Dios de Todos y de cada uno

Del Dios nuestro (nacional, tribal, europeo, occidental) al Dios de todos los pueblos y culturas

ACTITUD PREVIA: UN CORAZÓN PURO Y UNA MENTE ABIERTA
El título asignado me evoca el lamento que escucho con frecuencia en el Continente africano. “Los misioneros hicieron tabla rasa de nuestras tradiciones religiosas” Creo que los misioneros de hace siglo y medio sentían y amaban al Dios Padre de todos y no obstante en su nombre destruyeron, juzgándolos como ídolos, las expresotes religiosas de los pueblos que evangelizaban, algo que hoy nos cuesta aceptar. El mundo actual intercultural, globalizado, post-vaticano no acepta aquellas actitudes excluyentes. La fe es deudora de la cultura que la vehicula y hace 150 años nuestros misioneros no disponían de las ciencias antropológicas cuyo nacimiento es posterior, por lo tanto no estaban educados para fijarse en la realidad de los valores culturales distintos a los suyos, ni para ahondar en las raíces de los ritos que percibían ajenos a la propia cultura religiosa. No podían sospechar lo que más tarde dirá J.P.II “La fe si no se incultura es difícil expresarla fuera de la cultura vigente” 1.
Para interpretar el pasado sin condenarlo, vivir un presente de modo gozoso y sano y permanecer abiertos hacia un futuro siempre nuevo que continuará revelándonos a un Dios siempre mayor, me acojo a una expresión de R. Pannikar. “El diálogo intercultural requiere tener un corazón puro y una mente abierta”2. A partir de este presupuesto intento esbozar algunas re-flexiones en torno al tema encomendado. Pero ¿cómo hablar de Dios a quien nadie ha visto? Al intentarlo temo decir de Él más de lo que Él mismo se nos ha dado a conocer. Para evitar caer en esa idolatría, intento escuchar a Jesús que lo ha revelado.

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