DECIDIR CÓMO CRIAR A LOS HIJOS

Aunque existen muchas ideas e informaciones con respecto a la crianza ¿cómo saber qué es lo óptimo?
Una vez que el bebé llega al mundo, la familia, los amigos, las revistas, los gurús de la paternidad e incluso la señora de la tienda tienen su opinión al respecto. Es normal sentirse confundidos y sin saber qué hacer cuando se presentan situaciones nuevas con los hijos. Los padres nos sentimos influenciados por otros, pero también por nuestras propias experiencias de la infancia. Lo más importante es que como pareja seamos capaces de decidir juntos y compartir los valores individuales y la comprensión y conocimientos que vamos a enseñar a nuestros hijos.Debemos asegurarnos de valorar las opiniones e ideas de nuestras parejas.

Las investigaciones demuestran que cuando los papás se involucran más en la crianza de sus hijos existen mayores beneficios para todos. A menudo los padres se sienten mejor cuando son valorados en su nuevo papel de paternidad y las madres se relacionan mejor con sus parejas cuando ellas se sienten apoyadas. Cuando esto sucede los hijos consiguen lo mejor tanto de papá como de mamá.
Recuerde a su propia familia en relación a lo siguiente:

-¿De dónde provienen las presiones?
-¿Cómo escoger todas aquellas ideas que nos llevarán a saber lo que es óptimo para nuestra familia?
-¿Existen formas en las que un padre puede sentirse más involucrado con sus hijos?
– Como madre ¿existe una manera de ser más comprensiva y apreciar más a su pareja?

Ahora bien ¿cuántas veces hemos escuchado esas famosas frases, posiblemente bien intencionadas pero que causan más de una preocupación? Aquella pronunciada por la madre política o la propia: «No debes tomar en brazos al bebé cada vez que llora» o la del suegro o el vecino: «Es difícil pero deben decidir juntos como pareja lo que es mejor para su bebé». Y otra famosa que sale de boca de la prima, la vecina o la amiga de la infancia: «¿Todavía no ha aprendido a pararse? Mi hijo lo hacía a los 5 meses».

En esas situaciones, no hay padres novatos que no quisieran que los familiares y los amigos desaparezcan por un tiempo hasta que ellos puedan afirmarse en su nueva tarea y no sentirse ni culpables ni atormentados porque les están repitiendo de diversas formas que ellos no saben cómo ser buenos progenitores.

En la actualidad se habla muchísimo de los deberes que tenemos como padres y eso como es natural nos lleva muchas veces a preguntarnos: ¿cuáles son los derechos que como padres también deberíamos tener? En los años recientes la dinámica de la familia ha experimentado grandes cambios y las relaciones de los padres con sus hijos también enfrentan modificaciones profundas. Ahora más que nunca se habla de la necesidad y del deseo de saber cómo convertirse en buenos padres y madres dentro de un mundo diverso y complicado y, claro, esto desata no pocas tensiones emocionales en el hogar. Es cierto que para la gran mayoría de padres los hijos ocupan el lugar de preferencia en el hogar pero, a veces, se exagera esto hasta tal punto que la felicidad de los hijos condiciona la de sus progenitores. Sin embargo, si nos atenemos al hecho de que dentro de las relaciones humanas se tienen tanto derechos como deberes, es posible que veamos con mayor claridad que, a menudo, en el mundo actual los derechos parecería que están por encima de los deberes.
Los especialistas en este tema han determinado algunos de los derechos vitales como el de equivocarse, como todo ser humano, en especial cuando de los padres se trata. La verdad es que la falibilidad (es decir la capacidad de errar) no desaparece cuando nos convertimos en padres y el costo de crecer como un ser humano está dado por esa posibilidad de equivocarse.

Otro de los derechos de los padres es poder disfrutar la relación con sus hijos. Debemos reivindicar permanentemente el gozo que significa una relación padres-hijos, un modelo que busca la autorrealización de todos los miembros de una familia. Debemos estar dispuestos a disfrutar todo el tiempo de nuestros hijos, gozar con su compañía y sentirnos dichosos con su felicidad. Como dice el poeta Rumberck: «La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar sino una manera de viajar».

Pero, además, los padres tenemos derecho a establecer nuestra autoridad en el hogar y poner las reglas que se deben seguir dentro del mismo, una guía básica muy necesaria para que la familia vaya por un sendero que permita a todos una convivencia feliz, al educar a través del diálogo y la reflexión y tener la capacidad de manifestar con firmeza, pero al mismo tiempo con cariño los desacuerdos cuando fuera del caso.

Los padres tienen además derecho a satisfacer sus propias necesidades y alcanzar sus metas sin sacrificarse por los hijos pero tampoco sacrificándoles a ellos. Como bien lo anotara el famoso psicólogo y filósofo Erich Fromm, «ser capaz de prestarse atención a uno mismo es un requisito previo para tener la capacidad de dar atención a los demás; el sentirse a gusto con uno mismo es la condición necesaria para relacionarse con los otros». Sin duda alguna todos los padres tienen derecho a tener sus ideales, gustos y aspiraciones, teniendo siempre presente que si ellos se encaminan hacia una realización personal deseada, constituirán el mejor modelo y el más adecuado catalizador para la realización de sus hijos.

Hay otros derechos dentro de los hogares que son igualmente vitales aunque parezcan muy sencillos: derecho a tomar vacaciones y dejar por un momento su tarea de padres.

Actividades sencillas como ir a una cena, al teatro o a pasar el fin de semana juntos como pareja dejando a los niños con los abuelos, por ejemplo, es algo bueno que revitaliza la unión paternal y crea condiciones favorables para ejercer de mejor manera ese maravilloso arte de ser buenos padres.

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