Edición versus resignación: «No se mata la verdad matando periodistas»

A René Orta Salgado, periodista de El Sol de Cuernavaca, lo mataron el lunes 13 de mayo de 2012. La autopsia dice que lo picaron 27 veces, que lo golpearon como a un perro y que murió por asfixia y estrangulamiento. Tenía marcas por intentar defenderse. Los asesinos colocaron su cuerpo en su automóvil, un Nissan color gris, con patente 222 UVK del Distrito Federal, y lo abandonaron en la calle del Hueso de la Colonia Buena Vista, en Cuernavaca, Morelos. Lo que quedaba de René dormía en el baúl, con la cara cubierta por un pañuelo. No estaba amordazado, ni herido de bala.

Los agresores no dejaron un mensaje, pero se cree que a René Orta Salgado lo mató ese monstruo al que le dicen Guerra contra el narco. Y, aunque no es un héroe (hay varios que lo señalan), es una víctima. Es uno más de los 126 periodistas asesinados en México desde el 2 de julio de 2000. Es un caso más –apenas 4 mil caracteres de los que aparecen en No se mata la verdad matando periodistas , el libro que ideó Lolita Bosch y el equipo deNuestra Aparente Rendición , para salvarlos del olvido, para reclamar justicia y decir basta, para oponerse a la resignación y denunciar la censura.

Algunos eran profesionales que se jugaban el pellejo y lo perdieron figurativa y literalmente. Querían desenmascarar el delito, la connivencia entre narcos, política y fuerzas de seguridad. Otros, en cambio, formaban parte de ese combo denso de capacidad industrial. Hubo quienes murieron sin una razón aparente, como ocurre en la novela negra.

No se mata…será también un libro sobre esas posibilidades y por qué no, sobre las diferentes formas de escribirlas, de dar testimonio, de investigar –en decenas de casos– a miles de kilómetros porque colaboraron periodistas de México y de todo el continente.

Con 20 años haciendo crónicas policiales René tenía la llave de despachos y tugurios. Orta Salgado cambió el periodismo por la política: quería ser diputado y apoyaba la candidatura del flamante presidente de México Enrique Peña Nieto. Tenía 43, dos hijos, una ex esposa y una nueva novia. Era hincha de los Pumas de la UNAM y le gustaba el tequila y el etiqueta roja.

Nuestra Aparente Rendición ya consiguió los 5 mil euros que vale mínimamente el proyecto. Hasta el 23 de septiembre ustedes también pueden colaborar con No se mata … a través de https://www.elenciclopedista.com.ar/edicion-versus-resignacion-no-se-mata-la-verdad-matando-periodistas/?xurl=http%3A%2F%2Fgoteo.org%2Fproject%2Fno-se-mata-la-verdad-matando-periodistas Hay cuotas mínimas. Todas las historias serán publicadas en Internet, en inglés y en castellano. Y se distribuirá gratuitamente como libro impreso. “En México los periodistas ejecutados somos una (nota) breve”, dice un colega en el documental Silencio forzado que promociona el proyecto. También son algo más. Porque René Orta Salgado y sus 125 colegas tampoco merecían morir.

 

 

Los que iluminan la Editora Braile


Cuando terminé de armar el rompecabezas sobre el abandono en el que se encuentra la Editora Nacional Braille me topé con él, otro de los empleados de la imprenta pública para ciegos. Igual que sus compañeros, con los que también hablé, no puede volver al trabajo.

Me confirmó el penoso estado del edificio donde está alojada la editora y sus bibliotecas, cerradas desde fines del año pasado. El, que nunca quiso que se publicara su nombre, se convirtió en mi fuente preferida, por la precisión de sus datos y por su fe en que un artículo puede torcer la abulia de los funcionarios de turno. Intercambiamos mails, llamadas telefónicas y mensajes de texto, pero nunca nos habíamos encontrado en persona. Antes de publicar la investigación (que puede leerse en Revistaenie.com) tenía que verlo.

Me trastornaba la posibilidad de que fuera un impostor que vendiera pescado podrido. Poco acostumbrado a lidiar con discapacitados visuales (él y la mayoría se ahorran esa clase de eufemismos) me sorprendía la velocidad con la que contestaba, sobre todo los sms. Nos encontramos a media cuadra de la editora, donde –dicen– Ernesto Sabato se sentaba a tomar apuntes para su Informe sobre ciegos.

“La mentalidad de algunas personas y jerarquías con respecto a la época del patronato de ciegos no cambió. Seguimos siendo el último orejón del tarro”, se queja, detrás de la oscuridad de sus gafas y después de acomodar su bastón en la mesa en que nos sentamos. Dice –sin que le pregunte– que el ciego es un personaje muy particular, porque su discapacidad es diferente a la de los demás. “No es lo mismo la ceguera congénita o la adquirida, son otros parámetros”, dice él que perdió su vista con un glaucoma. Al final, agrega: “Hay gente que cree que reconocemos los billetes por el olfato, que se pregunta cómo tenemos sexo. Se olvidan de que si se les corta la luz no saben cómo meter la llave en el departamento”.

La Editora tenía los mismos problemas que varias bibliotecas públicas. Los usuarios no devolvían los libros que son de todos y por eso un poco de nadie. El servicio para grabar material de estudio depende de la predisposición de los voluntarios que lo graban. Aunque la mayoría de las veces era óptimo, la voz que leía también podía ser monocorde y soporífera. A veces, incluso, podían ser más de dos voces, libros esquizofrénicos. El y su ceguera eran reales, igual que mi ignorancia que devino en fascinación, igual que la humedad en los techos de la Editora, que sigue cerrada.

 

La Rolón-manía llegó a la Feria de Corrientes


Mal que les pese a muchos lectores (escritores también) de esta revista, Gabriel Rolón es uno de los autores que más vende en la Argentina.

Todos sus libros son tanques. En la I Feria del Libro de Corrientes que terminó el lunes pasado confirmó su aura de estrella cinematográfica. Mientras Daniel Link terminaba su charla en la carpa que servía de auditorio, Rolón estaba escondido detrás de los árboles, y custodiado por agentes de prensa y seguridad.

Lo fueron a escuchar –a ver– mujeres de todas las edades. El habló de las diferencias entre amor y pasión. Y después, sí: aflojó y se quedó charlando con sus fans. Lo que se dice un galán, una estrella.

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