Desprecio por la torre de marfil

HONGOS

Con un crecimiento anémico del empleo en el mundo y jóvenes con formación académica que tienen dificultades para iniciar sus carreras, algunos empiezan a preguntarse si vale la pena. Se refieren a toda esa educación.

En lugar de completar una carrera de cuatro años, una cantidad cada vez más numerosa de estadounidenses jóvenes recurre a grupos como UnCollege, que promociona un enfoque hágalo-usted-mismo con respecto a la educación, o aprovechan el gran número de cursos abiertos online conocidos como MOOCS, que descargan clases de las universidades de elite.

Y como lo hicieron algunos de los empresarios más famosos y ricos del mundo ­Mark Zuckerberg, Steve Jobs, Michael Dell, Bill Gates­ abandonan el estudio después de aproximadamente un año.

«Aquí en Silicon Valley es casi una medalla de honor», dijo Mick Hagen, de 28 años, a The Times. Hagen dejó la Universidad de Princeton en Nueva Jersey en 2006 y se mudó a San Francisco, donde creó Undrip, una aplicación móvil. Ahora está reclutando trabajadores e insiste en que quienes abandonan la universidad son librepensadores y amantes del riesgo.

«La universidad impone una serie de limitaciones y restricciones en cuanto a lo que se puede y no se puede hacer», dijo Hagen a The Times. «Algunos, quieren moverse con más libertad, salir a crear más, hacer más».

Si bien los estudios muestran que los egresados universitarios ganan más que quienes no tienen título, y que son muy escasas las probabilidades de ser rico escribiendo una aplicación popular para iPhone, resulta imposible disuadir a los verdaderos creyentes.

«La educación no está en una carrera de cuatro años», dijo a The Times Benjamin Goering, que dejó la Universidad de Kansas hace dos años y se trasladó a San Francisco para trabajar como ingeniero de software. «Es una mentalidad».

El mayor problema con la educación superior, escribió Kevin Carey en The Times, es que no hay estándares significativos con respecto a la calidad académica. Carey describe la forma en que los atletas universitarios ­de los cuales, los mejores dejan de estudiar después de una temporada para llevar adelante carreras profesionales- pueden ganar tres créditos por cursos de 10 días que ofrecen escuelas especiales para seguir cumpliendo con los requisitos académicos necesarios. Él responsabiliza de esta laguna jurídica, que es legal, al anticuado sistema estadounidense nacido después de la Segunda Guerra Mundial que mide el avance de un estudiante por horas de crédito ­para la graduación se necesitan generalmente 120 horas de crédito­ y sirve muy poco para evaluar el aprendizaje de un alumno. Un estudio publicado el año pasado, escribió Carey «constató que muchos estudiantes en las universidades tradicionales no mostraron ningún progreso en pensamiento crítico, razonamiento complejo y escritura, y se dedicaron a hacer sociales, trabajar o perder tiempo en vez de estudiar».

Entretanto, en Florida, el gobernador Rick Scott y legisladores republicanos están exhortando a 12 universidades del estado de Florida a capacitar a los alumnos en áreas donde hay empleos, como ingeniería, ciencia, salud y tecnología, informó The Times. Las carreras liberales, como historia, filosofía y letras, ya no tienen tanta demanda.

Florida también propone disminuir la cantidad que debería pagar un alumno por un título en ingeniería o biotecnología.

De todos modos, hay quienes están muy contentos con sus carreras liberales, pese a desarrollar una profesión fuera de su área.

Calvin Kyrkostas, de 25 años, se graduó en historia en el Oberlin College de Ohio, y ahora trabaja en una granja en el extremo este de Long Island. Se metió en la agricultura después de trabajar en una granja en Missouri un verano durante la universidad y se sintió orgulloso del logro que significó para él ver ­y comer­ los frutos de su labor después de jornadas de 15 horas de trabajo. Y no debemos olvidar el tractor.

«Soy un chico de campo, o sea que fue genial poder subirme a un John Deere», dijo Kyrkostas a The Times. «Conducir un tractor es el sueño de todos los chicos».

«Nadie se dedica a la agricultura por el dinero», agregó. «Se hace por amor a la tarea.»

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