DIRIGENTES CON DISCAPACIDAD

Reportaje al Lic. Carlos Eroles
“Los máximos dirigentes con discapacidad no asumen plenamente su condición”
Con motivo de cumplirse un amplio recambio de autoridades gubernamentales a nivel nacional, provincial y de la Ciudad de Buenos Aires, El Cisne entrevistó a uno de los más lúcidos y respetados protagonistas de la lucha por los derechos humanos, y dentro de ellos los de las personas con discapacidad, el Lic. Carlos Eroles, para profundizar en los desafíos de cara a un nuevo ciclo. Con aguda y sensible crítica, Carlos Eroles brindó un análisis integral sobre los logros y las deudas que arrastran las gestiones políticas, la importancia vital de la participación ciudadana y sobre el rol de los máximos dirigentes políticos con discapacidad.

Hablar del Lic. Carlos Eroles obliga necesariamente a recorrer su itinerario como uno de los más destacados protagonistas en Derechos Humanos de nuestro país, desde distintos y comprometidos roles como Subsecretario de Extensión en la Universidad de Buenos Aires, dos veces director de la carrera de Trabajo Social (UBA) y miembro del Consejo Directivo, Coordinador del área Discapacidad de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y miembro del equipo de discapacidad de la CTA. Eroles llega a convertirse en un referente en derechos humanos y discapacidad a partir de que la propia discapacidad atravesara su vida. Inicialmente su carrera se especializó en derechos de la infancia y fue a partir de que la artritis reumatoidea afectara sus articulaciones que comenzó a trabajar activamente por este colectivo invisivilizado. Este recorrido lo lleva actualmente, entre otras actividades, como invitado especial para viajar a México a participar en unas jornadas internacionales sobre discriminación, e invitado también en el mes de noviembre a tomar la conferencia central sobre discapacidad en el seminario anual de universidades sobre derechos humanos para profesores universitarios de Centroamérica. Cercanos a un recambio de autoridades de Gobierno en la Ciudad y en la Nación, El Cisne quiso conocer la mirada y el análisis de un especialista que pudiera mantener su perspectiva centrada en los derechos de las personas con discapacidad, como parte integral del colectivo y como un luchador activo por el cambio social. Así es como Carlos Eroles, en un examen agudo, vincula las problemáticas más acuciantes de este tiempo. – ¿Qué expectativas pueden albergar las personas con discapacidad frente al recambio de autoridades en la Ciudad de Buenos Aires? – Frente a este tema tengo expectativas ambivalentes. A través de lo manifestado tanto por el próximo gobierno de la ciudad como en las propuestas de los candidatos a la presidencia de la Nación podemos esperar una actitud de aceptación plena de las políticas públicas para la promoción de los derechos de las personas con discapacidad. Por ejemplo, a través de un comité que coordino, el Comité de evaluación del seguimiento de la convención Interamericana, hicimos una reunión con todos los candidatos a jefes de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al que concurrieron Gabriela Michetti, Daniel Filmus, Claudio Lozano, María América González y la fórmula del Partido Obrero, todos estuvieron de acuerdo en las necesidad de promover los derechos de las personas con discapacidad y el mutuo acuerdo para trabajar por el cumplimiento de las normas. Pero esto ya había ocurrido antes, y sin embargo el grado de cumplimiento fue muy bajo. Es el caso de Ibarra, yo sostengo que en su gestión de gobierno partía del mito de que la discapacidad es “cara” y por lo tanto no hay que invertir en ella. Incluso, pienso que el desarrollo de la COPINE (Comisión Para la Integración de las Personas con Necesidades Especiales) fue lento a propósito. Esto hace que si bien tenga optimismo frente a las nuevas gestiones, también tengo un pesimismo marcado. – ¿Y a nivel nacional? – En cuanto al gobierno nacional, durante este periodo que culmina el desarrollo respecto a las políticas de discapacidad también fue ambivalente. Por un lado, una acción interesante de la CONADIS, y por otro lado, una acción pobre de la CONADIS. Por una parte, una política de gobierno de señalar en los papeles o en el discurso las necesidades de promover las acciones a favor de las personas con discapacidad, y por otro lado, una disminución de la categoría de la CONADIS a nivel de la administración pública, donde pasó de ser una Secretaría de Estado Integrante de la Jefatura de Ministros a ser una Secretaría de Estado dependiente del Consejo de Políticas Sociales con lo cual cambió su estatus, y lo más grave de esta perspectiva: la CONADIS dejó de ser un organismo de referencia interministerial porque se lo consideró una dependencia del Ministerio de Desarrollo Social, y esto es un error. Esto significa no entender cuál es el rol real de la CONADIS. Desde este punto de vista es muy difícil tener motivos para la esperanza. – ¿Cuáles son las políticas más significativas a tomar en cuenta por los futuros gobiernos? – Primero la discriminación. Vivimos en una sociedad y un Estado que discriminan de varias maneras a las personas con discapacidad, no fundamentalmente con una intencionalidad de discriminar, pero sí con invisibilidad. Segundo, el problema más serio a mi juicio es el problema laboral. La grave situación laboral ha producido que las personas con discapacidad en condiciones de trabajar ya no busquen empleo. Por eso si tomamos la encuesta de la discapacidad de 2003 vamos a encontrar que la desocupación en las personas con discapacidad es inferior a la de las personas sin discapacidad. Y esto es porque es muy inferior la cifra de las personas con discapacidad que buscan trabajo en relación a las que no poseen discapacidad. Estamos hablando de que menos del 30% de las personas con discapacidad buscan trabajo. Esto nos lleva a deducir que cerca del 90% de las personas con discapacidad y en condiciones de trabajar en Argentina no trabajan. Como además el 90% tampoco estudia, esto agrava mucho el panorama. Otro problema muy cercano al trabajo es el problema del transporte. Como no hay transporte adecuado, se disminuyen las perspectivas de desempeñarse laboralmente. Y en caso de poder hacerlo, viajando hacia su trabajo en taxi o remís nos encontramos con que más de la mitad de un sueldo promedio quedaría afectado por ese gasto. A esto hay que sumar las condiciones inadecuadas de trabajo. Se me ofrece empleo pero no tengo baños accesibles, ni rampas, ni un orden mínimo para poder trasladarme y desempeñarme autónomamente. – ¿Y cuáles son las otras problemáticas de más influencia en la vida de las personas con discapacidad? – Salud, educación, recreación y cultura. Estamos en un país donde alrededor de un 25% de las provincias carecen totalmente de servicios públicos de rehabilitación. Esto significa que las personas con ocupación en negro que viven en una provincia donde no hay rehabilitación pública quedan fuera de toda posibilidad de rehabilitarse. Si en el país cerca del 43% de los empleados trabaja en negro, esto nos hace suponer que más del 50% de las personas con discapacidad carecen de obra social, algo verdaderamente dramático. A esto debemos sumar toda la serie de inconvenientes que viene acarreando el trámite del certificado de discapacidad. Los beneficios de cobertura de dicho certificado hoy sólo los reciben el 18% de las personas con discapacidad. También hay que señalar que la seguridad social es muy restringida, la famosa pensión graciable es muy limitada, sobre todo para personas que no tienen vivienda propia. Este tema es muy grave. Por otra parte, la educación presenta una cantidad concreta de falencias, se ha desarrollado muy poco la educación inclusiva, como también se ha desarrollado muy poco la verdadera educación laboral, nos encontramos con un sistema de talleres protegidos que tienen la tremenda dificultad de formar laboralmente sólo para la pavada, sin permitir realmente ejercer una actividad remunerativa, sino siendo un lugar de descanso para los padres. – ¿Son similares los factores que dificultan el acceso al trabajo o la rehabilitación y los que impiden que se brinde una capacitación adecuada en los talleres protegidos? – No sé si son los mismos factores, pero sí que influye la carencia clara de políticas públicas específicas al tema. Por ejemplo, yo tengo el mejor de los conceptos de las personas que trabajan en la unidad especial para personas con discapacidad y grupos vulnerables del Ministerio de Trabajo, creo que hacen una tarea magnífica pero carente de impacto social. Este es un problema del Ministerio del Gobierno Nacional en su conjunto. Si por ejemplo la Fundación Par, que se dedica a temas de trabajo, logra treinta colocaciones laborales en un año, es para felicitarlos, han hecho un trabajo magnífico; pero si soy miembro del Ministerio de Trabajo y en un año logro cincuenta colocaciones laborales es un desastre. Y no porque no sea bueno que haya cincuenta colocaciones, sino porque no tiene impacto social. Para que esto suceda tiene que haber una preocupación específica del Ministro de Trabajo por este tema, y si no la hay, la acción que puedan producir los miembros de este área especial es estéril, por la falta de comprensión del conjunto ministerial. – ¿Tienen solución política estos problemas? – Todos estos problemas son solucionables. Están las normativas necesarias para solucionarlos, como también están las convenciones internacionales que nos alientan, como ser la Convención Interamericana y la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. También tenemos funcionarios públicos que alientan políticas públicas significativas. Pero claro, conforman una minoría. El resto de los funcionarios públicos con dos problemas serios: el primer problema es lo que llamo la “ignorancia ilustrada”, el creer que saben cuando en realidad no saben un bledo; esto es la peor forma de la ignorancia. Y el segundo problema es el prejuicio y el mito de creer que en realidad no se pueden resolver las necesidades de las personas con discapacidad, como también el mito de que las personas con discapacidad nacen y no se hacen. No se dan cuenta de que es la sociedad la que convierte a las personas en personas con discapacidad. Ya que es menor el porcentaje de personas que nacen con discapacidad con respecto a las personas que portan una discapacidad producto de un accidente de tránsito, laboral o enfermedades. – … o por el transcurso de la edad. – Sí. Este es otro tema importante. En las charlas que doy siempre digo al auditorio que tengo dos noticias para compartir, una buena y una mala. La noticia buena es que la esperanza de vida se extendió de manera tal que la mayoría de las personas de la audiencia pueden vivir hasta los noventa años. La noticia mala es que entre los ochenta y los noventa años, el 60% de dichas personas tendrán una o varias discapacidades. Con lo cual todos vamos a llegar a ser personas con discapacidad. La discapacidad no es una maldición que recibimos algunos sino que es algo que va a alcanzar a todas las personas en la medida que tengamos una vida larga y fecunda. Todo este panorama está muy relacionado a la escasa participación política de las personas con discapacidad. Sumado a ello, las personas con discapacidad que sí tienen participación política, en general no se consideran a sí mismas personas con discapacidad. En este momento tenemos dos importantísimas figuras, una Subjefa de Gobierno y un Vicepresidente con discapacidad, pero que no se consideran a sí mismos personas con discapacidad. Me parece que de sus actitudes surge la imagen de personas tan inteligentes y dotadas que eso mismo los hace no ser parte del colectivo. Y esto no sucede así en otros países. Por ejemplo, el Vicepresidente de Ecuador, un hombre en silla de ruedas que padeció terribles dolores durante varios años y que logró vencerlos con terapia del humor, de la cual hoy es especialista, forma parte del colectivo de personas con discapacidad de su país. Sin embargo en nuestro país los máximos y significativos dirigentes con discapacidad no asumen plenamente su condición para asumir también la causa del colectivo. – ¿Y cómo fue este proceso en su propia vida? – Yo tengo una artritis reumatoidea, con unos cuarenta años de evolución. Durante diez de estos años no tuve ningún problema visible de discapacidad. Pero en los últimos treinta años se acentuó mucho la deformación de una pierna y como consecuencia de ello tengo que usar una órtesis que me ayuda a caminar mejor y hace evidente mi discapacidad. Sin embargo yo me comprendo una persona con discapacidad hace exactamente veinte años. Sucedió en una reunión con la presidenta y el consejo de mujeres israelitas y donde soy invitado a dar una conferencia en un congreso sobre discapacidad. Se trataba de una mesa redonda con dos destacados miembros del colectivo y expertos significativos, el por entonces presidente de la Biblioteca Braille y el creador de la CONADIS. Entonces yo les digo -¡Pero caramba! Ustedes ya han puesto allí a dos personas especialistas en el tema, ¿por qué me invitan a mi?-. Entonces veo que las mujeres se ponen muy coloradas y allí me doy cuenta de que me eligieron como persona con discapacidad. Pero pasaron catorce años más, y en una reunión con Carlos Ferreres de CTA, donde yo le comentaba de mi trabajo y mis preocupaciones en derechos humanos y los derechos de las personas con discapacidad, él me dijo: “No basta que una persona se reconozca como persona con discapacidad si no se convierte también en un militante por los derechos de las personas con discapacidad”. Y desde entonces empezamos a trabajar y actuar. Hoy hemos conseguido estar entre las autoridades del programa “Universidad y Discapacidad”, tenemos una Comisión Interuniversitaria de Discapacidad y Derechos Humanos y estamos empezando a trabajar despacito en un proyecto de Red Interamericana de Discapacidad y Universidad. Esto comprende a unas cincuenta o sesenta universidades latinoamericanas y de los Estados Unidos y Canadá que puedan reunirse para definir juntas políticas de discapacidad. – A propósito de su larga trayectoria en Derechos Humanos, recientemente el diario La Nación publicó una entrevista con Gabriela Michetti, donde la Vicejefa de Gobierno porteño manifestó en relación a los objetivos de su gestión que establecería acciones por los derechos humanos de las personas con discapacidad para lograr así desmonopolizar la temática, aludiendo posiblemente a las víctimas de la dictadura militar. ¿Cuál es su parecer al respecto? – Es un absurdo. Si los derechos de las personas con discapacidad no son derechos humanos, exactamente igual que los derechos de las víctimas de desaparición forzada, simplemente no existen. Forman parte de lo mismo. Me extraña de Gabriela Michetti porque ha manifestado muchas veces antecedentes de militancia en Humanismo y Liberación junto a Carlos Aullero y Augusto Conte, y ese pensamiento reduccionista es totalmente incompatible con lo que fue el pensamiento de ambos. Los derechos humanos son uno solo, podemos poner el énfasis en determinadas problemáticas como lo son las personas con discapacidad, en la niñez o en los pueblos originales, pero esto no significa que el énfasis represente negar que el problema más grave que ha tenido la Argentina en los últimos años ha sido la de-saparición forzada de personas. La memoria y la lucha contra la impunidad forman parte de un concepto unitivo junto con la lucha por los derechos humanos, separarlos es ser cómplice del silencio, y esto es grave. – ¿Cuáles son a su criterio los factores necesarios para que una conciencia de respeto por los derechos y las necesidades de las personas con discapacidad encarne en nuestra sociedad? – Son varias cosas. Las campañas son un factor importante, pero por sobre todo es un trabajo sostenido y continuo por lograr un cambio de actitudes, como la eliminación de barreras culturales y que las personas dejen de tener miedo por mostrar a sus hijos con discapacidad. Por ejemplo, me ha pasado estar con mi esposa viajando en colectivo y ponernos a jugar con un bebé con discapacidad mental y que la mamá tome al bebé en actitud de “¿qué te metés a jugar con mi hijo?”. Y cuando uno demuestra que tiene una buena voluntad hacia él, la mamá cede, se ablanda. Pero hasta que la gente no sienta que no tiene que esconder a su hijo con discapacidad va a ser muy difícil impulsar un cambio. Si eliminamos las barreras culturales y físicas eliminamos los problemas. Si del 1 al 10 yo tengo una discapacidad en grado 10 y la sociedad donde vivo no presenta ningún tipo de barreras, es decir 0 barreras, mi discapacidad es igual a 0. Pero si por el contrario, tengo discapacidad en grado 1 y las barreras son 10, yo tengo una discapacidad en grado 10. Es la interacción entre discapacidad y barreras lo que determina las situaciones de marginación y discriminación. Luis Eduardo Martínez martinez_luiseduardo@

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