data era un término de marketing. Pero el buen marketing es una comunicación pensada y efectiva, una habilidad valiosa en cualquier campo.

A Rod A. Smith, un investigador técnico de IBM y vicepresidente de tecnologías emergentes de Internet, le gusta el término porque desplaza el eje de la maquinaria del manejo de datos o las mediciones precisas del volumen de datos. «El Big Data pasa por los nuevos usos y perspectivas, no tanto por la información en sí», dice.

Pero el Big Data también tiene una connotación más oscura en su condición de primo lingüístico de Big Brother, Big Oil y Big Government. «Si bien no es deliberado, no se puede negar que tiene un aire siniestro», señala Fred R.

Shapiro, editor del Yale Book of Quotations.

Los entusiastas del Big Data dicen que las ventajas superan con creces a los riesgos. De todos modos, las tecnologías inteligentes que prometen observar, registrar y sacar conclusiones sobre el comportamiento humano en un grado sin precedentes, deberían generar algunas dudas, tanto entre quienes crean esas tecnologías como entre las personas que las usan. 

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