De tiendas y almacenes a supermercados

En las primeras décadas del siglo XX, se produjeron cambios paulatinos en los sistemas de comercialización en las grandes ciudades y también en los pueblos del Interior del país: el clásico comerciante-tendero fue reemplazado por almacenes de ramos genera
Los métodos distributivos en el período 1875-1914, y a nivel mundial, sufrieron una transformación comparable a la experimentada en la actividad industrial. La producción y distribución masiva conformaron un tandem inseparable desde entonces. La creación de la cultura capitalista de consumo, a la que algunos autores califican de revolucionaria, retroalimentó este proceso, motivada por una serie de cambios demográficos, productivos, tecnológicos, y culturales. Nuevas esferas de distribución se erigieron afectando las técnicas de venta y las formas de organización de la actividad minorista. La aparición de marcas, la publicidad y el precio fijo fueron manifestaciones elocuentes de dichos cambios. Este proceso se inició en los Estados Unidos y en los países de Europa occidental, pero se replicó pronto en otras naciones. En la Argentina, y junto a los clásicos tenderos y almaceneros, desde fines del siglo XIX, surgieron grandes tiendas a la usanza de las americanas o europeas que ofrecieron al público consumidor distintos bienes con precios atractivos y nuevas técnicas de exposición y venta. Dichos cambios se objetivaron especialmente en la ciudad de Buenos Aires por la enorme concentración de población y la creciente capacidad adquisitiva del mercado porteño. Se registró así, y en los segmentos más dinámicos, un ocaso de los clásicos tenderos y almaceneros como referentes exclusivos de las ventas al menudeo. Este rasgo se observó no sólo en la estandarización de la tienda fija -aunque ello no implicó la desaparición de vendedores ambulantes, en especial en el interior del país- sino también mediante la aparición de organizaciones de distribución en gran escala como los primeros grandes almacenes o tiendas por departamento, los negocios en cadena y las casas de venta por correo, las que muchas veces eran una combinación de ambos modelos. Una materialización concreta de las nuevas tendencias fue el surgimiento de casas de ventas minoristas muy innovadoras -en especial por sus métodos de venta y crédito- para la época, tales como Gath & Chaves. Esta empresa fue de origen nacional hasta 1912 que fue adquirida por capitales británicos. Desde sus orígenes, Gath & Chaves buscó imitar el modelo de las tiendas francesas más importantes ofreciendo artículos de lujo y se convirtió en la más grande de su género en Argentina. Sus grandes edificios, fuertes campañas publicitarias y su producción directa, la colocaron en posición de liderar algunos rubros. En la década de 1920, Gath & Chaves abrió sucursales en Rosario, Paraná, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Mercedes y La Plata. Otra gran casa como “A la ciudad de Londres” se expandió hacia Córdoba. En Rosario se organizó “Tiendas La Favorita”, que también instaló sucursales en Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Paraná, San Nicolás, Mendoza, San Juan, Río Cuarto y Santiago del Estero. En otras áreas del interior del país también surgieron casas que imitaban a las grandes tiendas de la ciudad de Buenos Aires. Este proceso implicó, en no pocos casos, la adaptación al perfil del público y a las específicas demandas del interior, como luego veremos. Estas innovaciones no lograron desplazar abruptamente, durante las tres primeras décadas del siglo XX, al clásico comerciante-tendero. Se registró así una transición pausada y menos abrupta en términos comparativos que lo sucedido en otros países. Esta conclusión se apoya además en el rechazo a aplicar una mirada evolutiva para el estudio de los sistemas de comercialización. Generalmente los mismos han sido estudiados sólo privilegiando lo nuevo, lo innovador, mientras que una mirada más atenta y puntual sobre estos cambios descarta la aplicación de un modelo lineal en la transformación de las unidades minoristas.

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