El amor y la revolución, según Tina Modotti

Fotógrafa, miembro del Partido Comunista, revolucionaria, responsable del Socorro Rojo Internacional. Mujer jugada, cautivó a hombres que dejaron huella. Trabajó como empleada en una fábrica textil, fue modelo, actriz de Hollywood, de teatro, y luego tomó el camino de viajera incansable en la causa revolucionaria. Fue, sobre todo, una mujer con una biografía apasionante, a contrapelo del México tradicionalista de los años veinte.

Tina Modotti. Fotógrafa y revolucionaria reúne en el Centro Cultural Borges una selección de cien fotografías, pertenecientes a la galería Bilderwelt de Berlín, que recorren distintas series de esta fotógrafa que entre 1923 y 1930 logró una vasta producción fotográfica, antes de dejar la cámara por la revolución.

Amiga de Diego Rivera, que la retrató en murales; Frida Kahlo, Siqueiros, Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández, Modotti publicó muchas de sus fotos en medios de México y de otros países y en “El Machete”, órgano oficial del Partido Comunista Mexicano.

“Su obra fotográfica es un paradigma de la fusión entre la cultura revolucionaria mexicana y la estética fotográfica vanguardista”, dice Blanca María Monzón, curadora de la muestra junto con el alemán Reinhard Schultz, director de la galería Bilderwelt, especialista en la obra de Modotti y en los aspectos más ocultos de su biografía. La muestra –son modern prints , es decir, no son copias de época sino copias actuales, hechas a partir de negativos en Alemania por Schultz– es un recorrido que va desde sus primeras fotos, donde se evidencia la influencia de Edward Weston, hasta la Modotti con sello propio que deja de lado las estructuras despojadas y las composiciones más geométricas y avanza con los retratos para después meterse con series como Madres y niños , Campesinos , Trabajo y miseria , Revolución y Mujeres de Tehuantepec . Hay fotografías inolvidables: las asambleas campesinas, los sarcófagos de dirigentes campesinos asesinados (1927), Diego Rivera en un mitin del Socorro Rojo Internacional, el Comité Nacional de la Organización de los Jóvenes Comunistas y una foto de los chicos pioneros en Berlín (1930). Se exhibe también la conocida “Mujer con bandera”, una de las pocas fotografías preparadas que hizo Modotti, y se proyecta en sala The Tiger´s Coat (1920, EE.UU.), una de las películas mudas en la que actuó.

“Trato de no producir arte”, señaló en una oportunidad de sus imágenes simples, sin pretensiones y potentes que pusieron el foco, entre otros temas, en la organización del partido, en el trabajo y los medios de producción, y en símbolos revolucionarios como la hoz y el martillo.

Tras un largo olvido, la obra de Modotti empezó a revalorizarse vertiginosamente. “Hoy es considerada una de las fotógrafas más destacadas del siglo XX”, dice Reinhard Schultz.

Hay, además, una serie de bellísimos retratos de Modotti actriz y un sector dedicado a los deslumbrantes desnudos que le hizo Weston y que en la época causaron polémica.

Con 17 años y paso fugaz por la escuela, Tina Modotti emigró a Los Estados Unidos siguiendo a su padre y a su hermana, que habían viajado a San Francisco siete años antes, en 1906, escapándole a la pobreza de Italia. Su pareja, el pintor y poeta Roubaix de l’Abrie Richey murió en 1922, de viruela. Luego, tuvo una relación con el famoso fotógrafo Edward Weston, su primer maestro. Juntos viajaron a México. “Tina se identificó a tal punto con la cultura y con la gente que inició su militancia política”, cuenta Monzón. Weston regresó a EE.UU. y al tiempo Tina conoció al muralista Xavier Guerrero, miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano. Luego llegaría el gran amor de su vida: Julio Antonio Mella, cofundador del Partido Comunista en Cuba, que planificaba derrocar al dictador Machado. Llegaría también el final trágico: Mella fue asesinado frente a Modotti en 1929. El jefe de policía junto con la derecha mexicana inventaron la historia de un crimen pasional con el papel estelar de Tina Modotti como asesina, dejando de lado la investigación por el asesinato político. “La verdad es que Machado contrató a una persona para que lo asesinara”, afirma Schultz.

Y hubo un quiebre para siempre en Tina, que llegó a confesar que la tristeza le impedía seguir: “Si me permites emplear la palabra derrota, en este caso te diré que la derrotada me siento yo por no tener más nada que ofrecer y por no tener más fuerzas para la ternura”, le escribía a un amigo ese año. Se exhiben fotos inolvidables: Mella apolíneo, heroico. Otra imagen: su máquina de escribir de la que asoma la hoja tipeada con un texto de Trotsky. Siguiente foto tomada por Modotti: Mella muerto, en un plano cerrado que estremece.

En 1930, el atentado al presidente electo Ortiz Rubio fue el pretexto justo para que el gobierno iniciara una cacería de militantes del Partido Comunista en todo el país. Siqueiros cayó preso. Después de pasar trece días en la cárcel, Modotti fue liberada con la condición de abandonar México en dos días. El primer destino fue Berlín; luego Moscú, desde donde, como responsable en el Socorro Rojo de las relaciones con las secciones latinoamericanas, hizo arriesgados viajes clandestinos a otros países para ayudar a presos políticos. Siguieron Viena, España, París. En 1932 su pareja era Vittorio Vidali, comisario político del V Regimiento en la Guerra Civil Española. En España, Modotti fue una de las figuras centrales del Socorro Rojo Internacional: se ocupó de tareas administrativas y de gestión hasta de la atención de víctimas en los hospitales y también fue asistente del médico canadiense Norman Bethune, el primero en hacer transfusiones de sangre en el campo de batalla. “Tina Modotti fue una persona generosa, amada por todos los que la conocieron en su trabajo, principalmente por su entrega durante la Guerra Civil Española”, señala Monzón.

Regresó a México en 1939 como “persona non grata” y poco después el presidente Lázaro Cárdenas anuló aquella expulsión de 1930. Tras el pacto entre Stalin y Hitler, cortó relación con el partido, y la arena política la distanció también de viejos amigos como Frida y Diego Rivera.

“Murió pobre y débil, muy triste, sola y decepcionada, pero hasta último momento, ayudando a la gente”, apunta Schultz. Y aunque hasta hoy siguen las dudas sobre su muerte, el galerista sostiene que son infundadas: “La prensa acusó a Vidali de asesinarla por encargo del servicio secreto soviético, pero no hubo nada de cierto: murió de un infarto”.

“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes./Tal vez tu corazón oye crecer la rosa/de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa./Descansa dulcemente, hermana.”, así empezaba el poema Tina Modotti ha muerto que escribió Neruda, uno de los pocos viejos amigos con los que siguió en contacto.

“El arte –escribió Modotti– no puede existir sin la vida, lo reconozco, pero (…) en mi caso la vida está luchando siempre por imponerse, y el arte, como es natural, sufre en esas circunstancias”. En ella, hubo un momento en que arte y vida se unieron en un camino de acción vinculado con la política y, al mismo tiempo, con el amor.

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