Ducado de Borgoña

El Ducado de Borgoña fue uno de los Estados más importantes de la Europa medieval, independiente entre 880 y 1482. El feudo del duque de Borgoña correspondía aproximadamente con la región actual francesa de Borgoña. Gracias a su riqueza y vasto territorio, el ducado fue tanto política como económicamente muy importante. Técnicamente eran vasallos del rey de Francia, pero los duques de Borgoña supieron mantener una política propia.

La dinastía inicial de los duques de Borgoña se extinguió en 1026, con la muerte sin descendientes del heredero de la casa, el duque Otón Guillermo de Borgoña. Pero el ducado ya había sido anexionado en 1016 por Enrique I, que se convirtió en duque en 1016. Enrique concedió el ducado a su hermano Roberto, que funda la rama de la dinastía de los Capetos. De esta línea descendiente proviene Alfonso VII de León, hijo de la condesa de Galicia Urraca, hija de Alfonso VI de León, y de Raimundo de Borgoña. El sobrino de Alfonso VII de León, Alfonso Enríquez, fue el primer rey de Portugal. El último representante de la casa fue Felipe de Rouvres, que murió de peste en 1361. El ducado pasó a la corona francesa y dos años más tarde Juan II de Francia le concedió el título a su hijo más pequeño, Felipe. Felipe se casó con Margarita III de Flandes y a través de esta unión el ducado de Borgoña se unió al Condado de Flandes, Artois, Nevers, Rethel y los ducados de Brabante y Limburgo.

La última duquesa de la Borgoña independiente fue María de Valois, que casó con Maximiliano I de Austria. En las capitulaciones matrimoniales se estipuló que su segundo hijo sería quien heredase los territorios maternos, pero María falleció en un accidente de caballo antes de que eso aconteciese. Después de esta tragedia, el ducado de Borgoña fue incorporado a Francia, mientras que los Países Bajos pasaron a la casa de Austria.

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