Ecología, política y el negocio de la basura

El aumento de la población y del consumo llevan inevitablemente al aumento del volumen de residuos, pero qué hacer con ellos es uno de los mayores interrogantes en materia ecológica y ambiental. Lejos de las experiencias más innovadoras que se aplican en países como Japón, en Argentina la técnica que se utiliza casi en exclusiva es la del relleno sanitario, un sistema que está a punto de hacer colapsar el mayor basural del país, ubicado en terrenos de Campo de Mayo. Mientras el tema provoca discusiones entre el Gobierno porteño y el de la Provincia, y varios municipios se suman al reciclaje, el debate ya figura en la agenda de las ciencias sociales.

Los sistemas más modernos de tratamiento de residuos, que ya se están aplicando en algunos países altamente industrializados, están basados en un programa de separación de los desechos en domicilio, reciclaje y compostaje, que consiste en transformar en abono los residuos orgánicos. Sin embargo, la mayor parte de la basura que se produce en el planeta se entierra o se quema.

En nuestro país, el relleno sanitario que se encuentra en Campo de Mayo está a punto de colapsar, lo que generó una pelea política que estalló en las últimas semanas. En el interior del país, en cambio, los basurales a cielo abierto reciben más de la mitad de la basura que se genera, pero al no tener ningún tipo de tratamiento estos basurales se transforman en materia altamente tóxica.

Además, el camino de la separación de la basura en las casas aún no fue incorporado como un hábito masivo, y todavía son muy pocos los casos de municipios donde hay separación de residuos y reciclaje de materiales. Uno de ellos es La Matanza.

En su libro La creación. Salvemos la vida en la tierra, el biólogo norteamericano Edward Osborne Wilson señala: “Podemos comenzar con un descubrimiento decisivo de la historia ecológica: el precio de la civilización fue la traición a la naturaleza. (…) La humanidad está pasando por un ‘cuello de botella’, un período crítico de superpoblación y despilfarro consumista que puede estallar a fines de este siglo”.

Para Francisco Suárez, antropólogo, especialista en gestión de residuos, y docente de la Universidad de General Sarmiento, “en Argentina domina la estrategia del relleno sanitario, cuando en el mundo, en muchos países, lo que hoy se está aplicando es la combinación de métodos: recuperación y reciclado con compostaje, incineración, valorización energética y relleno sanitario”.

“Los países que han trabajado más intensamente –agrega– están combinando estos métodos: Alemania, Suiza, Italia, algunas ciudades de Estados Unidos, y de América del Sur, como San Pablo. En Japón se usa mucho la incineración y hacen energía con la quema de residuos. Pero esto demanda alta tecnología y buenos niveles de control, porque el 20% de los residuos es plástico. Por eso es necesario impermeabilizar la tierra, hacer controles de gases (se genera gas metano), además del control de líquidos y olores.”

La situación local dista mucho de esta sofisticación. “La ciudad y el gran Buenos Aires generan entre 15 y 16 mil toneladas de residuos por día, de los cuales 13 o 14 mil van a Norte 3 (Campo de Mayo), unas mil toneladas a La Matanza y mil a Ensenada. Sólo la Ciudad genera 5.500 o 6.000 toneladas diarias”.

“La idea frente al problema de la basura –señala Suárez– es tratar que se recicle lo más posible, que se composte lo más posible. La única ciudad que está trabajando con el método del compostaje es Esquel. Los residuos secos sirven para el reciclado y los húmedos (orgánicos) para compostar”.

¿Por qué el método que se utiliza actualmente no es el ideal? “Hoy por hoy no hay lugar para poner los residuos y los rellenos sanitarios están cerrándose. En Villa Domínico cerró por la protesta de los vecinos, por las enfermedades y los incendios frecuentes provocados por los escapes de gas metano”, comenta Suárez.

“En el área metropolitana –agrega– hay 190 basurales a cielo abierto, de una hectárea. Y los grandes generadores de basura (industria, countries, supermercados) están obligados por ley a tirar los desechos en rellenos sanitarios pagos. Pero el manejo de los desechos es un gran negocio que beneficia a varios: el 15% del presupuesto de muchos municipios está destinado a recolectar y disponer de los residuos. Es un presupuesto muy importante, que hay que pagarle al CEAMSE, nacido de un convenio entre la Ciudad y la Provincia”.

A la hora de opinar sobre cómo se está manejando el tema de los residuos en otras ciudades, Suárez considera que “Santa Fe capital está trabajando bastante bien, con recolección diferencial: dos veces por semana sacan los residuos secos, y también están trabajando con cartoneros en plantas de reciclado. Tienen un 50% de la población que adhiere. El sistema de la recolección diferenciada es algo que se viene en Argentina, pero hay que hacer una campaña muy buena, convencer a la gente, porque la gente no tiene una actitud responsable con los residuos, una vez que los descarta se desentiende de ellos. No hay una cultura del reciclaje. Algo se instaló con el tema de los cartoneros, comenzó una cultura de recuperación, reciclan, hacen artesanías. Lo más innovador ha venido por ese lado”.

Por los cambios de tecnología y consumo, en los últimos años la basura fue variando su composición. Según estimaciones, actualmente el 20% de los residuos es material plástico, el 50% es orgánico, otro 20% es papel, y finalmente un 10% es vidrio y metales. Con este cambio creció el problema para ubicarlos. “Los plásticos generan gases altamente contaminantes, dioxinas y furanos, que son cancerígenos. Mientras crecían las montañas de basura, crecían las torres de Wilde (a fines de los 70, comienzos de los 80). A partir de eso, en 2004 el CEAMSE termina cerrando ese relleno, y empiezan a buscar dónde poner uno nuevo. Ningún municipio quería hacerse cargo. El de Brandsen había dicho que sí pero los vecinos, en protesta, cortaron la ruta 2 en plena temporada. Luego varias localidades más se opusieron”, recuerda Suárez. “Entonces la solución fue encontrar un lugar donde nadie hiciese reclamos, y ese lugar fue Campo de Mayo. Pero ahora ese terreno se está agotando”.

“En la Argentina estamos desactualizados –concluye– pero no es una razón tecnológica, a menos que se quisiera hacer incineración, la cual no es recomendable. En reciclado y compostaje se puede avanzar muchísimo. Hay capacidad y hay industrias que absorben los materiales. Pero el método de enterrar residuos, que se aplica acá, es un sistema que trae beneficios. Por eso algunos grupos económicos pasaron de hacer autopistas a juntar residuos.”

Para el especialista en medio ambiente y ecología, Antonio Brailovsky, “lo que traba que la situación sobre el manejo de los residuos mejore es el negocio; el método de enterrar la basura significa que eso es rentable para una cantidad de empresas cercanas al poder que fuera. ¿Cómo funciona el negocio? Hay una parte que el público no conoce, y es que a las empresas que trabajan enterrando basura les pagan con terrenos buenos. La cantidad de urbanizaciones que hay, del estilo de los que están en Parque Iraola, son el resultado del pago a las empresas que se ocupan de los rellenos sanitarios. El CEAMSE tiene una enorme dotación de tierras públicas, pero sobre esto nadie hizo aún una auditoría. Es decir, que se paga con terrenos fiscales de buena calidad para hacer urbanizaciones. Mientras esté esa posibilidad, no hay interés en reciclar nada. El negocio de la basura desemboca en el negocio inmobiliario”.

“Si uno fuera a pensar en una solución racional y no solamente en lo que es negocio para algunos –agrega Brailovsky– como existen residuos muy distintos, se necesitan políticas públicas muy distintas. Hay una cantidad de municipios que hacen la separación de basura en plantas municipales. Yo vi las experiencias de Trenque Lauquen y las de Rauch. Es decir, los vecinos separan las basuras, el municipio recoge bolsitas distintas, lo que es metal lo mandan a fundir, lo que es plástico le dan el uso que corresponde, y con la basura orgánica hacen tierra que se puede usar para jardinería. Pero para eso habría que ampliar la cantidad de municipios que lo hace; cuantos más municipios lo hagan, mejor.”

Sobre la cultura de la separación de residuos, Brailovsky cree que el cambio llevará años. “En primer lugar, hay que hacer una recolección separada de los residuos peligrosos. La norma nuestra considera que los únicos residuos que hay que tratar como peligrosos son los que tiran las empresas, pero también los pesticidas, pinturas, químicos, barnices, envases de plaguicidas y, obviamente, las pilas. Lo que pasa es que cuanto más cosas diferencies, más complicada es la recolección. Esto requiere un cambio de costumbres que en Europa tardó una generación. Pero en la Argentina, un país donde la gente pide goles en el primer tiempo, cuando uno dice: ‘esto va a andar bárbaro pero en 20 años’, es algo complicado para esta sociedad. Porque los problemas de todos no son de nadie”.

Hace pocos días, el conflicto por la basura entró de lleno en la política: la Ciudad y la Provincia protagonizaron una nueva rueda de acusaciones, a partir de la reunión que mantuvieron para definir el destino de los residuos porteños. La Ciudad prometió reducir, para junio de 2014, un 78% de la basura que se envía al relleno de José León Suárez, cuyo colapso fue anunciado para abril.

Desde el gobierno porteño reclamaron por los “terrenos vacíos, totalmente abandonados” que hay pegados al CEAMSE. La extensión hacia esos terrenos, que pertenecen a Campo de Mayo, no fue aprobada por la presidenta Cristina Fernández. En la Ciudad dicen que no entienden por qué.
La Nación, por su parte, argumentó que –pese a que existe la ley de Basura Cero– la Ciudad no reduce la cantidad de residuos que envía al relleno de José León Suárez. Por otro lado, cuatro intendentes afectados por los rellenos ubicados en la zona –los de San Martín, Tigre, San Miguel y San Fernando– se niegan a que sigan funcionando. Aunque esos mismos municipios tampoco han implementado programas efectivos de separación de residuos.

En su libro Los mitos del medio ambiente, el biólogo y periodista Sergio Federovisky señala: “La basura provee, gracias a los buenos oficios de las organizaciones ambientalistas, uno de los mitos más instalados y quizá más necesarios de derribar, el de la ‘basura cero’, oxímoron en tiempos en que el capitalismo estimula el mayor consumo y, con él, la generación de residuos. Las consignas ambientalistas –radicalizadas por demás en el rubro basura cero– han atado de pies y manos a cientos de municipios, conducido a los políticos a aplicar inaplicables leyes u ordenanzas y endiosado el reciclaje como mecanismo único y salvador del grave problema de los residuos sólidos urbanos”.

La conclusión bien puede ser una frase del pensador francés Guy Debord en El planeta enfermo: “En materia de medio ambiente ‘natural’ y construído (…) no habrá que elegir entre la fiesta y la desgracia sino, conscientemente y a cada paso, entre mil posibilidades felices o desastrosas, pero relativamente corregibles, y, por otro lado, la nada”.

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