El amor es la única fuerza que puede transformar el mundo


Milán (Italia), 4 Jun. 12 (AICA)
El Papa durante la misa de clausura del Encuentro Mundial de las Familias.

El Papa durante la misa de clausura del Encuentro Mundial de las Familias.

En su homilía durante la Misa de clausura del VII Encuentro Mundial de las Familias, en el Parque Bresso de Milán ante más de un millón de fieles, Benedicto XVI señaló a los esposos asistentes al Encuentro que recuerden que, a pesar de las dificultades que enfrenta la vocación matrimonial en estos tiempos, el amor “es la única fuerza que puede verdaderamente transformar el mundo” y resaltó que el amor que se vive en el matrimonio “es fecundo, en primer lugar, para ustedes mismos, porque desean y realizan el bien el uno al otro, experimentando la alegría del recibir y del dar.
     Es fecundo también en la procreación, generosa y responsable, de los hijos, en el cuidado esmerado de ellos y en la educación metódica y sabia”.
     “Es fecundo, en fin, para la sociedad, porque la vida familiar es la primera e insustituible escuela de virtudes sociales, como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación”.
     El Santo Padre precisó que “Dios creó el ser humano hombre y mujer, con la misma dignidad, pero también con características propias y complementarias, para que los dos fueran un don el uno para el otro, se valoraran recíprocamente y realizaran una comunidad de amor y de vida. El amor es lo que hace de la persona humana la auténtica imagen de Dios”.
     “Ante ustedes está el testimonio de tantas familias, que señalan los caminos para crecer en el amor: mantener una relación constante con Dios y participar en la vida eclesial, cultivar el diálogo, respetar el punto de vista del otro, estar dispuestos a servir, tener paciencia con los defectos de los demás, saber perdonar y pedir perdón, superar con inteligencia y humildad los posibles conflictos, acordar las orientaciones educativas, estar abiertos a las demás familias, atentos con los pobres, responsables en la sociedad civil”.
     Benedicto XVI subrayó que “todos estos elementos construyen la familia. Vívanlo con valentía, con la seguridad de que en la medida en que vivan el amor recíproco y hacia todos, con la ayuda de la gracia divina, se convertirán en evangelio vivo, una verdadera Iglesia”.
     El Santo Padre pidió a los esposos que cuiden a sus hijos y les transmitan “razones para vivir, la fuerza de la fe, planteándoles metas altas y sosteniéndolos en las debilidades”.
     “Pero también ustedes, hijos, procuren mantener siempre una relación de afecto profundo y de cuidado diligente hacia sus padres, y también que las relaciones entre hermanos y hermanas sean una oportunidad para crecer en el amor”.
      En su homilía, el Papa recomendó a las familias que pidan frecuentemente la ayuda de la Virgen María y San José para que les enseñen a recibir el amor de Dios, tal como ellos lo recibieron.
     Benedicto XVI también se dirigió a aquellos fieles que, a pesar de compartir y vivir las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia “están marcados por las experiencias dolorosas del fracaso y la separación. Sepan que el Papa y la Iglesia los sostienen en su dificultad”.
     “Los animo a permanecer unidos a sus comunidades, al mismo tiempo que espero que las diócesis pongan en marcha adecuadas iniciativas de acogida y cercanía”.
     El Papa recordó a las familias que “para nosotros, cristianos, el día de fiesta es el domingo, día del Señor, pascua semanal”.
     “Queridas familias, a pesar del ritmo frenético de nuestra época, no pierdan el sentido del día del Señor. Es como el oasis en el que detenerse para saborear la alegría del encuentro y calmar nuestra sed de Dios”.
     El Papa destacó que familia, trabajo y fiesta son “tres dones de Dios, tres dimensiones de nuestra existencia que deben encontrar un equilibrio armónico”.
     “Armonizar el tiempo del trabajo y las exigencias de la familia, la profesión y la maternidad, el trabajo y la fiesta, es importante para construir una sociedad de rostro humano”.
     Benedicto XVI afirmó que “es necesario aprender, antes de nada en familia, a creer en el amor auténtico, el que viene de Dios y nos une a él y precisamente por eso nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea ‘todo para todos’”.+

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