EL AMOR ESTÀ EN EL AIRE

Como humanos, damos muchas cosas por sentado. Con seguridad, una es la habilidad de caminar, gatear o incluso, después de unos cuantos tragos, arrastrarnos hacia un adorable miembro del sexo opuesto.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-07-04 AUTOR: ROB DUNN
En gran parte de la larga historia de la vida verde en la tierra, las plantas tuvieron que estar muy cerca unas de otras, casi tocándose, para poder aparearse. El musgo libera sus anterozoides en el agua de lluvia para que puedan flotar hacia sus parejas cercanas, al igual que otras plantas primitivas, pero este método requiere de humedad. La vegetación sólo podía sobrevivir en esos rincones húmedos donde las gotas de agua conectaban, de manera confiable, a un macho con una hembra. La mayor parte de la Tierra era parda.

Entonces, un día, hace más de 375 millones de años, sucedió: en un linaje de plantas evolucionaron los granos de polen y las semillas; desde entonces nada volvió a ser igual. No andemos con rodeos, en el polen están las microsporas de las plantas ?dos individuos por grano? rodeadas por una membrana, a menudo dorada, que les ofrece protección y transporte. Fue un truco evolutivo que transformó el mundo al permitir que los extraños tuvieran sexo.

Sin embargo, la fecundación era poco probable. El polen se veía arremetido por ráfagas de viento dejando al azar el logro de los objetivos. Con el tiempo se desarrollaron más artimañas. Las bolsas de polen explotaban, lo que impulsaba los granos. El polen desarrolló alas semejantes a globos para atrapar la brisa. Las plantas empezaron a producir miles, millones, miles de millones de granos individuales; tantos que alguno tendría que tener éxito.

El objetivo que cada uno de esos miles de millones de granos de polen persigue es el óvulo desnudo (la futura semilla) de otra planta de la misma especie. En el óvulo, que contiene una célula huevo, el grano de polen intenta formar un tubo para conectar el espermatozoide y el óvulo. Si el polen aterriza en la especie de planta equivocada, o es muy débil, el tubo no se forma, aunque con frecuencia sí. Entonces uno de los dos espermatozoides, el elegido, viaja hacia la fertilización y una semilla viable se desarrolla.

La vida siguió este procedimiento, con el polen llevado por el viento y el azar hacia los óvulos, por millones de años, hasta que las cosas volvieron a cambiar: «una violenta explosión silenciosa», como la llamó la naturalista Loren Eisley. Las semillas evolucionaron protegidas en frutos, rodeadas de pétalos en algunos individuos de un cierto linaje. Ese linaje, las angiospermas, tuvo más suerte porque sus óvulos estaban protegidos (en ovarios que se convierten en frutos) y porque los pétalos atraían animales que, aunque fuera de manera accidental, se llevaban el polen en sus plumas, en su piel o su pelo. Los animales llevaban el polen de una flor a otra de manera más consistente que el viento, así que las plantas con pétalos más atractivos eran más favorecidas. Las flores desarrollaron una inmensa variedad de colores, además del néctar, un atractivo adicional. Los animales llegaron por millares. Los colibríes y los pájaros mieleros desarrollaron picos largos para alcanzar el néctar.

Al permitir que las plantas tengan sexo a distancia, el polen y, en última instancia, las flores propiciaron una diversificación explosiva, haciendo que un planeta pardo se tornara verde, rojo, amarillo, blanco, anaranjado y de todos colores. El polen también se diversificó. En las 300,000 especies de plantas que tienen polen hay 300,000 formas diferentes de polen. La gran variedad de colores, formas y texturas de los granos ha evolucionado de acuerdo con las particularidades biológicas de cada planta. Las plantas polinizadas por escarabajos tienden a tener polen suave y pegajoso, lo mejor para adherirse en las espaldas de los escarabajos que se mueven lentamente. Las plantas polinizadas por las abejas o moscas, que se mueven rápido, pueden tener polen espinoso que se adhiere con facilidad entre los vellos de los insectos. Las plantas polinizadas por animales más grandes, como los murciélagos, a veces tienen polen más grande, aunque no siempre (incluso ni siquiera las más de las veces). En los detalles de la variedad del polen hay mucho más que explicar de lo que se ha llegado a entender.

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