EL AMOR,LA PASIÒN Y LA CULPA

“Séptimo Cielo”, “Novena Nube” o “Nunca es tarde para amar” (el nombre que tiene en Argentina), la película de Andreas Dresen me recordó otra película muy discutida en su momento (1965): “La Felicidad” de Agnes Varda.
En ambas películas, una pasión irrefrenable entra en un mundo amoroso, tierno y tranquilo y lo devasta.
En la película de Varda los personajes son jóvenes, hermosos y perfectos, casi ideales; si se presenta esa imagen idílica de la familia es porque Varda quiere reflexionar sobre los dogmatismos con respecto al amor, la monogamia y la unidad familiar burguesa.
Esta imagen es arrasada cuando la pasión se instala en la vida de uno de ellos y arrastra al otro al suicidio; de ahí en más todo se nos pone en discusión, estamos en los años 70.
En la “Novena Nube”, título equivalente a “La Felicidad”, los personajes son viejos, ¿tercera edad, cuarta edad? Y aquí está la gran subversión del director: mostrarnos esos cuerpos que la cultura invisibiliza: las arrugas, los músculos fláccidos, los vientres caídos y todo eso iluminado por el erotismo.
La vejez, el ocaso de la vida, tiernamente fotografiados en la media luz de la casa matrimonial y esa otra luz, radiante casi enceguecedora que envuelve a los amantes.
La luz, la cámara y la mirada del director no son menos bellas y conmovedoras que lo que muestran. No transfiguran, no retocan, no transforman, muestran lo que hay: la belleza y la presencia de un amor desatado de todo convencionalismo.
Y esto es mucho decir en un mundo donde todo lo viejo es basura o carne de geriátrico.
Pero…cuando el director decide ese final trágico, ¿qué nos dice? ¿qué nos propone pensar? ¿que la pasión y la culpa son inseparables? La protagonista dice ante la tragedia “yo soy la culpable”. Y aquí el paraíso se nos vuelve infierno. Todo amor es una caída.
Es en este final donde, creo que la película pierde esa hermosa libertad que había encontrado en los cuerpos viejos y se vuelve vieja encerrándose en la culpa.
Agnes Varda casi 50 años antes, cuestionaba los valores y los dogmatismos.
Dresen los confirma.
Yo hubiera preferido un final abierto a partir del cual cada uno de nosotros pudiera pensar otra vez ¿qué es amar? ¿qué es la libertad? ¿qué es la pasión? Y las muchas otras preguntas que el film propone. •

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