Discriminan a restaurantes por estar en favor del matrimonio natural

Poenix (Estados Unidos) (AICA): Cuando Dan Carthy, gerente de la cadena de restaurantes “Chick-fil-A”, expresó públicamente sus puntos de vista en respaldo a la definición natural del matrimonio, recibió numerosos ataques y fue acusado de intolerante. Pero mientras varios alcaldes y políticos declararon a la empresa como ¨no bienvenida¨ en sus ciudades, un gran número de familias y miembros de organizaciones civiles expresaron su solidaridad con la compañía. La Iglesia también se manifestó al respecto del caso, rechazando las violaciones a la libertad religiosa y de expresión.

Cuando Dan Carthy, gerente de la cadena de restaurantes “Chick-fil-A”, expresó públicamente sus puntos de vista en respaldo a la definición natural del matrimonio, recibió numerosos ataques y fue acusado de intolerante.Pero, mientras varios alcaldes y políticos declararon a la empresa como «no bienvenida» en sus ciudades, un gran número de familias y miembros de organizaciones civiles expresaron su solidaridad con la compañía. La Iglesia también se manifestó al respecto del caso, rechazando las violaciones a la libertad religiosa y de expresión.

Según una información de Gaudiumpress, el alcalde de Boston, Tomas Menino, afirmó en una carta dirigida a Carthy que en la ciudad «no hay lugar para su compañía» y lo invitó a abandonar sus planes de abrir una sucursal allí. Edwin Lee, alcalde de San Francisco, afirmó que, ya que la sucursal más cercana está a 40 millas de distancia, «recomiendo fuertemente que no traten de acercarse».

La secuencia de condenas de alcaldes la completó Rahm Emanuel, alcalde de Chicago: «Los valores de Chick-fil-A no son los valores de Chicago. Y si usted va a formar parte de la comunidad de Chicago, debe reflejar los valores de Chicago».

Quien no tardó en contestarle fue el propio arzobispo de Chicago, cardenal Francis George, quien rechazó la idea de que el gobierno pueda decidir cuáles son los «valores» de sus ciudadanos. «Nací y crecí aquí», afirmó el prelado, «y mi comprensión de lo que es ser chicagüense nunca incluyó someter mi sistema de valores a la aprobación del gobierno».

El arzobispo preguntó entonces si todas las personas cuyos valores personales no se ajustan a los del gobierno de turno deberían marcharse de la ciudad.

El purpurado recordó que el matrimonio no es una unión inventada por el hombre, sino creada por Dios y afirmada en la naturaleza. De esta forma, no sólo para los católicos, sino para todas las personas a lo largo de la historia, ha predominado una definición natural de esta unión. Por esta razón, una pretendida «redefinición» legal no transforma la institución del matrimonio, «que es lo que es», sino que causa división en la sociedad y afecta «nuestra cada vez más frágil unión civil como ciudadanos».+

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