DE CAMINOS Y CAMINANTES

Caminando por las callecitas del barrio, en  la amable compañia de una pipa encendida con buen tabaco Latakia, bajo un cielo nocturno seminublado, recorde los relatos ancestrales referentes a los caminantes y sus caminos…
La vida nos presenta a menudo diversos caminos, ante los cuales podemos y debemos ejercer nuestro curioso y paradojico poder de eleccion…
Ningún destino es mejor que otro, pero cada uno debe acatar el propio, decía Borges mientras Machado agregaba que no hay camino y que solo se hace camino al andar…
Pero, ¿qué camino es el que no hay, y debe hacerse?… El propio, no el objetivo (aquél que siempre estuvo y ya fue recorrido), sino el propio camino, que entraña un sentido y un destino personales…
Caminar es recorrer con pasos propios e irrepetibles aquella senda que antaño hollaran nuestros antepasados, cada uno a su manera; de ese modo, el recorrido personal nos encadena (en-cadenar: estar dentro de una cadena, formando parte de ella), nos hace parte activa de una antigua estirpe de caminantes, aquellos que buscaron y buscan la Verdad …
Destino y sentido, son aspectos inseparables de todo camino y, aunque el camino sea el de siempre, solo podemos hacerlo propio si lo recorremos personalmente, paso a paso…
De ese modo, le damos sentido, dirección, al camino que otros antes que nosotros recorrieron… Porque, mientras no camine, acatando mi propio destino, no habrá verdaderamente ningún camino para mí…
Caminantes somos, aunque lo hayamos olvidado…
Pero, para caminar es necesario andar ligeros de equipaje, como dijera Machado mismo, con la sola carga que uno pueda llevar y que sea estrictamente necesaria para el camino…
Y es que, en medio de la vorágine del mundo globalizado y tecnologizado, hemos confundido deseos con necesidades, llenando la mochila de la vida con objetos, recuerdos, nostalgias, circunstancias, lugares, memorias, emociones…
En suma, el desapego es imprescindible para caminar, con sentido hacia el propio destino…
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Caminar es una actividad propiamente humana…
Los animales (todos los seres animados) se mueven, caminan, avanzan, pero siempre es con alguna finalidad definida (cazar, luchar, huir, etc.), de lo contrario, se quedan quietos, economizando energías; los planetas y las estrellas se mueven, hasta donde sabemos, mecánicamente, de acuerdo a leyes y principios matematicos precisos…
Solo nosotros caminamos porque sí, por el mero placer de hacerlo, sin objetivo definido (o con el solo objetivo de caminar)…
Caminar es, para nosotros, como un resabio de antiguas épocas, ya idas, en que fuimos nómades (y solo nos detenía la noche, en que nos reuníamos en torno al fuego, para comer lo que se hubiera conseguido e intercambiar información acerca del camino)…
¿En torno de qué fuegos nos reunimos en nuestros días, y qué información intercambiamos acerca de qué caminos?…
¿Quienes son nuestros sabios baqueanos, hoy en día?…
Caminar sin porqué ni para qué (en rigor de verdad, eso no es cierto, ya que lo hacemos porque nos place y para disfrutar de ello), nos permite abrir los ojos, serenamente, y ver…
Al caminar, podemos ver y oír los detalles que el paisaje (incluso en la ciudad, que tiene su propio paisaje), nos ofrece…
Podemos entonces percibir nuestra propia unidad, serenamente, sentirnos uno con el cosmos, uno con nosotros mismos y uno con Dios (que en suma, Todo es Uno, como se dice en Ellam Onru)…
Caminar puede ser un instrumento placentero para acceder al aquietamiento…
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Es mi deseo, en esta tibia noche de invierno, y en este rincón del mundo, compartir con ustedes, mis compañeros de viaje, algo del tradicional amor de caminante y unos textos amables para aligerar el paso en el camino…
Espero que sean para ustedes tan gratos como lo son para mí y que el camino de la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad…
Porque el camino compartido es menos arduo…
Les envío a todos y cada uno, un gran abrazo fraterno

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