Desde los umbrales del mundo hasta los confines de la tierra

Desde los umbrales del mundo hasta los confines de la tierra

Neydú Sáenz Sotomonte (*)

Todos los hombres nos hemos equivocado creyéndonos que tenemos sobre los otros la razón.

Iniciamos el viaje por la vida, no cuándo nacemos si no cuando nos preparamos para el viaje que no tiene retorno, ni turno de descanso. Sin este entendimiento, vivimos como si no viviéramos por creer que estamos en tiempo de ensayo, donde el presente es lo único que respiramos en nuestras decisiones.

Nos deshacemos recordando un pasado que no podemos ya cambiar, nos afanamos por un futuro que no sabemos si llegará y, pre-ocupados en ambos, dejamos de disfrutar el tiempo actual que, para convertirnos en mejores personas, no es permitido avivar.

Sobre el pasado y sobre el futuro, que no nos pertenecen, nos erguimos como regentes del gobierno de un desconocido dios que, “mentirosamente”, nos está imposibilitando a vivir la plenitud del Único Dios que todo lo llena en todo y que nos está convocando a su unidad Eterna.

Nos hacemos dueños de nuestro propio sistema de conectarnos espiritualmente con quién nos creó porque, sin darnos cuenta, nos hacemos accionistas de la empresa que nos intima espiritualmente y nos alejamos del mandamiento que no concluye, dado por Él, que nos llamó a ser en su Esencia.

Y, separados del mandamiento, excluimos su obra, convirtiéndonos en hombres sin misión, porque la que llevamos a cabo es la gestión contraria del sublime ideal de reunir a todos los hombres bajo un mismo estandarte y de hacerlos, sin distingo de grupos étnicos, credos o naciones, delfines reales del mismo reino de Amor.

Él que está sobre todo pensamiento, porque tiene el pensamiento más alto, por Ser Él mismo la Reflexión, mira com-pasión a todos los hombres, porque no saben distinguir su mano derecha de su izquierda.

Si los salvos, fueran los de oriente, todos tendríamos que haber nacido en oriente, si fueran los de occidente, habríamos de ser todos de allí, si fueran los de América, ninguno podría ser de otro lugar… de donde sea que esté la Salvación, tiene que estar al alcance de todos los hombres, porque Él que es Único, no hace candidatura de personas, sino que se hace garantía por todos los hombres desde los umbrales del mundo hasta los confines de la tierra.

El que ordena al norte que dé y al sur que no se detenga, hará que los límites de la tierra le envíen sus hijos, porque, su misericordia de eternidad, es sobre todos los hombres que le tienen un temor reverente. Para todos ellos, lavados en la Verdad de su Palabra, sus rebeliones se abandonaron inmemorialmente, porque fueron olvidadas por el que todo recuerda.

La iniquidad tendrá su ostentación, para desfavorecer a los hombres, pero no será antes que la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo, sea UNO con sus inseparables, porque la imitación no es antes que el Único Insuperable.

Y es por eso que, en poco, los profetas no lo serán más, los idiomas que nos han dividido caerán y la ciencia, descubriéndose inexplicable, se sellará, porque se hará evidente, para todos los hombres, la unidad que es, en la belleza, inigualable del Amor de única medida que ha sido comunicado por medio de todo lo creado para todos los hombres.

¿De donde, entonces, nos hemos hecho mayores jueces que la misma Justicia?

Por lo que a mí respecta, pido perdón al mundo, por hasta aquí haberme envanecido creyendo que mi verdad era la mayor.

Nadie tiene la Verdad, porque ella es imposible de ser contenida por hombre alguno.

Aquí, el único grande es Dios que es Verdad para todos los hombres.

A Él sea la Gloria, la Honra y el Honor y a su Perfecta Verdad atesorada misterio dentro de su Palabra.

(*) Neydú Sáenz Sotomonte

Ingeniera Alimentaria – Escritora – Poetiza

Reverenda Pastora de la Iglesia Evangélica Interamericana de Colombia

www.neydusaenz.com

Buenos Aires – Argentina, verano 2012

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