El acelerador a fondo

Novela de aventuras pero también de aprendizaje, donde se narra un viaje con una interesante dosis de suspenso, drogas y traiciones, pero también y finalmente una singular historia de amor. Los que hemos amado, de Willy Uribe, es una de esas extrañas narraciones que se leen de un tirón, y logran mantener de principio a fin el interés del lector.

Con el mar como telón de fondo omnipresente, la novela cuenta la historia de dos amigos, Eder Berasaluze y Sergio Santos, de diecinueve y veinte años respectivamente, vascos los dos, el primero de muy buena familia y el segundo, pobre e hijo natural. Los dos amigos se lanzan a las rutas españolas con el único sueño de llegar al Anchor Point, en Marruecos, para pasar una temporada a pleno mar con sus tablas de surf y mucho hachís. Pero desde el principio, el lector puede intuir que se trata de una amistad bien despareja. La historia está narrada desde la voz de Sergio Santos y termina donde comienza, en Algorta, un pueblo junto a la desembocadura del río Nervión, a quince kilómetros de Bilbao, en el país vasco. Sin embargo, entre el principio y el final transcurre una travesía de varios miles de kilómetros que el autor elige contar en dos partes: desde Algorta hasta Assaka, en el sur de Marruecos, la primera, y de regreso de Assaka a Algorta, en la segunda parte. De esta manera, la narración del viaje en la primera parte se convertirá en el relato de una huida en la segunda.

La amistad entre Eder y Sergio es, a todas luces, despareja. Sergio es un chico acomplejado que sostiene una tortuosa relación con su joven madre, Adela Santos, a quien acusa en su interior de no haberse nunca hecho cargo de él. Eder, en tanto, se muestra desde el principio como perteneciente al grupo de los ganadores, de aquellas personas que sabe llevarse todas las situaciones por delante. Lo que comienza como un viaje de placer, con las olas a barrenar como único desafío, irá poco a poco convirtiéndose en una extraña historia de indefinición sexual, donde la homosexualidad acecha siempre como imposibilidad de ser dicha y vivida, y donde también se comienza a perfilar un mundo de traficantes y traidores.

Estamos en la España de principios de los ochenta, con la sombra del franquismo que acecha a diario y donde los jóvenes no logran encontrar su lugar en el mundo. Sergio Santos, el protagonista, define así el espíritu que los anima: “Desvirgarme en aeropuertos y volar por primera vez tenían el mismo valor que traficar con hachís o intentar degollar a un travesti. Todo era parte de una experiencia de la que no sería capaz de extraer enseñanza importante alguna”.

Con capítulos cortos, diálogos muy ágiles y rápidos cambios de escenario, Los que hemos amado fluye y logra mantener siempre una atmósfera de peligro latente. Un salto, más de cincuenta metros en vertical sobre el mar y las rocas. Eso, y nada más que eso, parece ser la vida.

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