DISCAPACIDAD AUDITIVA

Discapacidad auditiva
La adquisición del lenguaje en la persona sorda
El bebé nace arropado por todos los sonidos y palabras; el deficiente sensorial nace ‘extrañado’ (si se me permite la palabra), ajeno a este mundo hecho de manifestaciones sonoras. Por lo tanto, el aprendizaje humano inteligente queda condicionado y a la vez limitado por esta deficiencia que condicionará para siempre su vida. Para paliar los aspectos negativos se insiste en la estimulación precoz y se enseña a las madres y a los adultos, que aun a sabiendas de que su hijo o hija es sordo, deben hablarle en forma habitual, deben estimular los movimientos del habla porque es propio de los humanos la imitación y la comunicación verbal.

“Todos los caminos conducen a Roma” (dicho popular). “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar” (Antonio Machado). Quiero comenzar el presente artículo con una frase propia de la cultura popular y otra de uno de nuestros poetas, en un sentido integrador que manifieste un espíritu abierto a la libertad, a la experimentación y al diálogo. Soy del parecer que la humanidad es fruto de una acumulación, que somos una suma y una multiplicación, y que nunca deberíamos ser una sustracción o una división. Con esta disposición de ánimo emprendo la aventura de reflexionar sobre el deficiente sensorial. A mi modo de entender, una y otra frase significan que cualquier trabajo, cualquier orientación que tomemos, en orden a ayudar a superar la problemática del deficiente sensorial, será positiva. Haciendo y rehaciendo diversos caminos, el hombre acaba por encontrar el más conveniente. El hombre no acierta a la primera, ni a la segunda, ni a la que hace diez, acierta acumulando la experiencia de muchos. A esa acumulación la llamamos cultura. Años atrás se hablaba del deficiente sensorial como de una persona incapaz de hablar y con problemas de inteligencia. Pasaba en cierta manera como con los negros de América, a quienes se consideró inferiores intelectualmente a los blancos hasta que no tuvieron la misma educación y formación y frecuentaron las mismas escuelas. Costó mucho demostrar que un deficiente sensorial no solamente podía hablar, sino que tampoco era limitado intelectualmente. Para facilitar estas ideas se les hizo un lugar en la vida de cada día, se les dio una escuela, un entorno laboral, un ambiente lo más normalizado posible, teniendo en cuenta su limitación. Es lo que hemos convenido en llamar integración. En realidad, es el esfuerzo por tener un mundo más humano, abierto a las personas, basado en el respeto y en el hecho incuestionable de que cada persona ha de tener y ha de encontrar su lugar y que en él ha de ser feliz. A mi parecer, este es un hito del que nunca debemos renegar. Podemos buscar nuevas maneras de mejorar la co-municación del deficiente sensorial, su rendimiento intelectual, su equilibrio emo-cional. En una palabra, ayudarles a ser más personas, siempre dentro de un mundo lo más normalizado posible. El sordo, una persona con limitaciones Puede parecer una idea poco afortunada e incluso del todo inútil pero para mí es la premisa en que debe basarse cualquier actividad pedagógica y psicológica con un deficiente. Quien no necesita algo, no lo busca y quien no busca, no encuentra. De la misma manera conviene hablar claramente del problema. Sólo cuando precisamos con claridad nuestro pensamiento los demás logran entendernos eficazmente. Necesito aceptar que tengo una limitación si quiero esforzarme en superarla. Necesito aceptar que mi alumno tiene una limitación si quiero trabajar en mejorar resultados. Si lo acepto, conoceré mejor las dificultades y concretaré más las metas que me he propuesto conseguir. Estoy convencido de que el deficiente sensorial, como cualquier hombre o mujer de este mundo, tiene como primera meta asumir la propia personalidad, sea hombre o mujer, tomar conciencia de ser humano en el máximo de los aspectos posibles. No se trata, pues, de reconocer la propia diferencia para afirmarse y llamar así la atención de las instituciones o de las personas. Lo que conviene es unir esfuerzos para aprender y enriquecernos con la diversidad. En las escuelas siempre hubo alumnos inteligentes y otros que no lo eran tanto, pero aparte de alguna que otra intentona de dedicarse sólo a los más favorecidos, la sociedad siempre aceptó que enseñar al individuo es más positivo que no hacerlo y que conviene dar las mismas herramientas a todos por igual para favorecer de esta manera el progreso y la mejoría de las personas y de la humanidad. ¿Por qué no dar al deficiente sensorial las mismas herramientas y oportunidades que damos a todos, como el habla, la escuela habitual, donde van todos los niños que serán sus compañeros, para acercarnos más a la normalidad? Esta fue la razón fundamental del camino que siguió la integración. La integración no beneficia sólo al deficiente; hace más humanos a todos cuantos trabajan, estudian y conviven con él. Una de las direcciones de progreso que tiene hoy en día la humanidad, aunque a veces no lo parezca, es una mayor sensibilidad. Actualmente podemos repetir con el emperador romano Marco Aurelio: “no debo considerar ajeno a mí ningún aspecto del hombre o de la humanidad”. Aprendizaje de la lengua en el deficiente sensorial He aquí el caballo de Troya. Lo cierto es que en sus entrañas puede llevar ejércitos desconocidos y de una belicosidad peligrosa. Yo querría con mi reflexión dar unas razones y mi punto de vista para favorecer el hallazgo de los mejores caminos para los deficientes sensoriales, aquellos en los que se sintieran más personas, donde se sintieran más humanos y donde fueran felices haciendo aquello que les agrada, en un trabajo, en una familia, en una casa, donde se sintieran bien consigo mismos y con los demás, donde fueran tratados y vivieran de una manera normal. Francamente creo que eso es así por naturaleza. El niño deficiente no se considera en absoluto diferente a los demás y se esfuerza por tener un lugar entre los compañeros. Esta idea todavía se arraiga más cuando, desde su propia casa y desde el centro escolar, se le ha inculcado la normalidad como principio, cuando le han enseñado vivencialmente que tiene una limitación pero que en verdad es como los demás y que llevará una vida como los demás. Es evidente que tengo por principio la igualdad, y que esta igualdad pasa por dominar el medio de comunicación propio de los humanos: la lengua. Conviene que tengamos muy claro que tan importante como la comunicación en sí, es el código que usamos. Cuando vamos a otro país nos aplicamos inmediatamente a aprender la lengua del lugar para no quedarnos marginados. Pensad por un momento en la cantidad de madres marroquíes, paquistaníes o asiáticas, que por el solo hecho de salir poco de casa, cuando van a buscar a sus hijos a la salida del colegio, quieren hablar con las otras madres porque los niños se hicieron amigos, y no pueden debido al escaso conocimiento de la lengua. El deficiente sensorial muchas veces se encuentra en situaciones semejantes. Por tanto, el aprendizaje humano inteligente queda condicionado y a la vez limitado por esta deficiencia que condicionará para siempre su vida. Ahora bien, el deficiente sensorial no hace el aprendizaje de la lengua de la misma manera que un oyente: a. El oyente. En primer lugar el oyente, desde el principio, antes incluso de advertirlo, ha oído sonidos y palabras a los cuales atribuyó un sentido. La intención de comunicar algo por parte de los que tratan al niño, especialmente la madre, hacen posible el misterio del habla en el niño. Cada sonido, cada palabra, para el niño oyente tiene contenido. Se hace o se dice con una intención comunicadora y esta intencionalidad es la que incita al niño a hablar. Es decir, hablamos por imitación, por mí-mesis, y esto es lo que nos hace inteligentes y diferentes al resto de los seres de este mundo. En segundo lugar, el oyente tiene una experiencia única en el aprendizaje de la lengua: aprende a hablar sintiendo, tocando, probando. Aprende de manera experiencial y vivencial hasta llegar a la gran conclusión de que la palabra es mágica. El niño se acostumbra a que, cuando llama a su madre, ésta aparece. La palabra hace aparecer a la persona, a la cosa… Todos hemos visto y comprobado cómo el niño pequeño aplica este principio en el juego: esconde el objeto, dice la palabra y él mismo coloca en el campo visual el objeto llamado, esto es, lo hace aparecer. Parafraseando el texto de la Biblia: “al principio era (existía) la Palabra”. b. El no oyente. En el caso del deficiente sensorial, toda la intencionalidad comunicativa solamente tiene un eco adecuado a nivel afectivo, puesto que no puede integrarse el sonido en esta comunicación. El deficiente sensorial puede entender que la madre y el padre lo quieren, tiene la expresión en los besos y abrazos así como en la expresión del rostro, pero todo esto ocurre en un vacío total de sonido. Falta uno de los elementos comunicadores, en realidad el principal elemento comunicador: el sonido y la palabra. De los dos principales elementos de la comunicación: la vista y el oído, el deficiente sensorial sólo cuenta con la visión. Quiero recordar un dato científico al que prestamos poca atención: el oído es el primer sentido que se forma y actúa. Eso quiere decir que ya desde el seno materno, el que tiene el oído bien formado oye sonidos y la propia voz de la madre de la cual, al nacer, ya reconoce la voz. Esto implica que a veces el deficiente sensorial presente problemas de adaptación social que son fruto no tanto de la falta de lenguaje, como del escaso contacto auditivo que tuvo con el entorno. El bebé nace arropado por todos los sonidos y las palabras; el deficiente sensorial nace “extrañado”, si se me permite la palabra, ajeno a este mundo hecho de manifestaciones sonoras. Por tanto, el aprendizaje humano inteligente queda condicionado y a la vez limitado por esta deficiencia que condicionará para siempre su vida. Para paliar los as-pectos negativos se insiste en la estimulación precoz y se enseña a las madres y a los adultos, que aun a sabiendas de que su hijo o hija es sordo, deben hablarle en forma habitual, deben estimular los movimientos del habla porque es propio de los humanos la imitación y la comunicación verbal. En el mundo actual donde tienen tanta importancia los audiovisuales, no podemos dejar de enseñar la forma más común de comunicación de las personas. Algunos aspectos pedagógicos en el aprendizaje del lenguaje El conocimiento del vocabulario En una ocasión hicimos una prueba de vocabulario a toda una clase con sordos integrados. La prueba consistía en subrayar todas las palabras que no entendieran de una lectura propuesta. La primera cosa que nos llamó la atención fue que todos los alumnos sordos y oyentes habían subrayado, poco más o menos, las mismas palabras. La segunda conclusión fue que los oyentes entendían mejor el contenido de la lectura que los alumnos sordos. Es decir que, aunque el conocimiento del vocabulario fuera prácticamente idéntico, el oyente superaba al deficiente sensorial en la comprensión del texto. El oyente entiende más porque comprende a través del contexto. El deficiente sensorial analiza cada palabra y, si no la entiende, aquella palabra es una verdadera barrera que le impide el paso. El oyente globaliza y el contexto favorece la comprensión de la lectura, evidentemente con los errores correspondientes, pero le ayuda. ¿Por qué sucede así? Porque el oyente siempre ha oído la palabra dentro de un contexto sonoro, táctil, expresivo, afectuoso, etc. En el aprendizaje de la lengua, el oyente usa todos los sentidos que son estimulados; en cambio el deficiente sensorial no tiene el referente del contexto porque le falta el elemento sonoro que es el aglutinador, el estimulador de la compresión. Memoria de las palabras Es un tema muy ligado al anterior, como todos los aspectos del lenguaje que vienen ensamblados y necesitados uno del otro cada vez que se trata uno de ellos. Un detalle que llama la atención en el deficiente sensorial es que tiene cierta dificultad en recordar, no sólo el contenido de las palabras, sino las mismas palabras, principalmente cuando las lee o las escucha en un contexto diferente del habitual. En cierta ocasión, trabajaba con un alumno sordo integrado una parte de la historia. Le explicaba cómo un rey se hizo a la mar para conquistar unas tierras. Le dije “el rey bajó al puerto de la ciudad para embarcarse”. Inmediatamente me preguntó qué era “puerto”. Se lo expliqué pero no quedó muy convencido. Hablé con los padres y les dije que le llevaran allí para fijar más el lenguaje. Mi sorpresa fue que los padres me respondieron que el domingo anterior, hacía dos días, lo habían visitado con esta intención. En técnicas de estudio siempre hemos dicho que una cosa la recordamos mejor cuantos más sentidos se impliquen en su recuerdo. El deficiente sensorial siempre tendrá la dificultad añadida de que no tiene el elemento sonoro como primer y principal aglutinador de la comprensión. Por tanto, el contexto es, a mi parecer, importantísimo. ¿Qué podemos hacer? Alumnos visuales o auditivos: los estudios pedagógicos y psicológicos apuntan nuevos caminos de cara a mejorar resultados en el campo del aprendizaje. Al hablar de aprendizajes significativos, al dar más importancia a aprender que a repetir cosas, pienso que estamos en un camino nuevo, distinto y que merece ser trabajado en profundidad principalmente en el terreno que nos ocupa. Además hay también estudios que suponen una nueva manera de ver la persona del alumno y que suponen también un cambio de actitud por parte de alumnos y profesores. Por ejemplo, un pedagogo francés, De la Garanderie, ha estudiado el hecho de que hay estudiantes que son más auditivos que visuales y al revés, y que conviene enseñarles a realizar ciertos “gestos mentales” para aprender mejor ciertos vocabularios o ciertos contenidos. No pensemos de manera simple que el deficiente sensorial, por el mismo hecho de no tener la audición correcta, es un alumno visual. Sería un gran error. Ciertamente que el deficiente sensorial debe atender más por medio de la vista, pero no por eso es visual. Ser visual o auditivo es cosa más de temperamento, de origen natural, que de carácter o fruto del trabajo personal. Conviene, pues, descubrir si el deficiente sensorial es mayormente visual o auditivo para potenciar más la enseñanza a través de uno u otro sentido. Evidentemente, conviene enseñar gestos mentales de uno y otro aspecto para ampliar las capacidades del alumno. Alumnos globalizadores o analíticos: de la misma manera que hay alumnos visuales o auditivos, existen también alumnos con una gran facilidad para globalizar y otros que son más analíticos. Por todo lo que hemos dicho anteriormente parece evidente que el deficiente sensorial, sea por naturaleza o porque en el aprendizaje del habla se dio más importancia al análisis, lo cierto es que mira y estudia palabra por palabra. La palabra es una barrera que puede superarse pero muy pocas veces es una pista por donde se circula con facilidad. En un tiempo se creyó que el aprendizaje global de la lectoescritura por parte de los niños era el mejor camino, en contra del aprendizaje letra por letra y sílaba por sílaba. Actualmente no se acepta ni uno ni otro sistema, sino más bien una síntesis de los dos. Sin embargo, pienso que aquí hay un terreno que quizá convendría explorar y experimentar. Conclusión No se agota el tema, ni se agotará por mucho que hablemos de él, pero cada escrito, cada razonamiento puede alumbrar un poco más la realidad y ayudarnos a mejorar nuestro rendimiento con los alumnos, darles más posibilidades de mejorar como personas al tener el dominio sobre nuevos aspectos de su relación consigo mismos, con los demás y con el mundo. Integrar no es sólo hacer que el deficiente sensorial esté con los demás de una manera normal y corriente, sino integrarnos nosotros con ellos para comprenderlos mejor y ayudarles a encontrar el camino mejor para su desarrollo personal y humano. Joan Moyà Pons* * Joan Moyà Pons es psicólogo y profesor en el Liceo Sant Jordi de Barcelona. Nota: Extraída de “Integración”, publicación de la Asociación de Implantados Cocleares de España.

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