Del estilo al compromiso social

HONGOS

Alan Pauls, en “Mi vida como hombre”, asistiendo a un taller en el que se reúnen tíos para reconstruirse emocionalmente tras haber perdido mujer, hijos y profesión por tratar de seguir siendo hombres, está poniendo el foco sobre los nuevos hombres que rechazan seguir encarnando el viejo modelo masculino hegemónico. Josefina Licitra en “Escrito en el cuerpo”, narra la historia de su cara, de sus malformaciones y cicatrices, y hablando de su particularidad física nos habla del respeto por la diferencia. Carolina Aguirre hace una feroz crítica a la cultura ligth  en “Espejito espejito”, el testimonio inteligente, lleno de humor y lucidez de una persona con sobrepeso que se somete a una operación de vientre y grita al mundo su verdad silenciada. Alma Guillermoprieto en “La Habana en el espejo” escribiendo sobre su fracaso como bailarina en Cuba también escribe sobre otros fracasos, por ejemplo, los nada sutiles de la revolución cubana, de los cambios y de lo que nunca cambia. Philipe Lopate describe minuciosamente cada parte de su cuerpo en “Retrato de mi cuerpo”, un compendio sarcástico también de sus renuncias como hombre y de su descreimiento. Edmundo Paz Soldán en “Suicidas”, escribe sobre los altos índices de suicidio en el campus universitario donde trabaja y sobre su propia tentación. Alberto Fuguet en “Missing”, una crónica sobre su tío perdido y la investigación que emprende para encontrarlo, cuenta en realidad la historia de esos migrantes en EEUU que no existen, que nunca serán americanos y tampoco volverán a sus países, el otro lado del sueño americano. Emmanuel Carrere, en “Vidas ajenas”, escribe sobre la pérdida que sufren los otros, una pareja que pierde una hija, por un lado, y unos niños que pierden a su madre.

 

Ayer Julián Gorodischer señalaba ciertas vertientes novedosas de la crónica y sus puntos de encuentro con otras muchas manifestaciones de la cultura contemporánea. Comparto esas mismas preocupaciones. Comentaba él que en los medios masivos existen actualmente espacios para las crónicas personales, esas que se mueven en la frontera de lo público y lo privado. Hay demanda de este tipo de historias también en las revistas tradicionales de crónicas (Soho, Etiqueta Negra, Malpensante) que acogen crónicas testimoniales, experimentos de inmersión, ensayos personales o crónicas donde la memoria tiene un papel central. Y si hay demanda en los medios es porque los lectores también quieren leer estas historias. Martín Caparrós ha dicho reiteradas veces en este encuentro que cuando un cronista empieza a hablar más de sí mismo que de la historia, deja de ser un cronista. Discrepo. Creo que es peligroso seguir viendo a estas crónicas como elementos ajenos e infiltrados, cuando es un hecho que compartimos medios y lectores. Pasamos horas de horas tratando de delimitarnos, de estrechar los márgenes del género. ¿No sería más aburrida la crónica si expulsáramos del club a los que a veces les da por hablar “de sí mismos”? Yo creo que todos los autores que he mencionado, grandes escritores y cronistas, nunca hablan solo de sí mismos. Si lo hacen bien, en realidad hablan sobre nosotros, sobre todos. Y si conectan con la gente es porque estos autores se muestran, se exponen, y al hacerlo, los lectores ven reflejadas en esas experiencias sus propias vidas. A mí me gustaría que en lugar de discutir tanto sobre los límites del género y las recetas de cocina de la crónica, creáramos también espacios donde de vez en cuando se consideren temas de reflexión y análisis las historias que hablan en primera persona, las obras de autores que han hecho de sí mismos la materia de su obra. Me gustaría escuchar lo que tienen que decir María Moreno, Pedro Lemebel o cualquiera de los ya mencionados sobre el proceso de producción de sus crónicas. Penetrar en los asuntos que nos son más familiares e íntimos es un ejercicio complejo y riesgoso, pero estoy convencida de que perseguimos lo mismo que los cronistas que hablan de lo que está allá afuera, y creo que podríamos llamarlo “verdad”, un sentido profundo de lo humano y una experiencia personal que se descubra sorprendentemente universal.

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