DISCAPACIDAD EN EL CONTEXTO DE LA CRISIS ECONÒMICA MUNDIAL

Desafiando las nuevas barreras socio-económicas
La discapacidad en el contexto de la crisis económica mundial
A finales de noviembre de 2008, el Foro Europeo de la Discapacidad, organismo que representa a los más de 50 millones de europeos y europeas con discapacidad, lanzó un enérgico llamamiento a todos los gobiernos del continente, exhortándolos a brindar las garantías necesarias para que las personas con discapacidad y sus familias no tengan que pagar la crisis económica mundial. Sin embargo, en lo que va del año el escenario económico global no ha dado signos que viabilicen una alternativa de cambio profundo y verdadero y las organizaciones de la sociedad civil sufren graves recortes en las ayudas, a la par que bajan las ofertas de trabajo inclusivo y crecen los recortes presupuestarios destinados al área. ¿En qué medida impactará la crisis en el colectivo de las personas con discapacidad dentro del país y en Latinoamérica?

Mucho se ha escrito ya acerca de la crisis económica (o crisis del sistema capitalista) mundial. Complejos o banales análisis acerca de sus orígenes y sus consecuencias están presentes día a día en los medios de todo el mundo y casi no existen analistas que se animen a vislumbrar un nuevo horizonte sobre los corroídos y tambaleantes cimientos de una estructura que quizás tarde décadas en derrumbarse.
En una reciente declaración tomada por el matutino Página 12, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, reconoció que la crisis continuará profundizándose a lo largo de 2009. “Los malos tiempos no han acabado, la gravedad de esta recesión causará más pérdidas de empleo, más ejecuciones hipotecarias y más dolor antes que termine”, aseveró Obama. Ciertamente el panorama es desalentador.
Y una vez más los sectores vulnerables de la sociedad parecen destinados a expiar las culpas de un sistema especulativo caótico que se resiste a dar paso a una nueva manera de entender y practicar la economía, una manera al menos no despiadada.
En este oscuro escenario las organizaciones de la sociedad civil europea que trabajan en discapacidad, especialmente en España, uno de los países de la región más azotados por la crisis, han comenzado a levantar la voz y a exigir respaldo para poder seguir desempeñándose con efectividad y garantías respecto del trabajo sostenido con los derechos básicos del colectivo.
Precisamente fue en España, cuyo gobierno viene de atravesar una fuerte reestructuración de gabinete, donde hace apenas unas semanas la flamante ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, se vio obligada durante el acto de toma de posesión de su cargo a asegurar que el apoyo del Estado a los grupos más desfavorecidos, y que “ninguna coyuntura económica va a mermar los derechos de los colectivos más vulnerables”.
Similares declaraciones fueron formuladas por responsables de las carteras sociales en otros países de Europa y en Estados Unidos; sin embargo, las principales fundaciones y organizaciones civiles se muestran escépticas y ya están generando foros y comités para elaborar nuevas estrategias para recuperar a sus padrinos y sponsors caídos y generar nuevos frentes de captación de recursos.
Uno de los reclamos más contundentes se hizo escuchar a finales del año pasado cuando el Foro Europeo de la Discapacidad lanzó un enérgico y múltiple llamamiento al Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y a todos los gobiernos del continente, exhortándolos a brindar las garantías necesarias para que las personas con discapacidad y sus familias no tengan que pagar la crisis económica global “mediante recortes en sus ingresos y prestaciones, menos oportunidades en materia de empleo y recortes en el apoyo que reciben nuestras organizaciones representativas”, según quedó expresado en el documento.
El Foro Europeo enfatizó además la urgente necesidad de ampliar el derecho internacional en materia de los derechos humanos de las personas con discapacidad. “La sociedad no puede permitirse el lujo de diluir su compromiso con los derechos humanos, incluido el derecho al empleo y la vida familiar. Tradicionalmente las personas con discapacidad han sido los ejércitos de reserva de mano de obra, los últimos en ser contratados y los primeros en ser despedidos. Las personas con discapacidad, sus familias, los de-sempleados y los pobres no pueden convertirse en el chivo expiatorio de una crisis sobre la que no tienen responsabilidades”.
En una primera instancia, y como se ha querido expresar desde el gobierno argentino, el impacto más directo de la crisis financiera no ha alcanzado aún a los países de Sudamérica; sin embargo, para muchas de organizaciones civiles de la región que trabajan con discapacidad, un conjunto fuerte de sus apoyos económicos proviene a su vez de programas y ayudas de los sectores de Responsabilidad Social Empresaria y ONG’s europeas. Y aquí es donde todo comienza a tornarse más complejo.
Por eso es de vital importancia adelantarse a los hechos y comenzar a observar y adecuar para la región aquellas iniciativas que las principales organizaciones europeas están llevando adelante para sortear la crisis económica y convertirla en una oportunidad para optimizar su capacidad de adaptación y superación, y a la vez reforzar la vigilancia para garantizar el cumplimiento de los programas estatales vigentes.

El contexto mundial
y la necesidad de mantener una ética
La comprensión cabal de la realidad es fundamental en el bosquejo de las políticas y acciones que pretendan conocer la incidencia concreta de la crisis económica global en los distintos grupos de riesgo y corregir la situación crítica que atraviesan las sociedades actuales y los colectivos de personas con discapacidad en particular.
Por los lazos culturales y por la estrecha colaboración entre las organizaciones de la sociedad civil de ambos países, España representa un ejemplo cercano que nos permite elaborar un contexto esclarecedor.
Para medir el real alcance de esta situación, a principios del mes de marzo, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) comenzó a elaborar un amplio informe socioeconómico sobre los efectos de la crisis económica y de empleo en el sector social de la discapacidad.
Para el CERMI resulta imprescindible analizar de la forma más completa los efectos de la debacle económica en el colectivo de personas con discapacidad, para poder desentrañar estrategias que permitan amortiguar la crisis, disminuyendo sus efectos adversos, y a la vez diseñar medidas para poder franquearla.
La base del estudio del CERMI está trabajando con técnicas de investigación social y periodística, integrando datos procedentes de entrevistas exhaustivas, grupos de discusión e historias y trayectorias personales, junto a datos procedentes de fuentes secundarias de carácter estadístico sobre empleo, condiciones de vida, etc.
Según los datos publicados el año pasado por el Ministerio de Trabajo español, las cifras de desempleo arrojadas durante ese periodo fue la más alta de los últimos diez años. A partir de ello un análisis desarrollado por el Observatorio Ocupacional del Servicio Público de Empleo Estatal pudo diagnosticar que los sectores más afectados por los despidos fueron los de servicios e industria, que son precisamente los rubros donde mejor se pueden desempeñar las personas con discapacidad (peones de industrias manufactureras y el personal de limpieza de oficinas y hoteles).
Dentro del análisis del Observatorio, se pudo comprobar además que se han visto afectados varios Centros Especiales de Empleo, que debieron cerrar sus puertas por las numerosas deudas acumuladas, producto de la crisis.
Por su parte, Francisco Lorenzo, secretario técnico de la Fundación Foessa, de Cáritas, dio a conocer que en esta organización se han incrementado en un 40 por ciento las demandas de ayuda de tipo monetario, alimentación, ropa o cualquier otro. “Están acudiendo personas que no habían pasado nunca por circuitos sociales como el de Cáritas, completamente ajenas a este tipo de necesidades o aquellas que ya habían terminado sus procesos y supuestamente ya no necesitaban de esas ayudas”, afirmó Lorenzo.
A estas voces se sumó también la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid (Famma-Cocemfe), que alertó sobre las dificultades que empiezan a encontrar las personas con discapacidad a la hora de buscar un empleo ante la actual situación económica. El presidente de Famma, Javier Font, hizo un llamado de atención y consideró que “el Gobierno central y los autonómicos deben redoblar sus actuaciones en todos sus programas de fomento de empleo y hacer especial hincapié en la situación de los demandantes de empleo con discapacidad ya que es y será uno de los colectivos más afectados por la crisis actual”.
Otra de las preocupaciones manifestadas está relacionada con la pérdida de las conquistas sociales que tanto esfuerzo han costado. “El temor es que algunos de los derechos que se han conseguido, con la excusa de la crisis, se echen para atrás y haya que volver a conquistarlos”, manifestó Roser Romero, secretaria de Cocemfe.
Y a partir de estas inquietudes y reflexiones se abre una nueva perspectiva que ya no toca solamente a lo económico, sino al plano de la ética.
Juan Lara, presidente de la Plataforma de ONG de Acción Social, lo expresó asimismo sin rodeos: “Reconocemos que la crisis tiene una serie de bases estructurales y en consecuencia hay que adoptar soluciones estructurales, pero al mismo tiempo afecta a personas que se encuentran en la peor situación de pobreza y exclusión social; y van apareciendo nuevos rostros. La crisis no solamente es económica, sino también social por todo lo que conlleva”.
La necesidad de reconciliar los procesos económicos con una ética que vaya a la par de las conquistas sociales y el avance en materia de derechos humanos es también una inquietud vivida por las organizaciones civiles de Norteamérica y Canadá.
El pasado 3 de diciembre, en un foro organizado en Otawa por del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, la Unión Nacional de Empleados Públicos y Generales de Canadá (NUPGE) declaró su intranquilidad por la posibilidad de que avances logrados por las personas con discapacidad pueden ser amenazados durante la actual crisis económica. Con el impacto de la ampliación de la crisis, este organismo teme que los gobiernos reaccionen recortando los programas sociales que sirven para eliminar los obstáculos a las personas con discapacidad. Lamentablemente, muchos de estos servicios sociales comunitarios han sufrido varios ajustes desde el comienzo de la crisis en ambos países, lo que ha provocado que se brinden apoyos insuficientes y se abran largas listas de espera para recibir las ayudas estatales.
La misma situación ha sido denunciada por el Foro Europeo de Discapacidad a partir de los intentos de recortar los beneficios sociales para personas con discapacidad en países como Irlanda, Hungría, Suecia e Italia: “Los recortes y el desempleo masivo desarrollarán un terreno fértil para la violencia, el crimen y el odio que socavan la solidaridad y la producción de actitudes peligrosas para la democracia. Hacemos un llamamiento a todos los políticos y económicos que tienen el poder de decisión y la responsabilidad de hacer todo lo posible para garantizar que las personas con discapacidad y los pobres sean tratados con igualdad y su bienestar económico está garantizado por las medidas que adopten en este momento. Ahora es el período ideal para realizar una acción enérgica a favor de que en el 2010, Año Europeo de Lucha contra la Pobreza, las personas con discapacidad y otros grupos desfavorecidos encabecen las agendas de los gobiernos”.

El panorama latinoamericano
A partir de la planificada y sistemática “pérdida” por parte de los Estados Latinoamericanos de las industrias y empresas regionales entrada la década de los 90, la penetración de las compañías, capitales y monopolios norteamericanos y europeos tuvo un vía libre que gozó de escaso control por parte de los organismos reguladores.
Si bien muchas de estas empresas se establecieron genuinamente, generaron gran cantidad de puestos de trabajo y actuaron junto a las organizaciones civiles desde los departamentos de Responsabilidad Social Empresaria, desde comienzos de este año y de manera ascendente han comenzado a generar despidos y a reducir sus ayudas.
Esta situación ya ha afectado a varios países, un claro ejemplo se está dando en Costa Rica, donde importantes empresas multinacionales radicadas en el país acudieron a despidos masivos para enfrentar los embates de la crisis. Según un reporte de la prensa, esta dura realidad ha dejado sin trabajo al 62% de los costarricenses con algún tipo de discapacidad física o mental.
Algo similar ocurre en países como Honduras, donde los efectos de la crisis han influido hasta en la reducción de los porcentajes de remesas enviadas por los compatriotas ilegales residentes en el extranjero, principalmente en los Estados Unidos. Y donde ya se prevé la baja de la inversión extranjera, el ingreso del turismo y la demanda de las exportaciones. Según notificó el Ministerio de Trabajo de Honduras, en el primer bimestre del 2009, 29 empresas suspendieron de manera temporal a 2.328 empleados, sumado a la caída entre un 20 y un 25% del monto de sus exportaciones a Estados Unidos.
En México la situación también ha empeorado para el colectivo y, según lo manifestado en el marco de la reciente Primera Reunión de Inclusión Social de Niñas y Niños con y sin Discapacidad, los entes de discapacidad no recibirán este año los 200 millones de pesos prometidos para la infraestructura de discapacidad, debido a los reajustes presupuestales obligados por la crisis.
Debemos recordar también la reciente crisis asomada en Bolivia a mediados del año pasado cuando agrupaciones de personas con discapacidad iniciaron protestas y huelgas de hambre en reclamo para que el Gobierno cumpla su promesa (dilatada por la crisis y los conflictos internos con los sectores separatistas) de otorgarles una ayuda anual de 3.000 pesos bolivianos (u$s 423) y que fueron violentamente reprimidas.
En nuestro país aún no se han hecho sentir los coletazos más fuertes de la crisis en este sentido, pero la incertidumbre es muy fuerte y es ne-cesario “ganarle de mano”.
De todos modos, ha quedado una fuerte experiencia de la profunda crisis atravesada en el 2001, y el panorama de hoy encuentra a las redes sociales más afianzadas y (aunque mucho queda aún por avanzar) a las personas con discapacidad con mayor preparación y empoderamiento.
Son muchas las organizaciones que como Fundación Par y AMIA abren continuamente programas de capacitación laboral y seminarios para que organizaciones de la sociedad civil elaboren proyectos viables y competentes para acceder a los fondos destinados a financiar sus proyectos, como los provenientes de la “Ley del cheque”.
Como ejemplo cabe mencionar el acompañamiento a estas iniciativas otorgado por el Área de Fortalecimiento a OSC’s (Organizaciones de la Sociedad Civil) de COPINE, al abrir una convocatoria pa-ra participar de una Jornada de Introducción a la Capacitación de OSC’s vinculadas a la discapacidad, que se realizó el 16 de abril pasado.
Sabemos que aún quedan muchas demandas y reivindicaciones insatisfechas arrastradas por parte de los organismos del Estado y acciones preventivas para atenuar los efectos de la crisis en el sector, pero también sabemos que la madurez y el fortalecimiento alcanzado por las OSC’s les brindará la capacidad de hacerlas cumplir y de generar nuevas alternativas para sostener las conquistas logradas e incluso seguir avanzando.

Construyendo esperanzas
La situación del colectivo de personas con discapacidad jamás ha sido cómoda, en permanente vigilancia por el respeto y el cumplimiento de sus derechos al trabajo, la salud y la educación, ha logrado hacer de esa “incomodidad” una fuente inagotable de voluntad y estrategias para afianzar un espacio digno de realización dentro de la sociedad.
Un claro ejemplo de esta pericia lo ha brindado la organización española ONCE y su Fundación, que año a año aumentan los puestos de trabajo a pesar de la crisis, e incluso han organizado campañas para enviar ayudas al colectivo de personas con discapacidad visual en Latinoamérica.
Junto a este modelo, distintas organizaciones españolas han coincidido en que es fundamental visualizar las oportunidades que se presentan en el escenario actual. “Ahora las crisis crean también oportunidades, igual es la oportunidad de plantearse si realmente este es el modelo de sociedad que queremos tener. Sí, es verdad que quizá sea una oportunidad de sentar una serie de bases, de replantear determinadas historias, porque la crisis al final no es más que la consecuencia de un modelo y de unas quiebras estructurales que se han ido gestando también en época de crecimiento (…) es algo que tiene que ver mucho más con el modelo que con la situación coyuntural concreta”, declaró en alusión Francisco Lorenzo, representante de Fundación Foessa (Cáritas).
En un artículo publicado el pasado 16 de abril en el site de la recientemente constituida OSC europea “Crisis Económica 2010”, Javier Monserrat brindó un claro ejemplo del potencial y la conciencia que las organizaciones sociales deben mantener despiertas: “(…) La conciencia de que la misma sociedad civil es un poder autónomo frente a la sociedad política; La conciencia de que esa misma sociedad civil posee los recursos de actuación necesarios para imponer su voluntad sobre el poder político; La conciencia ética de la responsabilidad de ejercer ese poder y finalmente, la conciencia de la necesidad de organizarse para ello. Esta conciencia civil emergente, en último término, la conciencia ética imperativa de algo solo realizable por la misma sociedad civil y de la necesidad moral consecuente de asumir la responsabilidad de acción organizativa conducente hacia ello”.
Sin dudas una de las lecciones de esta crisis radica en que el valor de la inversión en las personas es mucho más importante que la inversión especulativa. Y son precisamente las organizaciones sociales (y dentro de ellas el destacado ejemplo de los colectivos de discapacidad) que han logrado tantas conquistas con los menores recursos, privilegiando la conducta y la fraternidad, quienes tienen para compartir otro modelo de economía, más ética, promotora de inclusión y desarrollo, que no sólo sea capaz de generar beneficios económicos y sociales, sino valores prácticos y esenciales para el crecimiento en lo humano.

Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo @yahoo.com.ar

Fuentes consultadas:
– Página 12.
– Diario El País.
– Cermi (Comité Español de Representantes de Pers. con Disc.).
– Servimedia.
– Agencia Reforma/ México, DF.

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