EL ABISMO

 

El joven y el anciano habían pasado la noche en la Posada, hablando con un amigo de éste, mientras degustaban un fuerte tabaco en sus largas pipas…

.- Venerable – dijo el joven cuando retornaron al Viejo Sendero –me ha sorprendido observar que tu amigo, pese a tener un agudo y profundo discernimiento, no emite opiniones personales ni juicios condenatorios hacia nadie…

.- ¿Y qué es lo que te sorprende de ello, amigo mío?…

.- Que discierne, con verdad y justicia, pero no condena…

.- Mi amigo comprende la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, las luces y las sombras, pero su función en el Viejo Sendero no es condenar sino, precisamente, comprender y ayudar a comprender… Él no es un látigo sino un báculo al servicio del perplejo caminante…

.- Pero, venerable – dijo el joven, pensativo – ¿Cómo puede alguien diferenciar lo bueno de lo malo y abstenerse de emitir juicio sobre ello?…

El anciano guardo silencio por unos segundos y finalmente, mirando el horizonte, suspiró…

.- Veras, amigo mío – dijo lentamente mientras encendía su pipa – un día, en medio de la vorágine del pueblo, Aquel que Es derramó su Luz sobre él, que desde entonces supo y recuerda que Todo Es Uno… No obstante, en cierto momento, sucumbió al orgullo de saber…

El anciano debió guardar silencio de nuevo, con los ojos nublados…

.- Entonces – continuó diciendo – Su incognoscible e incuestionable Voluntad, lo hizo atravesar la fragua de las propias sombras, después de lo cual regresó templado como una espada y humilde como el polvo del Camino…

.- ¿Conoció sus propias sombras?…

.- No solo las propias; mi amigo fue abismado a profundidades que pocos tolerarían y que nadie querría… Allí, fue confrontado con las sombras ancestrales y abismales de la naturaleza misma, sombras antiguas y poderosas que habitan y se mueven en los fondos más oscuros y olvidados de todos los seres vivos…

El joven miraba con ojos atentos y asombrados al anciano, que continuó su relato…

El Abismo

El joven y el anciano habían pasado la noche en la Posada, hablando con un amigo de éste, mientras degustaban un fuerte tabaco en sus largas pipas…

.- Venerable – dijo el joven cuando retornaron al Viejo Sendero –me ha sorprendido observar que tu amigo, pese a tener un agudo y profundo discernimiento, no emite opiniones personales ni juicios condenatorios hacia nadie…

.- ¿Y qué es lo que te sorprende de ello, amigo mío?…

.- Que discierne, con verdad y justicia, pero no condena…

.- Mi amigo comprende la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, las luces y las sombras, pero su función en el Viejo Sendero no es condenar sino, precisamente, comprender y ayudar a comprender… Él no es un látigo sino un báculo al servicio del perplejo caminante…

.- Pero, venerable – dijo el joven, pensativo – ¿Cómo puede alguien diferenciar lo bueno de lo malo y abstenerse de emitir juicio sobre ello?…

El anciano guardo silencio por unos segundos y finalmente, mirando el horizonte, suspiró…

.- Veras, amigo mío – dijo lentamente mientras encendía su pipa – un día, en medio de la vorágine del pueblo, Aquel que Es derramó su Luz sobre él, que desde entonces supo y recuerda que Todo Es Uno… No obstante, en cierto momento, sucumbió al orgullo de saber…

El anciano debió guardar silencio de nuevo, con los ojos nublados…

.- Entonces – continuó diciendo – Su incognoscible e incuestionable Voluntad, lo hizo atravesar la fragua de las propias sombras, después de lo cual regresó templado como una espada y humilde como el polvo del Camino…

.- ¿Conoció sus propias sombras?…

.- No solo las propias; mi amigo fue abismado a profundidades que pocos tolerarían y que nadie querría… Allí, fue confrontado con las sombras ancestrales y abismales de la naturaleza misma, sombras antiguas y poderosas que habitan y se mueven en los fondos más oscuros y olvidados de todos los seres vivos…

El joven miraba con ojos atentos y asombrados al anciano, que continuó su relato…

.- ¿Comprendes, amigo mío? Lo que allí encontró fueron sombras tremendas, que el mundo pugna por olvidar e incluso negar… Halló su propia capacidad para el mal, su potencial condición demoniaca, su lado oscuro, lo terrorífico y aterrador de sí mismo y del mundo… Y también lo seductor y placentero que las sombras esgrimen ante aquel que se atreve a internarse en sus laberintos, a fin de confrontarlas…

.- Pero el venció en esa lucha, ¿verdad, venerable? – pregunto el joven cuando encontró su voz…

.- No, nadie puede vencer, por si mismo y a solas, en esa desigual batalla…

.- Pero tú has dicho que salió mejor de lo que entró…

.- Asi es… Al ser abismado sintió un dolor y sufrimiento indescriptibles y una espantosa y aterradora soledad; entonces, cuando estaba a punto de sucumbir, recordó su identidad con Aquello que Somos y decidió abandonar la lucha y aceptar que ningún ser individual puede ser fuerte frente a esas sombras que viven en cada uno de nosotros… Y así fue que pidió humildemente Su asistencia en el trance…

.- Tu amigo debió llorar mucho, venerable…

.- Muchísimo – respondió el anciano con rostro contraído y ojos húmedos – y sus lágrimas curaron su corazón enfermo de orgullo; y así accedió a un nuevo estado de paz y claridad, estando aun en medio del abismo…

El joven miro con intriga al anciano…

.- ¿Y qué te ha dicho al regresar?…

.- Que nadie, que sea honesto consigo mismo, puede verdaderamente juzgar a su hermano, pues no existe ser alguno que esté libre de sombras…

.- ¿En que consistió, venerable, la aceptación que lo salvo?…

.- En aceptar que no somos, en sustancia, mejores que nada ni nadie y que, en esencia, todos somos uno en el Uno, uno con El…

El anciano exhaló lentamente una larga columna de humo blanco, que se esfumó en el aire…

.- Mi amigo comprendió que, como el humo de las pipas, somos efímeros e insustanciales y rápidamente nos esfumamos, disipados por el Viento, en el cosmos…vvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvv

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