Desiderio Davel y la vacunación antirrábica

Las circunstancias que rodean a la introducción de la vacuna contra la rabia en nuestro país señalan que, cuando hay voluntad política se pueden allanar fácilmente todas las dificultades.
A lo largo de nuestra historia se ha demostrado que siempre hay médicos o científicos dispuestos a trabajar en condiciones de riesgo y escasa remuneración, mientras que el poder político no ha mostrado igual inteligencia y continuidad en la gestión referida a los temas de salud que afectan a la población. La historia de cómo se implementó la vacunación antirrábica en la Argentina en 1886, a tan sólo un año de su primera aplicación en Francia puede ser vista desde nuestra realidad, por lo menos, con asombro y admiración. El 4 de septiembre de 1886 el doctor Desiderio Fernando Davel (1857-1943) inocula por primera vez en Buenos Aires la vacuna antirrábica a dos hermanitos, provenientes de Montevideo, mordidos por un perro. Han transcurrido tan solo 14 meses desde que Louis Pasteur aplicara por primera vez, su exitoso método de vacunación en París. Nuestro país se convierte así, en el segundo del mundo en utilizar esta vacuna prototipo que, aunque al presente se la considera “sucia”, no exenta de complicaciones, en su momento salvó muchas vidas. La celeridad con que ocurrieron los hechos se nos presenta hoy, casi como una misión imposible, que no hubiera cristalizado de no existir una conjunción de voluntades: la de un ministro plenipotenciario, José C. Paz, que captó la importancia del hecho científico, la de un médico joven, Desiderio Davel, dispuesto a llevar a cabo el desafío y la de un científico, Louis Pasteur, que brindó desinteresadamente su arte y el virus de rabia modificado biológicamente, base de la prepa

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