Dos nuevos doctores de la Iglesia en vísperas del Año de la fe

El domingo 27 de mayo, en la plaza de San Pedro, Benedicto XVI, antes de rezar con los fieles el Regina caeli de la solemnidad de Pentecostés, anunció la proclamación -el próximo 7 de octubre- de san Juan de Ávila y de santa Hildegarda de Bingen como doctores de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la gran fiesta de Pentecostés, con la que se completa el Tiempo de Pascua, cincuenta días después del domingo de Resurrección. Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con1 la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hch 2, 1-11). Jesús, después de resucitar y subir al cielo, envía a la Iglesia su Espíritu para que cada cristiano pueda participar en su misma vida divina y se convierta en su testigo en el mundo. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece en nosotros la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo.
El Espíritu que «habló por medio de los profetas», con los dones de la sabiduría y de la ciencia sigue inspirando a mujeres y hombres que se comprometen en la búsqueda de la verdad, proponiendo vías originales de conocimiento y de profundización del misterio de Dios, del hombre y del mundo. En este contexto tengo la alegría de anunciar que el próximo 7 de octubre, al inicio de la Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos, proclamaré a san Juan de Ávila y a santa Hidelgarda de Bingen, doctores de la Iglesia universal. Estos dos grandes testigos de la fe vivieron en períodos históricos y en ambientes culturales muy distintos. Hidelgarda fue monja benedictina en el corazón de la Edad Media alemana, auténtica maestra de teología y profunda estudiosa de las ciencias naturales y de la música. Juan, sacerdote diocesano en los años del renacimiento español, participó en el esfuerzo de renovación cultural y religiosa de la Iglesia y de la sociedad en los albores de la modernidad. Pero la santidad de la vida y la profundidad de la doctrina los hacen perennemente actuales: de hecho, la gracia del Espíritu Santo los impulsó a esa experiencia de penetrante comprensión de la revelación divina y de diálogo inteligente con el mundo, que constituyen el horizonte permanente de la vida y de la acción de la Iglesia.
Sobre todo a la luz del proyecto de una nueva evangelización a la que se dedicará la citada Asamblea del Sínodo de los obispos, y en la víspera del Año de la fe, estas dos figuras de santos y doctores son de gran importancia y actualidad. También en nuestros días, a través de su enseñanza, el Espíritu del Señor resucitado sigue haciendo resonar su voz e iluminando el camino que conduce a la única Verdad que puede hacernos libres y dar pleno sentido a nuestra vida.
Rezando ahora juntos el Regina caeli -por última vez este año-, invoquemos la intercesión de la Virgen María para que obtenga a la Iglesia que sea fuertemente animada por el Espíritu Santo, para dar testimonio de Cristo con franqueza evangélica y abrirse cada vez más a la plenitud de la verdad.

Después de la plegaria mariana, el Santo Padre se refirió a la beatificación de la madre Saint-Louis, celebrada ese mismo día en Francia, con las siguientes palabras:

Esta mañana, en Vannes, Francia, ha sido proclamada beata la madre Saint-Louis, en el siglo Louise-Élisabeth Molé, fundadora de las Hermanas de la Caridad de San Luis, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Demos gracias a Dios por esta ejemplar testigo del amor a Dios y al prójimo.

A continuación, al saludar a los peregrinos, añadió en francés:

Participo espiritualmente en la alegría de los fieles de la diócesis de Vannes, reunidos para la celebración de la beatificación de Louise-Élisabeth Molé, madre Saint-Louis. Ella, fundadora de las Hermanas de la Caridad de San Luis, nos enseña cómo podemos, con la ayuda del Espíritu Santo, abrir nuestro corazón con bondad para acercarnos a los demás en su diferencia, en su fragilidad y en su pobreza. Dejémonos guiar también nosotros por el Espíritu para anunciar al mundo las maravillas de Dios. Que la Virgen María nos ayude a ser testigos del Espíritu de verdad y de libertad. ¡Feliz fiesta de Pentecostés a todos!

En lengua española el Santo Padre pronunció las siguientes palabras:

Hoy, día de Pentecostés, la liturgia alaba al Espíritu Santo por haber congregado a su Iglesia en la confesión de una misma fe, infundiéndole el conocimiento de Dios. Pidamos que el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, nos siga enseñando y dando la fuerza necesaria para ser testigos ante el mundo de Cristo Redentor, y en todo el orbe se ensalce e invoque al tres veces santo. ¡Feliz domingo!

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