Dios a la medida, religiones para todos los gustos

Los seres humanos estamos rodeados de religión y en gran medida hemos sido moldeados por ella. Así uno nunca haya puesto pie en un templo o así uno ni siquiera haya sido bautizado o iniciado en culto alguno, es cierto que

Dios, o mejor, la obra de sus seguidores, está en todas partes. Hay colegios y universidades religiosos, Estados teocráticos, constituciones nacionales y billetes con la palabra «Dios» escrita en alguna parte, expresiones de uso común como «ojalá» en español -hermana de la árabe «inshallah» que quiere decir «si Dios quiere»-, amén de una lista enorme de accidentes geográficos, municipios y hasta países que llevan en su nombre alguna referencia religiosa. Incluso cuando un ritual se hace sin enmarcarse en credo alguno (como una boda en una notaría o un funeral), las formas que emplea para ser llevado a cabo son la versión laica de un procedimiento religioso.

Marilyn Manson critica al cristianismo con canciones escritas por medio de un sistema musical inventado por un monje católico, Guido de Arezzo, que en el siglo décimo desarrolló la escala musical que conocemos hoy. Cada vez que un músico toca la nota si, está recordando, sin quererlo, a San Juan (Sancte Ioannes), tal como lo dispuso Arezzo.

Las dos religiones con más seguidores del mundo, el cristianismo y el islam, comparten su origen con una de las más pequeñas, el judaísmo. Pero eso no les ha impedido enfrascarse en toda clase de atrocidades mutuas. Los cristianos medievales emprendieron las Cruzadas mientras que algunos fanáticos islámicos modernos han recurrido al terrorismo, en nombre de Dios, para castigar o expulsar a los que no piensen como ellos.

Los judíos, que tanto han sufrido a lo largo de los siglos, a veces parecen olvidar lo que han pasado y por medio del Estado de Israel han maltratado al pueblo palestino con métodos que se parecen en mucho a los usados en los guetos europeos por sus grandes enemigos, los nazis. Los curas pederastas hacen caso omiso de las palabras de San Pablo en la primera carta a los corintios: «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?».

Incluso los jerarcas budistas del Tíbet, cuando este país era independiente, llevaban una vida cómoda mientras predicaban al pueblo empobrecido que el sufrimiento aparece como causa del deseo.

Las religiones no son buenas ni malas por ser religiones, sino porque son humanas.Un religioso de cualquier denominación puede ser tentado de la misma manera que un banquero corrupto, como el obispo Gaitán Mahecha con su Caja Vocacional en los años ochenta, pero también puede dar la vida por algo noble y desinteresado, como lo hizo san Maximiliano Kolbe, un fraile franciscano prisionero en un campo de concentración nazi que se ofreció a morir de inanición como reemplazo de un judío al que sus carceleros querían enviar al mismo suplicio.

Las religiones o, para ser más claros, los religiosos, son un reflejo del espíritu humano, el que nos dio la convivencia pacífica de judíos, cristianos y musulmanes en la España medieval (con todos sus avances artísticos y científicos), pero también el mismo que aún nos tiene metidos en un conflicto casi irresoluble en el Oriente Medio. La religión ha intentado ser explicada desde un punto de vista psicoanalítico, y Freud la presentaba como un oponente de los deseos y las pulsiones del individuo; también desde el político, como lo hizo Marx, cuya frase sobre «el opio del pueblo» suele ser sacada de contexto.

Lo que dijo Marx, literalmente, fue: «La inquietud religiosa es al mismo tiempo la expresión del sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es la queja de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas desalmado. Es el opio del pueblo».

Quizá podamos vivir sin religión, pero es imposible sustraerse a sus efectos. Y a pesar de que alguien no profese ningún credo, resulta también inevitable desarrollar ciertos rituales. Algunos van al templo, otros al fútbol y otros, religiosamente, ven las telenovelas. Y todos, de uno u otro modo, acabamos rindiendo culto a algo o a alguien.

DATOS CURIOSOS

– El judaísmo permite la conversión y acepta a personas de diferentes orígenes étnicos. Esta conversión suele estar precedida por uno o dos años de estudio.

– Se considera judío por origen a toda persona nacida de una madre judía.

– Un judío que siga al pie de la letra la Torá, debe tener en cuenta que tiene que cumplir 613 preceptos.

– Para los hindúes, el helado constituye una buena ofrenda para los dioses porque la leche es un producto animal que puede obtenerse sin matarlo.

– Los mormones no toman té ni café porque altera el cuerpo.

– Las mujeres amish nunca se cortan el pelo. Para los budistas, en cambio, raparse la cabeza es su modo de decir que aceptan vivir de manera simple.

– La esvástica (que en sánscrito significa «buena suerte») aparece en el arte gráfico de diferentes religiones. Es empleada incluso en el suelo de la sinagoga de Ein Gedi, junto al Mar Muerto, construida en el siglo tercero. Por supuesto, no tiene ninguna relación con el uso que los nazis le dieron a este diseño diecisiete siglos después.
– La cruz invertida ha sido popularizada como un elemento satánico. Sin embargo, también es un símbolo profundamente católico: tiene exactamente la misma forma y posición de la cruz de San Pedro. La tradición sostiene que, por humildad, San Pedro pidió a los romanos ser crucificado al revés, pues no era digno ni siquiera de morir del mismo modo que lo hizo Cristo. Esta cruz está en la silla papal.

– Por su enorme aporte a la música religiosa, a Bach se le puso el apodo de «el quinto evangelista».

– Se calcula que en el siglo octavo la iglesia católica era dueña de un 20% de las tierras de Europa occidental.

– El Corán hace referencia a la pureza de la Virgen María. Dice, literalmente: «¡María! Dios te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo.»

– Los cristianos sostienen que el arcángel Gabriel le anunció a María que sería madre de Jesús. Para los musulmanes, fue Gabriel quien le reveló el Corán a Mahoma.

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