Determinada presión sistólica tras ictus explica recurrencias

Tan perjudicial resulta una presión arterial sistólica excesiva como demasiado baja en los pacientes que han sufrido un ictus isquémico. Es la principal conclusión de un estudio prospectivo cuyos datos se han hecho públicos en Orlando, en la reunión de la AHA, y en JAMA.

Redacción | 16/11/2011 00:00

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En los pacientes que sufren un ictus isquémico, los niveles de presión arterial sistólica que no superan los 120 mm Hg o bien que son mayores de 140 mm Hg se asocian con un aumento del riesgo de un nuevo ictus, según un estudio que se ha presentado en la Reunión Anual de la Asociación Americana del Corazón (AHA), en Orlando, y que también se publica hoy en la revista The Journal of American Medical Association (JAMA).

Bruce Ovbiagele, de la Universidad de California en San Diego, ha evaluado la asociación de la presión sistólica mantenida en un rango demasiado bajo o demasiado alto con la aparición de síntomas clínicos en pacientes que han sufrido un ictus isquémico.

El trabajo, un análisis observacional, incluyó a 20.330 pacientes de más de 50 años que habían tenido un ictus isquémico y a los que se siguió durante 2,5 años. Los enfermos se clasificaron atendiendo al nivel de su presión sistólica: muy bajo (menos de 120 mm Hg), bajo (de 120 a 130 mm Hg), alto normal (130 a 140 mm Hg), alto (140 a 150 mm Hg) y muy alto (15o mm Hg o más).

El ictus se produjo en un mayor porcentaje dentro del grupo de presión sistólica muy alta (14,1 por ciento), seguido del grupo de la presión alta (8,7 por ciento), de la presión muy baja (8 por ciento), baja (7,2 por ciento) y alta normal (6,8 por ciento). Los índices de mortalidad por cualquier causa y de muerte debida a enfermedad vascular fueron superiores en el grupo con la presión sistólica muy baja y en el de presión muy alta.

Estar pendientes
Al comparar a los pacientes con los incluidos en el grupo de presión alta normal, el riesgo de ictus resultó significativamente mayor en los del grupo de presión baja, en el de la presión alta y en el de muy alta.

Los autores del estudio destacan que estos resultados indican que los clínicos deben estar pendientes de los niveles concretos de presión sistólica de los pacientes que han sufrido un ictus isquémico no cardioembólico y vigilar que son normales, a fin de evitar recurrencias o eventos cardiovasculares. Además, los científicos consideran que, a la luz de los datos obtenidos, se anime a mantener la presión arterial sistólica por debajo de 140 mm Hg y de 90 en el caso de la diastólica.

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