De cómo la bondad puede volverse viral

¿La bondad es contagiosa? De ser así, ¿podría generalizarse? Uno de los elementos que más circuló en la Web el año pasado fue la foto que sacó un turista de un policía de la ciudad de Nueva York que daba un par de botas en Times Square a un hombre descalzo que parecía vivir en la calle.

El oficial, Lawrence DePrimo, encontró al hombre sentado en el suelo y sin zapatos. Era una noche fría. DePrimo le preguntó cuánto calzaba, tras lo cual se dirigió a un negocio cercano. Volvió con un par de botas, se arrodilló junto al hombre y se lo dio. El hombre se puso las botas y se alejó.

El departamento de policía subió la foto a su página de Facebook. Desde ese día, informó el New York Times, la foto se ha visto millones de veces y se ha proclamado un héroe al oficial DePrimo en los diarios, la televisión y todo lugar donde exista una conexión a Internet. Levantó el ánimo.

¿Pero el mundo era ahora un lugar mejor? Si bien no hay forma de saber si todo el que vio el acto de DePrimo fue un poco más amable ese día, algunos experimentos recientes lo sugieren.

Los resultados que se publicaron en el Journal of Experimental Social Psychology indicaron que es más probable que quienes presencian un acto de compasión ­como una persona que reconforta a otra- den, a su vez, mayores muestras de compasión hacia otros inmediatamente después.

«Por lo que parece», escribió uno de los investigadores en el New York Times, «el Dalai Lama está en lo cierto: la experiencia de la compasión hacia una persona influye en la forma en que actuamos en relación con otras».

Tal vez haga falta un ejemplo cada tanto, o que nos identifiquemos con los necesitados, para que nos sintamos impulsados a la compasión.

En otro estudio reciente, los investigadores comprobaron que personas que analizaban donar fondos a una organización de lucha contra el hambre donaron el doble de dinero cuando se les mostró la imagen de una víctima específica ­una niña de siete años- que cuando se les dijo que la entidad benéfica trabaja para mitigar el hambre de millones de personas.

Por supuesto, hace años que se sostiene que la compasión es una característica evolutiva y que es evidente en algunos animales.

«La compasión humana, como todas las respuestas sociales muy evolucionadas, no siempre es útil», escribió Benedict Carey en el New York Times. «Para ser útil en un contexto de verdadero sufrimiento, paradójicamente podría ser necesario anular los impulsos empáticos».

Mencionó relatos en los que se sostenía que los miembros de los equipos de rescate de Hiroshima después del ataque nuclear sólo podían hacer su trabajo si obviaban la compasión. «La acción de verdad suele exigir un corazón duro y frío».

Una prueba de ello podría ser que a principios de diciembre, el hombre que recibió el par de botas, Jeffrey Hillman, volvió a estar descalzo en la calle. «Los zapatos están escondidos. Valen mucho dinero», declaró al New York Times. «Podrían matarme».

Hay quienes rechazan las explicaciones científicas sobre la compasión humana.

«La gente puede realizar actos extraordinarios de altruismo, comprendidos actos de bondad con otras especies, o puede no ser altruista en absoluto, ni siquiera con sus propios hijos», escribió Richard Polt en el New York Times.

«Saber cómo evolucionaron mis sentimientos egoístas y altruistas no contribuye en lo más mínimo a que decida».

Al leer sobre la buena obra del oficial DePrimo, un lector del New York Times escribió: «Lo que conmueve es el efecto multiplicador de la reacción a esa noticia. Demuestra que, en lo más profundo de nuestro ser, todos queremos hacer el bien y respetar a los demás».

No explicó por qué. Tal vez no importe el motivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *