Daniel Rivera y el regreso de Martha Argerich

A raíz de un conflicto gremial-directivo en el Teatro Colón en 2005 que no se pudo, no se supo o no se quiso resolver a tiempo y adecuadamente, el último Festival Martha Argerich/Punto de Encuentro Buenos Aires debió abandonar por completo ese escenario y tuvo que reprogramar sus presentaciones en otras salas porteñas de menor capacidad y calidad acústica. Transcurría la 5ª y última edición de aquella riquísima serie de presentaciones musicales —algunas de ellas con decenas y hasta cientos de intérpretes—, clases magistrales y otros actos afines, amadrinados e impulsados todos por la genial artista, como venía y siguió haciéndolo en sedes de Japón, Taiwán, Suiza, Italia, Alemania y Bélgica, donde reside.

Era septiembre de aquel año. Fuera del papelón a la vez local e internacional, nuestro país perdió desde entonces el privilegio de recibir y apreciar el Festival Argerich y no volvió a escuchar en sus salas a la máxima pianista de todos los tiempos nacida aquí. Hasta queDaniel Rivera, colega y amigo de Argerich radicado en Italia desde 1973, consiguió que volviese a tocar en Argentina: concretamente en el teatro El Círculo de Rosario, ciudad natal de Rivera. Ñ habló con él en su camarín.

Entre los diversos temas abordados allí, el pianista se refirió a cómo surgió su amistad con Martha y a la paciente incubación que llevó el proceso de tocar juntos por primera vez en Argentina (ver video). Su relación de camaradería fue clave para la vuelta de ella al país, e influyó también el interés de difundir el Martha Argerich Project Presents (MAPp) creado para apoyar la carrera de jóvenes músicos en distintos sitios del planeta y del cual Rivera es embajador, al igual que Gabriele Baldocci, Enrico Fagone y Lyda Chen Argerich, quienes fueron parte de la movida con diversas presentaciones posteriores en Rosario y Buenos Aires.

—¿Cómo definieron el repertorio que iban a interpretar con Martha, Daniel?

—Dos de las obras ya las habíamos hecho. Una es la Sonata en Re Mayor KV 381 de Mozart para cuatro manos. La otra es Les preludes, el poema sinfónico para dos pianos de Franz Liszt, que fue la que tocamos en 2010 en el Festival Argerich de Lugano, en Suiza, y que luego fue grabada por la EMI en su álbum anual del festival. El resto son obras que Martha ha tocado varias o muchas veces con otros pianistas como Evgueny Kissin, Lilya Zilberstein, Nelson Freire. Lo curioso es que de estas obras, cuando yo las hacía antes, tocaba la otra parte. En algunas tocaba el piano 1. Para este concierto tuve que estudiar el piano 2. Es decir que cambié completamente la manera de abordar esas obras. Bueno, ahora conozco las dos partes. Es una cosa de importancia y me da placer conocerlas así. Pero me ha llevado un buen trabajo.

Esas otras piezas del programa fueron las Variaciones sobre un tema de Haydn Op. 56b de Johannes Brahms, el Concertino en La menor Op. 94 de Dmitri Shostakovich, la Suite Nº 2 Op. 17 de Serguei Rachmaninoff y la Suite Scaramouche de Darius Milhaud, todas para dos pianos. Un día después se agregarían a ellos el bandoneonista también rosarino Néstor Marconi —con temas propios, de Luis Bacalov y de Astor Piazzolla, en un homenaje a este último— y los restantes embajadores del MAPp, en una tangada memorable.

—Esperé muchos años para lograrlo —agrega Rivera— pero llegué a alcanzar un estado casi no-real, de ansia y de emoción. Compartir la música con Martha es algo que no tiene límites. Estoy muy orgulloso de cumplir mi sueño. Y me siento orgulloso de haberla traído yo.

Martha Argerich está ahora de nuevo en Europa. Tal vez cambie en algún momento su decisión de nunca más volver a tocar en Buenos Aires. Si así fuera habría que pensar en que no quiere seguir prolongando su separación en vivo del público que seguro más la quiere en el mundo, el de su ciudad de origen, y que no está de acuerdo en que precisamente esa audiencia tan especial pague el pato de la boda. De allí a olvidar el imprudente y costoso desaire que se le hizo años atrás, más la catarata de inconvenientes, postergaciones y devolución de entradas que eso trajo, hay un trecho enorme, lógico, justificado. ¿A alguien en su sano juicio puede ocurrírsele hoy que sea ella quien tome alguna vez la iniciativa de reparar el vínculo con Buenos Aires que tan torpe e injustamente se hirió de gravedad hace ya más de siete años? ¿El orgullo de quién impide ver esa realidad de perjuicio serio para los porteños que aman la música clásica, para el país que se acerca y el mundo que los compadece?

De momento, más allá de concretar un anhelado sueño propio, Daniel Rivera ha logrado que uno de los principales teatros argentinos nuevamente sirva de caja de resonancia para el talento incomparable de esta pianista venerada en el mundo entero, con quien ejecutó un repertorio colmado de bellezas que volvió a escucharse días después en el teatro Tres de Febrero de Paraná con la participación adicional de Graciela Reca. Eso puede tomarse o no como una oportunidad con miras a reintegrar a su escenario y a su público más genuino a esta artista superlativa. Para que así sea hacen falta una sensibilidad y un sentido común que durante el desencadenamiento del conflicto en 2005 flaquearon estrepitosamente. Estamos a las puertas de 2013. Argerich será inmortal. Pero no es eterna.

 

Rivera básico

Pianista. Rosario, 1952

En 1973 obtiene el Premio Vincenzo Scaramuzza organizado por el Fondo Nacional de las Artes y el Mozarteum Argentino, que le permite trasladarse a Florencia, Italia, donde se diploma con mención de honor en el Conservatorio Luigi Cherubini. Se perfecciona en Florencia con Alessandro Specchi y con Ludwig Hoffman en Munich, Alemania. Entre otros, gana el primer premio en los concursos Rina Sala Gallo (Monza, 1974), Ettore Pozzoli (Milán, 1975) y Cata Monti (Trieste, 1977).

Colabora desde hace unos años en el prestigioso MAPp, creado por su compatriota y amiga Martha Argerich, con quien toca a menudo y lleva a cabo grabaciones. Se ha presentado en muchos de los principales teatros del mundo. Es profesor titular de la cátedra principal de piano en el Istituto di Alta Formazione Artistica e Musicale Pietro Mascagni de Livorno, Italia.

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