Edipo y sus excesos

Edipo rey, clásico del teatro griego escrito por Sófocles posiblemente circa 430 a.C. y reformulado a través de los siglos, puede verse ahora en Buenos Aires en una versión que el dramaturgo inglés Stephen Bercoff ambienta en la Londres de 1980.

Desde siempre dotada de extremos dramáticos esenciales en la tragedia, Bercoff agrega un reparto de culpas y acusaciones que no deja títere –liberal, capitalista, y a veces simplemente hombre– sin la cabeza que acostumbraba a tener. A los excesos de origen se agregan otros. ¿Políticamente correcto? De un modo prolijo y exhaustivo. ¿Que alcanza a entorpecer el espectáculo que se lleva a cabo en el Centro Cultural de la Cooperación? Para nada, porque la calidad artística que se monta al texto del autor británico diluye lo que no está tan logrado en él y extrae el mayor provecho de sus méritos: el ingenio, la ironía, la brillantez que despunta en muchos parlamentos; la habilidad para reelaborar los hechos básicos del mito edípico y la oportunidad que la obra ofrece para desarrollar en escena interpretaciones sobresalientes cuando el actor sabe jugar los recursos necesarios, como es el caso. Nada que pueda prescindir de una buena dirección, de todos modos.

Hablamos con Ingrid Pelicori, Horacio Roca y Analía Fedra García, tres de los cinco principales responsables de Greek. Roxana Berco y Martín Urbaneja, los restantes integrantes del elenco, de excelentes performances, cedieron su lugar para que la entrevista no fuera multitudinaria en función del tiempo.

–Ingrid, no he leído esta versión de Bercoff. ¿Él indica que los dos papeles que vos hacés los debe realizar una misma actriz?
–Los tres, incluyendo a la camarerita –dice Pelicori sonriendo ampliamente–. Sí, lo indica así Bercoff.

–¿Cómo jugó eso en tu decisión de incorporarte a este proyecto?
–Yo tengo una prehistoria con esta obra, porque es la primera que conocí de Bercoff. Yo hice otra obra de él, Decadencia, que estrenamos en el 96. La hicimos durante mucho tiempo, por última vez en el 2007, con Horacio Peña –que no es Horacio Roca, comenta aludiendo a su partenaire de ahora, sonriendo de nuevo porque medio mundo confunde a Peña con Roca y viceversa– y dirigidos por Rubén Szuchmacher. Las dos obras las conocí por la misma razón: Jorge Lavelli las había hecho en Francia y se las mandó a Juana Hidalgo para ver si a ella le interesaba hacerlas acá, y como estaban en francés Juana me pidió que se las tradujera, así, oralmente, ¿no? De esa manera conocí Greek y unos años después Decadencia, que fue el comienzo de este proyecto.

“El nivel de transgresión que se permite Bercoff me parece interesantísimo. Ésa es la razón básica que me da ganas de hacer la obra. Después, por supuesto, los personajes… (Pelicori interpreta tres roles, como lo indica el autor en el texto). Me encanta hacer La Esfinge, el otro papel, que es tan diferente, me encanta poder jugar en escena, entrar y salir casi sin elementos… Eso ya es parte del juego actoral que disfruto muchísimo. Pero la verdad es que me importa mucho la obra en la que estoy, y la totalidad, el modo en que trabajamos, los compañeros con los que estoy, y la visión que tuvo Analía, cómo lo resolvió técnicamente…”

–¿Cómo trabajaron, juntas, con Analía, el personaje tan logrado de La Esfinge?
–La primera cosa era esto de mitad animal, mitad humana. Pero después, por como está escrito el texto, es un poco todas las mujeres en un sentido. Las voces femeninas, diversas voces femeninas, sobre todo las más oscuras. Y con ese monólogo la idea era jugar todas esas cosas a la vez.

–Lo que buscamos fue construir los distintos cuerpos femeninos que albergaba ese monólogo –agrega la directora García–, casi el arquetipo de la madre oscura, hasta una mujer más contemporánea, una mujer que ataca al hombre, un animal, y buscamos desde el cuerpo, desde las voces… También hay un todo, un trabajo sonoro que hace Ingrid en ese personaje que estuvo elaborado.

Tanto Pelicori como Horacio Roca cuentan con un fuerte arraigo en el teatro oficial, el apoyado por organismos gubernamentales, que proporciona un sustento económico más tranquilizador que la aventura independiente.

–Horacio, ¿cómo es el tema de trabajar en cooperativa independiente por oposición a hacerlo en el teatro oficial más mimado?
–En algunos aspectos es muy distinto, pero son cosas que ocurren fuera de la sala. En realidad, a nivel del trabajo, de lo que uno pone, lo que circula con el director, con los compañeros, el nivel de esfuerzo, etc., casi no hay diferencia: es exactamente lo mismo. Quizá haya un poco más de elasticidad cuando se trata de armar horarios de ensayo, porque se supone que los actores a su vez están ganándose el peso en otro lado y entonces se es más contemplativo. Podría ser ésa la única diferencia, pero después, casi ninguna.

“Te diría que salvo en el bolsillo no hay ninguna diferencia”, agrega en la entrevista grabada (ver video). Allí se encuentran también más declaraciones de la directora y de Ingrid Pelicori.

Con la realización de esta pieza, el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini vuelve a hacer honor a su prestigio, en el aniversario de sus 10 años de existencia. El trabajo de diseño gráfico (afiche, programa de mano), algo que ya forma parte del “paquete” teatral y obviamente de su imagen inicial, sin embargo, no está a la altura del espectáculo ni de la institución que lo presenta.

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