EE.UU., un país que pierde sus destrezas

Dominar herramientas y trabajar con las manos es algo que se pierde en Estados Unidos como pasatiempo, como habilidad valorada y como influencia cultural que moldeó el pensamiento y la conducta en extensos sectores del país.

La autoimagen de EE.UU. como país de empuje, con inventiva y determinación, sufre ahora un deterioro.

La educación vocacional tradicional en secundarias públicas decae gradualmente. Las universidades, por su parte, han graduado a menos ingenieros químicos, mecánicos, industriales y metalúrgicos desde 1985.

El declive se inició en los 50, cuando la manufactura generó la considerable cifra del 28 por ciento del PIB y empleaba a una tercera parte de la fuerza laboral. Hoy en día, la producción de las fábricas genera sólo el 12 por ciento del PIB y emplea apenas al 9 por ciento de los trabajadores de la nación.

«En una generación anterior, perdimos nuestro vínculo con la tierra y ahora perdemos nuestro vínculo con la maquinaria de la que dependemos», dice Michael Hout, sociólogo en la Universidad de California, en Berkeley.

«La gente que trabaja con las manos hace actualmente cosas a las que llamamos empleos de servicio, en restaurantes y lavanderías, o en tecnología médica y similares».

Esa es una explicación para el declive en los oficios tradicionales. La falta de interés es otra: los grandes ingresos están en otras áreas, como las finanzas.

La presencia reducida de la manufactura sin duda ayuda a explicar el declive en los oficios, al menos porque muchos de los empleados de la línea de ensamblaje de la nación realizaban trabajo manual calificado, si no en su empleo, al menos en su tiempo libre. En un estudio realizado a fines de los 90 sobre empleados de clase obrera en la planta de General Motors (ahora cerrada) en Nueva Jersey, la socióloga Ruth Milkman de City University, en Nueva York, encontró que muchos trabajadores de línea de ensamblaje, en sus horas libres, realizaban renovaciones para el hogar y otras labores especializadas.

«Frecuentemente he pensado», dice Milkman, «que estas labores extracurriculares eran un esfuerzo por parte de los trabajadores para recobrar su dignidad después de sufrir la degradación de la labor repetitiva en la línea de ensamblaje en la fábrica».

Los oficios tienen un mayor estatus en naciones como Alemania, que invierte en programas de aprendices de oficios para estudiantes de secundaria.

Milkman argumenta que la artesanía estadounidense no desaparece con tanta rapidez como algunos argumentan –que en lugar de ello ha pasado a los inmigrantes. «El orgullo en la artesanía está vivo en el mundo inmigrante», afirma.

Sol Axelrod, de 37 años, gerente de una tienda Home Depot, en New Rochelle, aprendió a arreglar su propio auto cuando era adolescente, e incluso a cambiar los frenos. Ahora, encuentra a artesanos inmigrantes reunidos en grandes cantidades afuera de su tienda temprano por las mañanas, a la espera de que abra para poder comprar materiales para su trabajo del día como contratistas.

Axelrod también dice que la recesión y el desempleo persistentemente alto han obligado a muchas personas a intentar ahorrar dinero haciendo más cosas ellos mismos, y Home Depot, en respuesta, ofrece clases sobre cómo arreglar grifos y otras reparaciones simples.

«Nuestros clientes tal vez no construyan gabinetes ni terrazas de madera; nosotros tratamos de hacer eso por ellos», dice Axelrod, «pero algunos intentan incrementar sus habilidades para poder hacer más cosas por sí mismos en estas épocas difíciles».

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