Deprimida o «quemada»

A veces pasa: esa amiga, esa compañera de envidiable energía y dedicación a una tarea estresante, de repente, se viene abajo. Su incansable afán se convierte en agotamiento inexorable, dificultad para conciliar el sueño, estado de ánimo decaído y sentimiento de ineficacia. Puede que los síntomas se parezcan a los de la depresión, sin embargo, investigaciones recientes sugieren que este desfallecimiento, hoy conocido por «síndrome de desgaste profesional», se diferencia de la depresión de modos sutiles.
Aunque la sintomatología del trabajador «quemado» no está reconocida como trastorno psiquiátrico diferenciado, sí parece provocar un perfil característico de alteraciones del funcionamiento neurológico, según concluyen las investigaciones de la psicóloga Agneta Sandström, de la Universidad Umeå. Sandström comparó a mujeres «quemadas», es decir, con síndrome de desgaste profesional, con otras afectadas de depresión grave. Apreció numerosas diferencias sutiles entre uno y otro grupo de voluntarias. Aunque en ambos casos aparecían dificultades para dormir, las participantes deprimidas informaban que se despertaban demasiado pronto, mientras que las que sufrían síndrome de desgaste profesional crónico tenían problemas para conciliar el sueño.
A continuación, Sandström pidió a tres grupos de mujeres (sanas, deprimidas y «quemadas») que se sometieran a una prueba de memoria de trabajo (memoria a corto plazo). A las participantes de los dos últimos grupos (deprimidas y «quemadas») les costaba más concentrarse y recordar detalles sencillos que a las mujeres sanas. Pese a dicha similitud, las mujeres con síndrome de desgaste profesional exhibían durante las pruebas de memoria una actividad cerebral menor que las participantes deprimidas, según se comprobó mediante resonancia magnética funcional.
Con el tiempo, señala Sandström, pueden irse acumulando pequeños eventos cotidianos estresantes hasta provocar un agotamiento crónico. Si las personas supiéramos afrontar mejor tales presiones, en apariencia banales, podríamos reducir el riesgo de desarrollar el síndrome de marras. «Cierto grado de estrés no es malo, pero es necesario hallar tiempo para descansar durante el día», comenta. Al igual que los músculos, el cerebro se fatiga. La investigadora añade: «Hemos de reconsiderar cuánto es capaz de soportar el cerebro en un día de trabajo normal».

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