Donde Brooklyn se conecta con el mundo

Con alrededor de 300 objetos que provienen de la vieja colección del museo se armó «Connecting Cultures: A World in Brooklyn», una exposición vasta y profundamente –

El Museo de Brooklyn ofrece una experiencia de inmersión en el arte, veloz y condensada al modo del siglo XXI, en «Connecting Cultures: A World in Brooklyn», una instalación nueva y de largo plazo en el Gran Salón.

Los aproximadamente 300 objetos que la componen provienen de la vieja colección del museo, vasta y profundamente interesante. En conjunto, sin duda son eclécticos, pero de ningún modo se trata de material de segunda. Algunos de los objetos que identifican al museo son parte de la mezcla.

Allí está su magnífica pintura del siglo XVIII de la Virgen de Cocharcas del Perú colonial.

También la cabeza de la esfinge femenina con la nariz rota pero de inefable sonrisa del Egipto del Imperio Medio.

Una máscara de danza del siglo XIX de la costa noroeste estadounidense con forma de ballena y aletas y mandíbulas móviles es un deleite en sí misma y un recordatorio de la fabulosa colección de objetos de las culturas indígenas norteamericanas del museo.

Hay tantas cosas en la muestra que el primer efecto es un poco abrumador, como si uno hubiese entrado a una tienda de artículos varios de primera calidad. Pero ese es el objetivo: transformar el formato museístico habitual de una cultura por galería e impulsarnos a comprar, con el ojo atento a hallar cosas extrañas y deliciosas.

Y de esas hay muchas, incluidas ­para sólo mencionar dos- una máscara melanesia del «espíritu de las hojas» hecha de tela de corteza tan ligera como una telaraña y una cortadora de fiambres de 1935 que hace las veces de escultura abstracta.

Pero resulta que la instalación sí tiene estructura, una simple, ideada en torno a tres temas: las personas, los lugares y las cosas.

En la mayoría de las culturas, la figura humana es omnipresente pero rara vez sólo humana, y eso se verifica aquí. La «Mujer de pie» de Gaston Lachaise es Supermujer. Las dos figuras serigrafiadas sobre las superficies reflectantes de «Hombre de pie, mujer de pie con sombrero» de Michelangelo Pistoletto de 1980 parecen creaciones de su propia imaginación.

La mujer de la obra de 1858 de Daniel Huntington «La dibujante: Retrato de Mademoiselle Rosina, una judía» es una modelo de estudio en pose de sibila bíblica.

Y la escultura de dos caras «Figura vida-muerte», tallada en piedra en México en algún momento entre los años 900 y 1200 de nuestra era, tiene múltiples personalidades.

Vista de un lado, es un joven robusto y elegante con las orejas perforadas y tatuajes extremos; vista del otro, es un esqueleto con pies en forma de garra, un álter ego de Dorian Gray.

Un diagrama jainista del cosmos del siglo XVIII convierte el universo en una especie de juego de mesa para la salvación. Una pintura de Louis Comfort Tiffany hace que El Cairo del siglo XIX parezca tan insulso como una postal.

La instalación del Brooklyn, con concepción visual de Matthew Yokobosky y supervisión de Kevin L. Stayton, jefe de curadores del museo, incluye varias sillas para hacer hincapié en los significados mutables. Y en otros sectores, traza relaciones ingeniosas y sugestivas entre el arte y el comercio minorista.

Las cosas son el propósito de salir de compras, aunque su valor puede ser difícil de establecer y nunca es absoluto.

¿En el plano universal de las cosas, cuál es el valor intrínseco de una silla? En nuestro living, es algo para descansar. En la Nueva Inglaterra puritana tenía por objeto mantener nuestra espalda firme y derecha. En la Ghana del siglo XIX, era más un símbolo, apenas un mueble. Su presencia en el hogar de un jefe ashanti transmitía un mensaje de poder: el jefe, si lo deseaba, podía sentarse, pero nosotros, sus súbditos, debíamos permanecer de pie.

El propósito de la instalación de Brooklyn es alentarnos a jugar con el arte, con los significados, los valores y las interconexiones culturales, lo que también implica jugar con el museo mismo, darle vueltas a su contenido en nuestra cabeza: estar en casa en un amplio mundo.

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