– ¿Descomponer el CO2 en vez de secuestrarlo?

La descomposición del dióxido de carbono (CO2) en carbono y oxígeno es factible, pero existe una dificultad: exige aportación de energía. Si tal energía procediera de hidrocarburos, que son los más importantes productores de gases «invernadero», la termodinámica nos dice que el resultado neto sería mayor abundancia de CO2 que la inicial.
Consideremos la propuesta como una reacción química: CO2 más energía produce carbono y oxígeno. En esencia, esta fórmula corresponde a la inversión de la combustión del carbón (carbono + oxígeno = CO2 más energía). Si la energía procedente del carbón se aplicase a la reacción de descomposición, se liberaría más CO2 del que se consumiría, porque ningún proceso tiene una eficiencia perfecta.
Otra opción consistiría en recurrir a una fuente de energía sin carbono para inducir una reacción que no solamente invirtiese el proceso de combustión, sino que utilizase además el dióxido de carbono como ingrediente para generar productos útiles, energéticamente ricos. En los Laboratorios Nacionales Sandia se está trabajando en la aplicación de luz solar concentrada para inducir descomposiciones térmicas a elevada temperatura, que producen monóxido de carbono, hidrógeno y oxígeno a partir de CO2 y agua. El monóxido de carbono y el hidrógeno constituyen piezas químicas básicas, útiles en la producción de combustibles sintéticos. Llamamos a este proceso «de sol a petróleo».

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